Muere el dibujante Quino, el padre de Mafalda

El dibujante argentino tenía 88 años y fue el autor latinoamericano más popular en todo el mundo

El humorista argentino Joaquín Salvador Lavado 'Quino', al lado de su personaje más universal, Mafalda / J.M.GARCIA / EFE

Joaquín Salvador Lavado Tejón era su nombre, pero solo necesitó dos sílabas para pasar a la historia: Quino, el dibujante latinoamericano más popular de la historia, ha muerto este miércoles a los 88 años, dejando atrás una obra esencial en la historia del cómic que también forma parte de la vida y la memoria sentimental de sus lectores. El mundo entero lo conoció por Mafalda, las tiras que publicó de 1964 a 1973 sobre una niña contestataria, sus amigos y su familia, una obra de un humanismo, ternura y humor afilado que trascendió la Argentina natal del dibujante y cautivó a varias generaciones de niños y adultos de todo el mundo.

Quino nació en la ciudad argentina de Mendoza, cerca de la cordillera de los Andes. Sus padres eran inmigrantes andaluces y republicanos de Mijas y, de pequeño, recordaba que en la escuela se reían de él porque hablaba en "andaluz". El dibujo llegó a su vida el día que su tío Joaquín, publicista, le dibujó un caballo. Desde ese momento, el niño no paró de dibujar en la mesa del comedor, con la condición de que antes de cada comida tenía que limpiar la mesa. De su tío le venía también el apodo, ya que lo llamaban Quino para distinguirlo de Joaquín.

La muerte precoz de sus padres -con 15 años ya era huérfano- lo empujó pronto a buscar trabajo como historietista en las revistas de humor que había leído desde pequeño. Después de muchas negativas y de una experiencia traumática en el servicio militar, la revista Esto es lo fichó en 1954 y ya no paró de trabajar.

Una niña especial

Mafalda nace dos veces: primero en 1963, cuando una agencia de publicidad encarga a Quino una tira para la marca de electrodomésticos Mansfield. Condición: debían aparecer electrodomésticos y los nombres de los personajes empezarían por eme. La agencia se la ofreció al diario Clarín, que se olió la estratagema y rechazó la tira. El personaje podría haber muerto antes de nacer, pero gracias al director del semanario Primera Plana, amigo de Quino, Mafalda llegó a los quioscos por primera vez el 29 de septiembre de 1964.

La protagonista de la tira es una niña especial, reflexiva y con un punto rebelde -Umberto Eco la definió como "una heroína iracunda"-, que ama la música de los Beatles y odia las injusticias en general y la sopa en particular. Cosas de la vida, a Quino le encantaba la sopa. Con un talante algo resabido, pone en evidencia las contradicciones de sus padres y de la sociedad argentina con una madurez impropia de su edad. A su alrededor, Quino construye un universo reducido de personajes: los padres de la niña y sus amigos Felipe, Susanita, Miguelito y Manolito -más adelante llegarían el hermanito Guille y una nueva y metafórica amiga, Libertad-, una galería infantil que resume las grandezas y miserias de la humanidad a la vez que retrata la sociedad argentina y reflexiona sobre la vida y las injusticias con una mezcla de ironía e ingenuidad.

Con Mafalda, Quino creó una obra tan abrumadora en su capacidad para conectar con el público que la primera recopilación en libro de las tiras, publicada en 1966, vendió 5.000 ejemplares en solo dos días. Y no es aventurado pensar que buena parte de las 292 Mafaldas que viven hoy en día en España se llaman así por culpa del cómic. Quino transmitió con la serie -traducida a más de 30 idiomas- un mensaje de crítica social, rebeldía y emancipación que la ha convertido en una de las grandes referencias del humor gráfico de todas las generaciones posteriores. Su discurso, además, no ha perdido vigencia con el paso de los años, como ponen de manifiesto chistes como aquel en el que la niña señala la porra de un policía y dice: "¿Veis? Este es el palito de abollar ideologías".

Exilio y vida después de Mafalda

Quino abandonó Mafalda para siempre en 1973, cansado de la rutina de dibujar siempre el mismo personaje, pero Mafalda no lo abandonó nunca y, aunque su producción posterior es enorme, su nombre quedaría para siempre ligado al personaje. No siempre de manera agradable: en 1976 los militares argentinos mataron a tres sacerdotes y tiraron sus cuerpos bajo un póster de Mafalda con el chiste de los paliltos y las ideologías. El mismo Quino tuvo que exiliarse de Argentina y en 1976 se instaló en Milán con su mujer, Alicia Colombo, con quien no tuvo hijos.

Que el éxito de Mafalda eclipsara el resto de su obra no quiere decir que esta no tenga la misma calidad o aún más. Liberadas de la servidumbre al lector infantil y sin personajes recurrentes, las historietas posteriores de Quino profundizan en un tono marcadamente filosófico y pesimista, de un humanismo desencantado empapado de un sentido trágico de la existencia que queda suavizado gracias al humor y la empatía. Quinoterapia, ¿Quién anda ahí?, Mundo Quino, ¡A mí no me grite! o Bien, gracias ... ¿Y usted? son algunos de los títulos que recopilan las historietas en las que Quino despliega una poética agridulce y punzante, sirviéndose de los diálogos o solo con los dibujos, pero ofreciéndonos siempre un espejo donde contemplar el ridículo de nuestras vidas.

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