La europeización de España

La excepción española se ha desvanecido

Escolta aquí l'article de Carme Colomina

EXCESOS. El escenario político español se ha europeizado en la forma, y en lo peor del contenido. Más fractura en el arco parlamentario y más polarización retórica, simplificación de los mensajes y utilización de bots y movilizaciones simbólicas a golpe de Twitter. La excepción española se ha desvanecido. Se confirma la irrupción de la extrema derecha de Vox —con los rápidos cálculos mentales que ya realizan desde Italia, Matteo Salvini, o desde Polonia, Jaroslaw Kaczynski, imaginando un frente de derecha radical con capacidad de bloqueo en el próximo Parlamento Europeo. El populismo xenófobo exporta argumentario, ofrece alianzas y aspira a reorganizarse para transformar la Unión Europea. Es la europeización de la retórica más radical, de levantamiento de muros y blindaje de fronteras, la apelación a las cuestiones identitarias, las guerras culturales y el tradicionalismo, o la agresividad contra el debate de género. El dominio del ruido virtual en las redes sociales, la provocación de lo políticamente incorrecto y Matteo Salvini deseando suerte “de todo corazón” por Twitter a Santiago Abascal la víspera de las elecciones. Escenificación transnacional de las fuerzas de nuestro pueblo primero.

ADVERTENCIAS. España también se europeíza por la llegada de las coaliciones. Era el último de los grandes estados de la Unión que nunca había tenido un gobierno de coalición en los últimos 40 años. Pedro Sánchez no podrá gobernar en solitario. Europa se hizo a golpe de consensos que hoy en día están cuestionados. La política española deberá replantearse su idea de los pactos y cuestionar la política que se construye desde la imposición de ganadores sobre perdedores.

Pero las elecciones generales españolas también pueden marcar un camino para las europeas de finales de mayo. La destrucción de la cultura política tiene unos límites. Pablo Casado los ha podido probar. Es el aviso para todos los que se puedan sentir tentados a apostar por un acercamiento a la extrema derecha.

El presidente del Partido Popular Europeo, el francés Joseph Daul, pedía este fin de semana que ningún miembro de la familia democristiana pacte con formaciones populistas y de extrema derecha. “Es necesaria una reflexión, porque no podemos disolver la extrema derecha dentro de la derecha clásica”, advertía Daul cuando le preguntaban por el acuerdo PP-Vox en una entrevista en el diario Le Monde. La radicalización de la derecha —con la Hungría de Viktor Orbán tensando la estropeada cohesión interna del PPE— deberá enfrentarse en las urnas con toda una amalgama cada vez más heterogénea de populismo radical conservador. Nada está escrito.

MOVILIZACIÓN. La participación española se disparó este domingo, ya que buena parte del electorado sentía que el voto estaba abierto. La incertidumbre dejaba un margen para la sorpresa y para las ganas de querer influir. Para el miedo a determinados cambios o para la movilización en favor de otros. El futuro de la Unión Europea también está abierto. Las encuestas apuntan hacia este reforzamiento de la extrema derecha, que podría llegar al 30% de los escaños. Las mayorías en la Eurocámara pueden cambiar, sin embargo —con unos colores o con otros— seguirán siendo imprescindibles para aprobar la futura legislación europea—. Y este juego de nuevas mayorías está más abierto que nunca.

La movilización no tiene por qué venir solo de la derecha. Si el electorado cree que su voto puede servir para algo, participará.

Por eso, lo peor de estas elecciones españolas con tanta evocación de la nueva realidad europea es, precisamente, la vergonzosa ausencia de la política y los debates comunitarios. La campaña de la bronca, los debates flexibles y los mensajes contundentes —sobre todo cuando se trata de Cataluña— han menospreciado el debate europeo cuando el futuro de la UE no se decide únicamente en las elecciones europeas, sino en las generales de cada uno de los estados miembros.

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