Música

Maria Rodés: "Si nos escapamos de la convención social nos castigan, sobre todo si somos mujeres"

La cantante y compositora reivindica la creatividad y libertad de las brujas en el disco 'Lilith'

El nuevo disco de Maria Rodés se estrenó en el Festival de Música Sacra de Madrid el año pasado pero sus canciones, en vez de invocar a la divinidad o los santos, recuerdan y reivindican a las brujas. Para empezar, la propia Lilith del título. "Es la primera mujer de Adán y renuncia al paraíso para ser independiente: a partir de entonces, su figura es estigmatizada –explica desde Madrid, ciudad donde vive desde hace cuatro años–. Si nos escapamos de la convención social nos castigan, sobre todo si somos mujeres. Yo misma habría podido ser vista como una bruja en otros momentos, porque llevo una vida nómada, no tengo pareja ni hijos y me dedico a la música". Esta lección es aplicable al Antiguo Testamento, pero su sombra se alarga muchos siglos: "He leído historias terribles sobre la Inquisición, en las que las víctimas eran a menudo las mujeres que se dedicaban a la música. Ellas eran sospechosas y no solían acabar bien". 

Las mujeres acusadas de brujería también sufrieron represión durante mucho tiempo, como han denunciado recientemente el ensayo de Silvia Federici Calibán y la bruja (Virus, 2018) y la novela de Irene Solà Canto yo y la montaña baila (Anagrama, 2019). "Cuando vuelvo a Catalunya voy a ver a mis padres en Cabrera de Mar, en el Maresme, y desde hace un tiempo subo al castillo de Burriac, donde se habían hecho aquelarres –dice–. Investigando me di cuenta de que Catalunya había sido uno de los primeros lugares de Europa donde empezó la caza de brujas".

Nocturnidad y brujería

El disco Lilith, publicado por Satélite K, incluye nueve canciones que transmiten una poderosa atmósfera nocturna y onírica. "Me doy cuenta de que estos últimos años me he dedicado a huir de la realidad, y busco qué hay a su alrededor –admite–. Escribí un libro de sueños, Duermevela [Alpha Decay, 2015], me interesé por la astronomía en mi disco anterior, Eclíptica [2018], inspirado por la figura de un tío bisabuelo, Lluís Rodés, y ahora me he fijado en las brujas y la magia para tratar de entender cuál es mi papel en la sociedad". La canción Seguramente fui yo es ilustrativa del proceso creativo de Maria Rodés. "Quería intentar reproducir la sonoridad de un aquelarre y, por lo que pude averiguar, la música que sonaba arrancaba del folclore local de cada zona, con muchas voces, percusión pequeña y también instrumentos de cuerda. Por eso Seguramente fui yo acaba siendo una jota pasada por mi filtro. El mundo de las brujas me ha acabado llevando al de la música de raíz", explica.

Mi oscuro canto es un silencio profundo, roto por la esperanza de verte un día asomar por mi ventana”, canta en otra de las canciones de Lilith. En La extraña recupera la figura de la curandera mexicana María Sabina: "Sus rituales chamánicos se hicieron muy famosos, y la iban a ver escritores como Aldous Huxley, músicos como los Beatles y artistas como Alejandro Jodorowsky. Ella les hacía hacer viajes a través de comer setas alucinógenas, sobre todo, y durante aquel rato les cantaba". Cada canción de Rodés contiene detalles suculentos, tanto en las letras como en la instrumentación fastuosa, donde además de varias guitarras suena un clarinete, el violonchelo, el fiscorno y percusiones múltiples. Con los pies desnudos recupera un poema de Alfonsina Storni, Recuerdos de Ypacaraí versiona un tema paraguayo muy popular –compuesto a finales de los años 40– y Les bruixes tornen, cantada en catalán, reclama la libertad de estas mujeres misteriosas que el folclore imagina con sombreros puntiagudos y subidas encima de escobas. "A las brujas se las ha castigado y silenciado desde hace mucho tiempo. Por eso cuando canto 'hacen lo que quieren' es un elogio a su libertad".

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