El reloj requisado por los nazis al alcalde de Sils por fin vuelve a manos de sus nietas

Baldiri Soler fue deportado a un campo de Hamburgo y no vio a su hija hasta después de 10 años

Hace dos años, en diciembre de 2018, el ARA publicaba un reportaje sobre Baldiri Soler Artau, que había sido alcalde de Sils entre  mayo de 1938 y enero de 1939. El motivo era que hacía más de 75 años que su reloj de bolsillo  y una cadena de oro estaban en Arolsen, los archivos alemanes donde guardan los objetos de los deportados. Entonces solo sabíamos que había nacido  en Sils el 29 de enero de 1901 y su número de prisionero: 30.204. Con el historiador Antonio Muñoz empezamos a buscar a sus familiares para poderles devolver el reloj. Escribimos y llamamos a los archivos de Cassà de la Selva y de Sils y, finalmente, en el Arxiu Departamental dels Pirineus Orientals nos dieron las primeras pistas: Soler había entrado en el campo de concentración de Neuengamme (Hamburgo) el 24 de mayo de 1944 y había sobrevivido. Cuando salió era viudo y tenía una hija. Nos facilitaron también su necrológica: había muerto en Le Boulou el 24 de octubre de 1981.

Dos años después, el Museo Memorial del Exilio (MUME) ha podido localizar a las dos nietas de Baldiri con la ayuda del historiador Jordi Pons y la información que le facilitó el ARA. Mañana, viernes, la nieta mayor, Geneviève Delestret, irá a la Jonquera pero no se llevará el reloj: ha decidido que se quede ahí para que pueda servir para explicar mejor qué fue la deportación y el exilio. 

"Ni mi hermana ni yo sabíamos nada del reloj. Es todo muy emocionante. En este viaje me vienen muchas cosas a la cabeza, muchos recuerdos, hay cosas que hemos sabido demasiado tarde. Pienso en todo lo que sufrió mi madre. Ella habría sido tan feliz de poder recuperar el reloj de su padre", explica Geneviève, viniendo de París en coche. Detrás del reloj y la cadena hay un drama familiar y una separación de 10 años. 

La hija de Baldiri Soler, Maria Teresa, escribió cómo fue todo a partir de 1939 para no olvidarlo y para que lo supieran sus dos hijas. "En sus escritos explica que cruzaron la frontera los tres, mi madre y mis dos abuelos, en febrero de 1939, pero los separaron. Mi madre y mi abuela, Maria Nabarra Pairo, fueron a Mâcon, en  la región de Borgoña-Franco Condado, a un campo que había junto a un hospital psiquiátrico. Mi abuelo fue a Argelès-sur-Mer", dice Geneviève, que habla perfectamente el catalán y vive cerca de París.

"Mi madre explica que la hicieron ir a la morgue y le abrieron el féretro pero ella no quiso mirar adentro, después siempre decía que lo habría tenido que hacer y se preguntaba si realmente su madre murió ahí"

La mujer de Baldiri murió poco después de entrar en Francia, en mayo de 1939. Su hija se quedó sola, sin hablar ni entender el francés, con tan solo diez años y a muchos kilómetros de su padre. "Mi madre explica que ahí en el campo la hicieron ir a la morgue y le abrieron el féretro, pero ella no quiso mirar adentro. Después siempre decía que lo habría tenido que hacer y se preguntaba si realmente su madre murió ahí –dice Geneviève–. Nunca se recuperó de la pérdida de su madre, siempre la echó de menos. Para ella fue todo bastante traumático, fue como si después de esto no hubiera vivido, sino que se hubiera limitado a sobrevivir". A Maria Teresa la fue a buscar un primo de su madre y fue a vivir al sur de Francia. 

De Argelès-sur-Mer a la Compañía de Trabajadores Españoles

Mientras su mujer y su hija estaban Mâcon, Baldiri estaba en Argelès-sur-Mer, de donde salió en septiembre de 1939. Cuando Francia y Alemania entraron en guerra se incorporó a la Compañía de Trabajadores Españoles. En junio de 1940, después de la derrota militar francesa y la instauración del régimen autoritario de Pétain, fue integrado a uno de los Grupos de Trabajadores Extranjeros (GTE) y pasó a convertirse en un trabajador forzado a las órdenes de los alemanes. En febrero de 1942 pudo escaparse y estuvo viviendo en Rennes hasta que, dos años después, la Gestapo lo detuvo por haber colaborado con la resistencia. Entonces fue deportado al campo de Neuengamme. "Los últimos meses estaba muy enfermo, sufría disentería. Lo mandaron a la cámara de gas. Cuando estaba ahí en la fila una mujer muy mayor le intercambió el lugar. Muchas veces me pregunto por qué, por qué esa mujer decidió morir en lugar suyo, quizás porque entonces el abuelo era muy joven y ella vio a su hijo". Neuengamme fue liberado el 2 de mayo de 1945, y a Baldiri, que no se había recuperado, lo repatriaron en avión a Francia el 6 de junio de 1945.

10 años sin verse 

Cuando salió, sin embargo, no pudo volver a abrazar a su hija. La había podido ver tan solo una vez poco antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial. Padre e hija no pudieron volver a estar juntos hasta 10 años después, cuando Maria Teresa ya tenía 20 años. A Baldiri ni siquiera le dejaron a ir al entierro de su mujer. "Mi madre pudo vivir dos años tranquilamente, entre 1939 y 1941. Iba a la escuela y aprendió rápidamente francés mientras vivió en el sur de Francia", dice Geneviève. Ese oasis, sin embargo, se acabó pronto. Una tía de Maria Teresa, que vivía en Cassà de la Selva, se comprometió a hacerse cargo de ella y su padre lo aceptó si así su hija podía ir a la escuela. "Solo fue a la escuela durante dos meses, porque se lo pagaba una amiga de la familia. Después la hermana de mi abuela la sacó del colegio y la puso a trabajar limpiando casas. Para mi madre todo volvía a ser muy injusto", explica Geneviève. Cuando cumplió 20 años, Maria Teresa se fue a Francia y ahí se reunió con su padre. 

Geneviève vivió con su abuelo hasta que él murió, en 1981. "Estoy muy orgullosa de él, por sus convicciones y por su compromiso. Recuerdo que siempre que podía ayudaba a los otros, tenía muchas relaciones sociales e iba a las conmemoraciones con otros exiliados, era muy autodidacta. Mi madre decía que era una persona muy dura y autoritaria, pero con mi hermana y conmigo era un trozo de pan", recuerda, a punto de recuperar su reloj y una cadena de oro.

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