Tribuna Oberta

Pandemia y autismo

Convivir con un niño con autismo en tiempo de coronavirus

"Ponte bien la mascarilla, Josep". Él se la recoloca con cuidado sobre la nariz. Me mira y noto que me sonríe. Lo intuyo por el gesto que hacen sus ojos cerrándose brevemente. Ha aceptado este ritual sin muchas quejas. Ni le gusta, ni lo entiende, pero sabe que esto es lo que espero de él y quiere complacerme.

Tampoco entiende que antes de entrar en la escuela haya que recibir el disparo invisible del termómetro, lavarse las manos con un gel pegajoso y rociarse la suela sucia de los zapatos. Antes no hacía falta... ¿Antes de qué?, debe de pensar... Ya tiene 13 años. La experiencia le dice que las cosas que no lo incomodan mucho es mejor hacerlas sin discutir. De este modo los equilibrios se mantienen y los que lo rodeamos no nos ponemos nerviosos y, sobre todo, lo dejamos en paz.

Quizás hay alguien que piense que tener un trastorno autista hace más sencillo vivir en tiempos de pandemia, por eso de la distancia social y el tópico de que son personas a las que les gusta estar solas, pero yo que conozco bien a mi hijo os puedo decir que no es así, que tampoco en este caso su condición es una ventaja. Pensemos en las rutinas. Para él son muy importantes, pero no en el sentido que la gente cree. Josep no necesita hacer siempre lo mismo, de hecho, es una persona muy curiosa. Le gustan las novedades y ese cosquilleo que sentimos en el estómago cuando nos enfrentamos a algo atractivamente desconocido. Aun así, lo que le produce una angustia enorme son los pequeños cambios en rutinas que conoce y que le gustan.

“Es sencillo: observa a tu hijo”

Su mundo se hunde si la secuencia de acontecimientos no sucede exactamente como él espera. Disfruta anticipando dentro de su cabeza el orden en el que acontecerán las cosas y una alteración en este orden hace tambalear el frágil equilibrio en el cual vive. Por eso, la nueva normalidad lo desestabiliza más que la anormalidad de los tiempos más duros de la pandemia, cuando tuvimos que sustituir nuestras rutinas por otras completamente nuevas. Haber recuperado nuestras actividades de antes, pero con limitaciones, es más duro para él que no poderlas hacer en absoluto. El hecho de poder ir a la escuela, pero no a la piscina, o ir pero eliminar la cena posterior con los abuelos... ¡Qué alboroto para Josep!

Pensemos en ello y admirémoslo. Admirem a todas esas personas que no pueden entender lo que pasa y que se tienen que adaptar a las nuevas circunstancias a pelo, sin poder racionalizar la situación. ¿Nos hemos parado a pensar lo suficiente en ellas? Hacerlo, aunque solo sea durante los escasos 2 minutos que se tarda en leer este artículo, también es incluirlas.

Gemma Vilanova es autora del libro '1 fill inesperat i 1 sofà. La vida amb en #josepvalent' (Símbol Editors)

El + vist

El + comentat