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La conspiración de los jueces

España combina grandes carencias con virtudes notables. De las carencias hay gran conciencia, de las virtudes no tanta

La actual crisis española permite observar que, a pesar de opiniones monocolores, España combina grandes carencias con virtudes notables. De las carencias creo que hay gran conciencia, de las virtudes no tanta.


Además, muchas virtudes se dan por supuestas, como tener paz social a pesar de un paro de más del 20%. Otros están mezcladas con carencias, como ya veremos. En Cataluña, además, pensamos que celebrar las virtudes españolas es, horror de los horrores, una forma de defender a España o justificar sus carencias.


En el juicio a Iñaki Urdangarin podemos examinar muchas de las carencias españolas y a la vez comprobar una de sus virtudes, una virtud bastante inesperada. Vemos cómo un personaje vacío era tomado por respetable porque era alto, apuesto y buen deportista. No aportaba ningún valor añadido, pero tenía poder porque estaba casado con una infanta.

En España muchas virtudes se dan por supuestas, como tener paz social a pesar de un paro de más del 20%


Ahora, a la vez que presenciamos este pozo de corrupción, estamos presenciando la lenta y desordenada efectividad de la justicia española: el duque y la infanta están siendo juzgados. Todo a pesar de los pesares. Su actividad ha sido investigada exhaustivamente, los testigos interrogados y su defensa estudiada.No son los únicos a los que la justicia está persiguiendo.


La justicia ha detenido a dirigentes del PP como Bárcenas, Rato, Rus, Granados, Fabra, Matas, Gutiérrez y alcaldes por toda España. Ha golpeado a la corrupción del PP en la calle Génova, en Madrid, Valencia, León y las Baleares, sólo por poner algunos ejemplos.


En Andalucía la justicia ha provocado la dimisión de dos presidentes del PSOE y ha desarticulado la masiva y fraudulenta trama de los ERE.


En Cataluña ha imputado al expresidente Pujol, su mujer y 5 de sus hijos; ha detenido al tesorero de CDC y ha provocado la dimisión del anterior secretario general. En Sabadell ha permitido saber que un alcalde del PSC había colocado una tribu de hermanos, mujeres, amantes, hijos y exmujeres. En la Seu d’Urgell la justicia ha detenido a un ex consejero de Gobernación Presidencia de ERC por contrabando de tabaco en una operación que evocaba las tramas de la teleserie Curro Jiménez.

Ya no hay dinero para todos y los amigos ya no ganan tantas elecciones. Con ello el número de corruptos dispuestos a cantar ha crecido


La lista continúa: Unió Mallorquina; la UGT; Gerardo Díaz Ferrán, entonces presidente de la CEOE; SGAE; Innova; Palau de la Música; Isabel Pantoja; Vitaldent, y un largo etcétera.


Es un hecho que la justicia está aireando el sistema político español. También que no es posible saber cuántos casos de corrupción quedan sin investigar o que la exasperante lentitud de la justicia española es en sí misma una injusticia. Además, el poder judicial está politizado. Los partidos políticos se reparten los órganos judiciales, una carta más del gran juego de póquer que son las instituciones. Las limitaciones del sistema son muchas, pero su efectividad está resultando ser una sorpresa mayúscula para mí.


Es una virtud nueva: en España nunca ha habido tal número de investigaciones anticorrupción, y no es lógico suponer que esto es fruto de más corrupción. La España de los 20, 60 o 80 no era menos corrupta que la de los 2000.


¿Qué ha provocado que este poder fáctico se despierte? Yo creo que estamos ante una conspiración de algunos hombres buenos, o más exactamente de una anticonspiració de jueces y fiscales: un entendimiento secreto con el objetivo de mantener el poder establecido. Este despertar sólo me lo explico si algunos jueces y fiscales se han conjurado. Los indicios son múltiples. Los jueces ya no se prodigan por los medios; el Tribunal Constitucional redacta las sentencias con finezza y las vota por unanimidad. De repente el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo ya no se critican públicamente. Se respeta la separación de poderes con mayor contundencia: el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña pide "que nadie acuda a los tribunales para encontrar soluciones al debate social abierto en Cataluña".


A esta conspiración del bien también le ayuda la crisis económica. Al caer la economía de forma tan repentina y estallar la burbuja inmobiliaria, el número de corruptos que han quedado sin cobertura ha crecido enormemente. Ya no hay dinero para todos y los amigos ya no ganan tantas elecciones. Con ello el número de corruptos dispuestos a cantar ha crecido. Recordemos que los procesos contra entramados mafiosos requieren la confesión de pentiti, arrepentidos. Cuando un mafioso pacta con fiscalía y canta, empiezan a cantar otros y así se genera una cadena de denuncias que permite el trabajo de los jueces y fiscales. Lo podemos ver en la mayoría de casos investigados.


En general siempre había pensado que explicar fenómenos impactantes con el recurso de aducir una conspiración era paranoia, pero como el mismo Karl Popper escribió: "Hay conspiraciones". Ahora bien, avisó que "hay que admitir [...] que los conspiradores raramente consuman la conspiración" ( La sociedad abierta y sus enemigos). En fin, si en este caso sí hay conspiradores, deseo a estos hombres buenos perseverancia y acierto.

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