Cine

Viggo Mortensen: "Soy de Òmnium porque me interesan la historia, la cultura y la lengua catalanas"

El actor se estrena como director con el notable melodrama 'Falling'

Es Aragorn, Alatriste y Sigmund Freud. También el asesino de Una historia de violencia, el padre de La carretera o el chófer de Green book. Pero Viggo Mortensen (Nueva York, 1958) es, sobre todo, un artista humilde e inquieto que ha gestionado con inteligencia su éxito y que este viernes se estrena en la cartelera como director con Falling, un notable melodrama sobre la difícil relación entre un piloto gay (el propio Mortensen) y su padre, un hombre con un principio de demencia y profundamente amargado para quien pasado y presente se confunden en una nebulosa infinita.

Para ti, que creciste en Argentina, ¿ayer también fue un día de luto por la muerte de Quino? Para algunos argentinos era tan importante como Maradona o el tango.

Es que Quino era un hombre de bien, con buenas intenciones, una persona que traspasaba fronteras como nadie más lo podía hacer. Y eso que a través de Mafalda él se pronunciaba sobre temas importantes como la sanidad, temas muy ideológicos. Él se posicionaba, pero lo hacía de una manera tan evidente y bienintencionada que incluso personas que están en contra de la idea de una sanidad pública entendían que había que cuidar a los otros.

Debutas como director con 61 años. ¿Por qué has tardado tanto en dirigir y por qué esta película?

No es fácil dirigir una película en el cine independiente, sobre todo si no son historias muy ortodoxas y con una resolución muy clara. No importa que te conozcan como actor. No fue chascar los dedos y ya está, ya tengo la película. Llevaba 23 o 24 años intentando dirigir. Cuando empecé a preparar Falling estaba levantando otro proyecto, así que mi debut podría haber sido otro. Pero me alegro de que haya salido esta historia, que es muy personal. Y no me importa nada que llegue tarde. Como actor soy veterano, pero como director soy un recién llegado, un becario que acaba de empezar. Por suerte, siempre que he trabajado como actor o director he observado el proceso de hacer cine con ojos de director, porque siempre me ha interesado el trabajo colectivo.

¿Y por qué crees que eres así?

Puede que porque antes de ser actor era fotógrafo y escribía, pero creo que sobre todo por la educación que recibí de mi madre, que me llevó al cine desde que yo tenía tres años y después de la película siempre reflexionaba sobre lo que habíamos visto: qué le había llamado la atención, qué la había sorprendido… Cosas sobre la manera en que la historia estaba narrada. Y eso me ayudó a percibir todos los matices del cine y a entenderlo como un trabajo colectivo, en el que si todo el mundo sacrifica sus egos puede salir una cosa muy interesante, incluso a partir de un guion mediocre.

Además, has tenido la suerte de trabajar con directores muy buenos.

Sí, he tenido una escuela de dirección muy buena. Pero hay muchos actores que la han tenido todavía mejor que la mía y no la han aprovechado, porque no les ha interesado. Si eres el típico actor que te quedas en el camerino y solo te preocupas de tu trabajo también puedes llegar a dirigir, pero seguramente no sabrás qué hacer con la cámara, qué lentes usar, la importancia del vestuario y los colores… A mí sí que me interesaba y por eso no me ha dado miedo de colaborar con los actores y el resto del equipo.

¿De dónde surge esta historia tan dura de padres e hijos?

La historia es una ficción, la familia protagonista es ficticia. Pero se basa en recuerdos míos de infancia y adolescencia, a pesar de que sé que los recuerdos son poco fiables, porque todo el mundo recuerda las cosas como quiere. Y también sale de lo que siento por mi madre y mi padre, y de lo que aprendí de ellos.

¿De qué directores has aprendido más cosas que te hayan ayudado para dirigir Falling?

Sobre todo de Cronenberg, con quien he trabajado tres veces y tenemos una buena amistad, hablamos de todo. De él he aprendido la importancia de la preparación. Nunca es demasiado temprano para preparar un rodaje, te ahorras muchos problemas. Así vas conociendo al equipo y todo el mundo se va poniendo de acuerdo. Y cuando surja algún problema, que siempre surge, es más fácil encontrar una solución entre todos. Pero también aprendí mucho de Agnès Varda, con quien no rodé nunca pero a la cual conocí poco antes de su muerte. Tuvimos una conversación en la que ella puso en palabras lo que yo siempre había sentido como espectador. Yo le estaba explicando que quería rodar mi primera película y ella me dijo que, sobre todo, no mostrara las cosas al público. "A través de tu manera de filmar y las interpretaciones de los actores, tienes que crear las condiciones para que el espectador desee ver. ¡Pero no le muestres nada!" Y esta idea es la que me gusta como espectador: no quiero que me digan qué pensar y sobre todo qué sentir. Es una cosa que odio, especialmente cuando lo hacen a través de la música.

En 'Falling'  hay un cameo fantástico de Cronenberg como proctólogo. No se me ocurre un actor mejor para hablar sobre colonoscopias y hacer un tacto rectal. ¿Escribiste el papel para él?

No, primero escribí la escena y después pensé que sería genial que la hiciera él. Primero porque es un buen actor, pero también porque tiene la edad y la presencia perfectas. Si te das cuenta de que es él la escena tiene un punto añadido, puesto que las imágenes que asociamos a su cine no hacen de él precisamente una persona que quieras que te meta el dedo dentro del cuerpo. Pero si no lo conoces, la escena funciona igual de bien. De hecho, le ofrecí el papel porque sinceramente pensaba que era el actor ideal, pero dejándole claro que no se lo pedía como favor.

Interpretas a un personaje que se esfuerza por querer a un padre que no le pone las cosas fáciles. Los hombres de la generación de Willis, tu padre en la ficción, no fueron los hombres más fáciles de querer.

Son hombres que venían de una tradición patriarcal en la que mostrar sentimientos era una debilidad. Ellos tenían que ser fuertes, inflexibles, estoicos. Y esto te arranca la posibilidad de comunicarte con alguien abiertamente. Hay muchos modelos de familia, pero la gran diferencia entre las familias patriarcales y las más modernas, como la que tiene mi personaje en Falling, es que sus miembros pueden expresar opiniones. Son familias en las que si uno se equivoca pide perdón. En el modelo anterior, el patriarca no pide perdón ni comunica emociones, porque todos los miembros no son iguales.

En 2018 te hiciste socio de Òmnium. Viviendo en Madrid, ¿te ha pasado factura alguna vez?

Sí, en los medios y en redes sociales. Sé que hasta que me muera me atacarán por eso y me dirán "independentista de mierda" o "argentino de mierda". La ironía es que nací en Nueva York. Todo ello es por una cuestión de ignorancia, nadie me ha preguntado nunca por qué me he hecho socio de Òmnium.

Pues manos a la obra. ¿Por qué te hiciste socio de Òmnium?

Porque me interesan la cultura, la historia y la lengua catalanas. Todas las hablas de las diferentes zonas de Cataluña. Pero también me interesan Andalucía, Navarra, el País Vasco, las islas Baleares… Yo he vivido en muchos lugares y me gusta viajar mentalmente y físicamente. La vida es corta y yo quiero aprender todo lo que pueda. Òmnium se fundó para reforzar, profundizar y enseñar exactamente lo que a mí me interesa: la cultura, la historia y la lengua catalanas. Quien quiera pensar que lo hago porque tengo una posición política… Y no digo que no la tenga, pero hay más razones y para mí lo más importando era aprender. ¿Qué tiene eso de malo? Si te molesta, quizás es que eres un ignorante. Como persona libre tengo derecho a aprender de todo. También leo prensa de derechas en varios idiomas, para ver por dónde van las cosas. Cada día leo varios puntos de vista. Hay tantas mentiras hoy en día que es difícil llegar a la verdad. Y muchas veces las cosas que te llegan al móvil solo son aquellas con las cuales estás de acuerdo, como si te estuvieran vendiendo ideas. Yo soy curioso y lo seguiré siendo. Y si a alguien no le gusta es que tiene demasiado tiempo para pensar y no se ocupa de sus cosas.

Suposo que esta curiosidad te habrá hecho seguir el folletín veraniego de Messi.

Sí. Messi me encanta como jugador. Cuando vi que quería irse del Barça, mi sueño imposible era que se fuera al Leeds United con Marcelo Bielsa. Los dos son de Rosario, de Newell’s… Y al fin y al cabo, Messi ya tiene todo el dinero que necesita para más de una vida. Si Bielsa y Messi se llegan a entender, ¡sería tan bonito para el fútbol! Imagina que llegan a posiciones de Champions o que ganan la Premier. Sería la historia más bonita de este año. Pero al final no jugará para Bielsa ni con Guardiola porque Bartomeu no lo permitió, por su ego y su supervivencia.

Tal vez el año que viene.

Ya veremos. Si ganan algo, Copa del Rey, Liga o Champions, será difícil que se vaya. Pero no hay ninguna garantía, sobre todo después de vender a Suárez a un equipo de esta liga, que me parece un error garrafal. Yo soy aficionado del Real Madrid, pero me encanta ver jugar a Messi porque siempre hace algo, es un artista. Verlo en el campo es un placer continuo, incluso si durante un buen rato no hace nada. Es como un actor que tiene varias escenas en las que no dice nada, pero no puedes apartar los ojos de él. Y es por su manera de pensar, siempre está un par o tres de pasos por delante de los demás. Ojalá jugara en el Madrid, pero no irá nunca.

Cada vez hay menos actores importantes que no hayan protagonizado alguna serie. Tú eres uno de ellos. ¿No te gusta la idea?

Hay muchas series buenas, pero todavía no me ha llegado ninguna que me pareciera genial. Si tengo que pasar ocho meses fuera de casa, que sea para hacer algo que me encante. Y si no, por algo que yo escriba y dirija. Como decíamos antes, la vida es muy corta. Con Falling he tardado años, primero para levantar el proyecto y después para escribir, dirigir, montar y, ahora, promocionar. Pero vale la pena, porque es una historia en la cual creo muy profundamente y que quiero que llegue a la gente. Y me siento muy orgulloso de todo el equipo, sobre todo de la actuación de Lance Henriksen, que me parece magistral. Por eso quiero pensar muy bien lo que hago, porque requiere tiempo. Lo que más me gustaría hacer es dirigir otra. Espero poder hacerlo pronto.

El año pasado Andrés Calamaro dio un concierto en el Liceo y no paró de criticarte. En un momento dado dijo que todo eso era broma y que al final del concierto iríais a tomar un whisky. ¿Era cierto?

No. Yo no lo conozco, no he hablado nunca con él. No sé por qué me criticó, a pesar de que tengo mis sospechas. Pero le deseo lo mejor como persona y como artista.

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