La cultura celebra ser una excepción (pero reclama las ayudas)

Los grandes damnificados son las salas grandes, como el Tívoli o Victoria, por el tope de 500 persones

Una de cal y otra de arena. Este jueves el sector cultural ha recibido noticias que se contrarrestan. Por un lado, la positiva: la reapertura de las salas el lunes 23. De la otra, la parada de las ayudas al sector porque Trabajo quiere replantear las condiciones de solicitud.

Los representantes del sector respiran aliviados por la reanudación de la actividad pero los trabajadores denuncian su desamparo: no se han repartido los 3,5 millones que quedaron de la hucha para el verano pasado (y que eran los 750 euros de ayuda directa que salían hoy) y el Govern se ha comprometido a 17,2 millones más. El Congreso de los Diputados apenas hoy ha convalidado las ayudas a la cultura (subsidios para técnicos y artistas), con un impacto de 180 millones de euros. Por eso la Asamblea de Trabajadoras de la Cultura, surgida a raíz de las manifestaciones de las últimas semanas, oficiará un acto litúrgico, artístico y reivindicativo en la iglesia de Santa Anna este viernes. Se leerá un manifiesto que esencialmente pide ayudas directas a los profesionales.

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La entrada, un salvoconducto

La cultura volverá a ser una excepción para el toque de queda siempre que el público lo justifique con una entrada. De este modo, los espectadores podrán llegar más tarde de las 22 h a casa si han ido al teatro, al cine o a un concierto. Así lo recoge el Govern en el plan de desescalada hecho público este jueves, que también incluye la posibilidad de romper el confinamiento de fin de semana (municipal en el primer tramo; comarcal en el segundo) con la entrada como salvoconducto. Así se hacen viables festivales como el Temporada Alta, que recibe público de varias comarcas, pero también la posibilidad que los ciudadanos de pueblos sin oferta puedan disfrutar de la cultura de las capitales.

A partir del lunes, en la primera de las cuatro fases, cines, teatros, auditorios y salas de concierto abrirán con un aforo del 50%. Museos, bibliotecas y salas de exposiciones amplían las restricciones del 30% al 50%. En el segundo y el tercer tramo, el aforo de teatros, cines y salas de conciertos se situará en el 70%. Esto quiere decir que en el mes de diciembre, que junto con enero es uno de los mejores para la cultura gracias a las fiestas, la actividad se podría casi normalizar. Desde las salas de cines, celebran que les "hayan dado un horizonte temporal más largo que permite consolidar y planificar mejor las programaciones y estrenos", ha dicho el presidente del Gremio de Cines de Catalunya, Camilo Tarrazón. Sin embargo, ha alertado que están abriendo con "unas limitaciones muy importantes y con unas restricciones que comprometen" su viabilidad de forma que el gobierno "tendrá que seguir compensando estas actividades".

Aforos demasiado reducidos

Los principales damnificados son los grandes escenarios, porque se ha marcado un tope de 500 personas en las salas y hasta el cuarto tramo (en enero, pasadas las fiestas) no se podrían lograr las 1.000 personas. Esto quiere decir que espectáculos como La jaula de las locas (Tívoli) no se plantean abrir ahora porque no les saldría a cuenta. "Es inviable completamente. 500 entradas es el 35% del aforo del Tívoli. Con el 50% (700 entradas) pagábamos justo los costes -dice el productor, Jordi Sellas-. Perdemos Navidad, un problema muy grave", afirma. "Con 500 personas no es viable poder abrir -dice Valentí Oviedo, gerente del Liceu, un teatro público-, pero confiamos que en 15 días esta situación se pueda revisar y revertir, y el 5 de diciembre podamos estrenar La traviata al 50% de la capacidad del teatro y que esta situación sea continuada". Otros espacios como El Auditori sí que abrirán limitándose a los 500 espectadores, como ya hacían antes del cierre. Al Palau de la Música, que volverá a la actividad con público el 28 de noviembre, también espera "que se pueda revisar el tope de 500 personas en la segunda fase".

Los teatros de Balaña y el Mago Pop (Teatro Victoria) todavía no han decidido qué harán. Hay productores que esperan ver la letra pequeña publicada en el DOGC. Es el caso de las salas de concierto, que no respiran tranquilas. Después del grito de alarma del Último Concierto, el día siguiente se ha sabido que podrán reabrir después de 8 meses, pero con el 50% del aforo, butacas y mascarillas. La gerente de la Asociación de Salas de Conciertos de Catalunya (ASACC), Carmen Zapata, dice que la medida va "por el buen camino" y tendrá de entrada un efecto "psicológico", pero que solo la mitad de las 85 salas catalanas de la asociación se plantean reabrir, puesto que hasta que el límite de aforo no se eleve al 70% a muchas "no los salen los números". Lluís Torrens, de Razzmatazz, dice: "Hasta que no podamos leer el DOGC y sepamos exactamente las condiciones de apertura no sabremos si abriremos, por ahora creo que no podremos abrir". Otras salas como la Apolo y La Mirona también esperan a leer el DOGC para tomar una decisión. Roberto Tierz, de Sidecar, esperará al último fin de semana de noviembre para abrir "el bar y la terraza", y tienen previsto hacer actuaciones acústicas. "Pero para abrir la sala esperaremos que aumente el aforo", dice Tierz.

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