Javier Cámara: "Soy un chico Gay de principio a fin, de pies a cabeza y de izquierda a derecha"

El actor protagoniza 'Sentimental', la nueva comedia de Cesc Gay, que llega finalmente a los cines

Javier Cámara / MARC ROVIRA

En la escuela de arte dramático, una profesora le dijo a Javier Cámara (Albelda de Iregua, la Rioja, 1967) que no haría carrera en el cine ni en la televisión porque tenía los ojos pequeños y ya se estaba quedando calvo. La pitonisa no afinaba mucho la puntería: Cámara es uno de los intérpretes con más trabajo del cine y la televisión y uno de los más queridos por el público. El de Sentimental, que se estrena finalmente este lunes, es uno de sus personajes más ásperos: un profesor de música frustrado en un matrimonio agonizante que el director Cesc Gay desnuda en una comedia que es un ejercicio de sexo oral y psicología de pareja.

Tu personaje en Sentimental es un hombre amargado y cruel con su mujer.

Sí, esto me gusta. En la obra teatral que vi en Madrid no lo era tanto. Me costó mucho conseguir esta distancia sardónica, es un humor que personalmente no me gusta porque haces daño a los otros y a ti mismo, pero es interesante de interpretar. Tienes ganas de darle una bofetada al tío, pero lo defiendo un poco: el hombre está herido, no sabe cómo enfrentarse al final del matrimonio y cómo llevar a esta mujer maravillosa con quien está casado. Lo ha hecho todo mal y es muy depresivo. Ha sido duro de interpretar.

¿Has odiado a alguno de tus personajes?

No, a ninguno. Me enamoro tanto de mis personajes que a veces me tienen que recordar que alguno es un hijo de puta. Pero nuestro trabajo es ponernos incluso en el lugar del personaje al que odiamos. Y yo no he hecho personajes muy oscuros. A mí me llaman siempre para dar calidez a los papeles, para aportar verdad y corazón. Tanto que a veces yo mismo tengo que decir, “Ey, que yo aquí no llego, falta personaje”.

Con  Sentimental superas a Eduard Fernández como actor que más veces ha trabajado con Cesc Gay. Igual que hay chicos y chicas Almodóvar, ¿podríamos decir que eres un chico Gay?

Totalmente [ríe]. Soy un chico Gay de principio a fin, de pies a cabeza y de izquierda a derecha. Me hace ilusión acompañar a Cesc. Estamos tan bien que no estaré en su próxima película y no me da envidia ni nada. Yo me alegro mucho cuando los amigos tienen éxito. En este mundo el éxito es de todos pero el fracaso también. El cine está en un momento muy frágil y es fantástico que una película de Santiago Segura haga 15 millones de euros.

Los personajes que has hecho con Cesc Gay forman un cierto relato sobre la fragilidad y las emociones masculinas.

Es cierto que desde la inocencia de Ficción hasta el sarcasmo de Sentimental hay un recorrido. Y tocamos muchos temas: la amistad, la muerte, el amor... Y cuando seamos mayores  tocaremos otros conflictos como la familia, los hijos... Yo tengo la sensación de que el cine de Cesc me explica porque explica a mi generación. Y me pasa también con Isabel Coixet, David Trueba o Félix Sabroso. Además, son mis amigos.

¿Son posibles las amistad largas en el cine?

Sí, y se disfrutan mucho. En la familia del cine hay mucha gente a la que ves mucho una época y después nunca más, pero si los vuelves a reencontrar de vez en cuando se va cultivando una relación muy bonita con lo mejor de la amistad: periodos cortos de una de unión muy fuerte en los que lo das todo y, después, estás años sin verles las caras, que también es muy sano.

Tu personaje se escandaliza porque los vecinos hacen intercambios de pareja. Los hijos de los jóvenes del Mayo del 68 han acabado siendo más reprimidos que sus padres.

Lo hace porque ve que su mujer se está liberando, sobre todo al ver al bombero al que interpreta Alberto [San Juan], que es un tío guapísimo, sexi, divertido, que destroza la cama follando con su novia. Y esto él no lo puede soportar, prefiere lanzar a la mujer en brazos del bombero y decir cosas horribles, las cosas que dice uno cuando está herido y enfermo. Y le tiene que pasar de todo para que sea capaz de pedir perdón.

También es un hombre vitalmente frustrado. ¿Tú tienes alguna espina clavada?

No, yo de esto ya estoy curado. Pienso en mi padre, que tocaba el saxo y quería ser músico pero tuvo cuatro hijos muy joven y acabó siendo agricultor. Yo lo he llegado a entender con el tiempo, gracias a la terapia. Él arrastraba una frustración muy grande, pero yo no podría porque todo lo que me ha pasado ha sido muy bonito. La actuación me ha realizado como persona. Yo no soñé nunca que trabajaría con Almodóvar. No me imaginaba haciendo películas. Yo quería hacer comedias teatrales, girar por España, quizás salir a Europa, era lo máximo a que podía aspirar.

¿La interpretación era una excusa para irse del pueblo o un fin en sí misma?

Una escapatoria. Mi padre quería que yo fuera labrador pero yo no quería ni oír a hablar de eso. Cuando suspendí COU, el profesor de historia, que era el director del grupo de teatro de la escuela, me dijo que no repitiera COU, que yo no era buen estudiante y sería como tirar el año. Y me dijo que en la escuela de arte dramático de Madrid aceptaban a alumnos con 2º de BUP. Y una vez ahí me di cuenta de que esta profesión me gustaba de verdad. Por fin entendía lo que me explicaban en clase. Y fue entonces cuando decidí que trabajaría en el cine, de actor o del o que fuera, yo me habría conformado con llevar los cafés.

Ahora haces series con Paolo Sorrentino y Jude Law pero empezaste con Lina Morgan en Hostal Royal Manzanares.

¡Y con Andrés Pajares! Durante muchos años pensé que esa sería mi carrera, que no saldría de ese tipo de papeles. Pero después llegó Torrente y Siete vidas y pude hacer otras cosas. Los actores jóvenes queremos demostrar que podemos hacer de todo: de jóvenes, de viejos, de perros... Pero mientras puedas hacer un par de personajes todo irá bien, no pasa nada si uno es el gordito simpático y el otro el amigo del protagonista, ya mejorará la cosa con los años. Yo lo llevé bien porque tenía ambición pero no frustración, porque disfrutaba mucho y eso me salvó.

También se te ve disfrutar mucho en la serie Vamos Juan. No te debe de costar mucho encontrar la inspiración para interpretar a un político incompetente y mediocre.

Es que somos así, somos un país de cotillas y granujas. Mira los personajes del Siglo de Oro: pícaros y alcahuetes. Forma parte de nuestra idiosincrasia. Y Juan Carlos viene de esta escuela, es un personaje patético pero maravilloso para un actor. En las últimas décadas los malos malos nos han cautivado a todos, porque son muy atractivos y misteriosos, pero a mí me incordian porque nadie les pide explicaciones. El malo puede ser un psicópata y no tener ninguna motivación, simplemente mata. Pero a los otros personajes hay que llenarlos de verdad porque si no no te los crees. En cambio, estos malos... Espero que ya se haya acabado la época de los malos, es una pesadilla.

¿Te indignas menos con los políticos ahora que interpretas a uno?

A ver, todo el mundo tiene que hacer bien su trabajo. A mí me ha costado 30 años entender el mío pero hay políticos que llevan más tiempo y todavía no entienden que su trabajo es mirar por el bien de la gente, no pelearse e ir al Congreso a hacer el número. Al principio de la pandemia lo veías en sus caras, no tenían ni idea. Desde un punto de vista interpretativo era muy interesante, porque disimulaban, hacían ver que tenían el control, pero viéndolos te dabas cuenta de que no tenían ni idea de nada. Detrás de la apariencia todo estaba vacío. Entre eso y el nivel de relajación de la oposición, que venían a decir “Menos mal que no nos ha tocado a nosotros”, era para ponerte a temblar.

Tienes dos hijos que adoptaste con tu pareja. ¿Ha cambiado la manera en la que haces de padre como actor?

Me cuesta algo más dominar las emociones. Ya había hecho de padre antes, pero cuando lo he hecho después de tener hijos he notado un cambio. Me siento muy fuerte pero a la vez muy frágil. Es por eso que he rechazado un par de papeles muy duros que quizás habría hecho si no fuera padre. Además, no quiero irme de casa por cualquier cosa. Ellos son los espectadores más exigentes. Ahora bien, no han visto ninguna película mía. Solo tienen 3 años, no tienen ninguna necesidad de verme haciendo el imbécil [ríe].

Donde se podrá ver 'Sentimental'?

El cierre cultural de Catalunya pilló a  Sentimental cuando estaba a punto de estrenarse. En el resto del Estado ya la han podido ver, pero en Catalunya llegará a los cines este lunes aprovechando el comienzo de la desescalada. Las salas no abrirán inmediatamente, puesto que irán recuperando la actividad a lo largo de la semana. Los primeros cines que proyectarán la película serán, entre otros, Renoir Floridablanca y Verdi de Barcelona, el Filmax Gran Via de l'Hospitalet y la Alhambra de la Garriga, que reabren el lunes. El miércoles se incorporan los Cinemes Girona de Barcelona y las salas de la cadena Cinesa, que proyectará Sentimental en sus locales de Barcelona, Terrassa y Mataró. El grupo Balaña reabrirá el viernes 27 y estrenará Sentimental en los cines Balmes, Aribau, Arenas, Glòries y Gran Sarrià. En principio, la película se proyectará la semana que viene en 61 cines catalanes.

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