MÚSICA

Los rockeros no envejecen nunca

Así es la vida de los dinosaurios del rock el año 2019

Después de que se comentara que la despedida de los Rolling Stones, ya septuagenarios, podría ser pronto, Keith Richards fue categórico: "No me canso, haces algo que te gusta y que gusta a millones de personas". Sus satánicas majestades seguirán en la carretera. / JOE RAEDLE / GETTY

“Es sólo rock'n'roll, pero me gusta". Es una de las canciones más icónicas y, al mismo tiempo, tramposas de la historia de la música popular. Ideada por el dúo Jagger y Richards, motor creativo de los Rolling Stones durante casi seis décadas, es una declaración de principios que ha hecho fortuna como tópico del género, pero que esconde una gran mentira: el rock'n'roll nunca es sólo rock'n'roll. Es muchas otras cosas, sobre todo desde el inicio del fenómeno fan y el cambio de paradigma que comienza a mediados de los años cincuenta y se consolida a principios de los sesenta, una línea trazada por Elvis Presley y los Beatles.

Ser una estrella de la música implica un buen número de condicionantes a menudo vinculados al mito de vivir deprisa y peligrosamente. Un estilo que te traspasa de un estatus de mortal común a miembro de pleno derecho del panteón en el que sólo habitan las leyendas. Venerados, influyentes, queridos. Los grandes dinosaurios musicales han sobrevivido a todo, también -y sobre todo- a ellos mismos y sus excesos. Han jubilado a varias generaciones de músicos, que han ido a rebufo y que ahora los miran desde el olvido. Los viejos rockeros nunca mueren, y sólo los grandes perduran para siempre.

Aunque existe una entidad que enumera y oficializa cuáles son las estrellas del género, el Rock & Roll Hall of Fame, los mitos no entienden de burocracias ni votaciones. Se rigen por un catálogo de canciones mayúsculo, una biografía carismática y cierta vigencia. La diferencia entre unos y otros, todos ellos figuras imperecederas del rock, es cómo han afrontado la entrada en la tercera edad: está la categoría de los que todavía hacen discos, agrandan su nómina de canciones y demuestran que aún les quedan cosas por contar y enseñar. También existen los que se limitan a seguir saliendo de gira, aunque sea sólo para aumentar la cuenta corriente o mantener un nivel de vida fuera de lo normal, y, finalmente, los que han preferido vivir una merecida jubilación dorada. De los tres grupos, estos son los ejemplos más clarificadores.

Residentes en las listas de éxito

Bob Dylan fue el primero de entre los que se mantienen. Cuando la Motown de Detroit comenzaba a pulverizar las cifras de ventas de discos en Estados Unidos, él ya tocaba en locales del Greenwich Village de Nueva York. Dylan hacía canciones antes de que la British Invasion (The Beatles, The Rolling Stones, The Kinks, The Who) revolucionara el pop a escala global, y cuando llegó el verano del amor de los hippies, Janis Joplin, Jimmy Hendrix y The Doors, él ya era una superestrella.

Robert Allen Zimmerman es el músico pop más influyente de todos los tiempos y uno de los artistas fundamentales del siglo XX y lo que llevamos de XXI. Profundamente influido en sus inicios por cantautores folk como Woody Guthrie o Hank Williams, el músico de 78 años siempre fue un paso por delante del resto: desde la decisión de abandonar la guitarra acústica para empuñar la eléctrica, un sacrilegio para los puristas de la época, pasando por el flirteo con la poesía beat, las giras extravagantes como la Rolling Thunder Revue o la formación de supergrupos al estilo Traveling Wilburys, en los ochenta. La leyenda de Dylan, amplificada después de recibir el Nobel de Literatura en 2016 y los discos que sigue publicando todavía hoy, se sustenta en una colección de canciones incomparable, tanto en número como en calidad y, sobre todo, de validez actual: es sorprendente comprobar como sus textos en The times they are a-changin', I want you o Hurricane sobreviven al paso del tiempo y siguen hablando de sentimientos -de amor, de revolución, juveniles, de madurez- de una actualidad incontestable.

Precisamente de la eficacia de las grandes canciones de los años sesenta en plena era millennial es de lo que trata Yesterday (2019), película dirigida por Danny Boyle que pone el foco en una pregunta punzante: ¿los grandes éxitos de los Beatles lo seguirían siendo si se publicaran hoy por primera vez? Planteada la hipótesis, la respuesta es un sí absoluto e indiscutible. Incluso uno de los músicos más populares de la actualidad, Ed Sheeran, que se interpreta a sí mismo en el filme, lo reconoce sin fisuras: "Son las mejores canciones de la historia", sin importar si se han compuesto en 1962 o el 2019. En cuanto a Ringo Starr y Paul McCartney, ambos y por separado, siguen haciendo giras. McCartney publicó elepé el año pasado después de un lustro de silencio discográfico: Egypt station.

Mantener la ilusión para seguir haciendo discos llegados los setenta no es especialmente habitual y depende de varios factores. Compañeros de generación y de éxitos de los Beatles, los Kinks han tenido la suerte de mantener el alma creativa de la banda aún viva. Quizás por ello, y aprovechando la fuerza acumulada de un largo retiro, los hermanos Davies han vuelto a grabar disco tras una parada que ha durado un cuarto de vida: 26 años. El nuevo elepé de los Kinks, que se espera para 2020, es una  rara avis: es cierto que hay muchas bandas que han dejado la carretera momentáneamente y han acabado volviendo con fuerzas renovadas, pero hacerlo a los 75 y con un flamante álbum era una hazaña improbable. Lo más habitual es que, con las paradas técnicas que necesiten, los viejos y exitosos rockeros publiquen material reciente con asiduidad, pero espaciandolo más en el tiempo, como en los casos de Roger Waters, de los Pink Floyd, también muy implicado en causas sociales y políticas (como el Procés), Van Morrison, Marianne Faithfull o Neil Young, que precisamente acaba de editar su cuadragésimo disco, Colorado (2019).

Una vida en la carretera

Los músicos que hicieron fortuna entre los sesenta y setenta son, generalmente, supervivientes del mito del sexo, drogas y rock'n'roll que han seguido un ritmo de vida que pasa factura. Aunque existan músicos hiperactivos, como Patti Smith, más dedicada a la literatura, o Iggy Pop, que todavía saca discos, aunque bastante intrascendentes, una buena parte de los antiguos rockeros en activo siguen haciendo grandes, y beneficiosos, conciertos en estadios. Algunos embarcados en una vuelta al mundo constante, otros, lo hacen más de vez en cuando, para saciar el mono y con cierto regusto recaudatorio.

Entre los segundos, los reyes son los Rolling Stones, que aún hoy siguen paralizando el planeta cada vez que anuncian un nuevo tour. Los británicos, que no publican material desde el 2005 a pesar de que hace tres años se dieron el gusto de hacer un disco de versiones de clásicos del blues, alargaron la gira de No filter entre el 2017 y este agosto. Eso sí: limitándose a hacer una quincena de conciertos del año. Sus cifras son de las que impresionan: más de 2 millones de espectadores y 415 millones de dólares de recaudación. Sea por nostalgia, por el efecto "última oportunidad de verlos antes de que lo dejen", o casi como experiencia kitsch, 57 años después de su fundación, los Stones siguen siendo la banda de rock más importante del mundo. Los números así lo confirman.

Tampoco paran los Beach Boys, que continúan haciendo conciertos, aunque en auditorios medios y con la discutible legitimidad de ver sólo a un miembro original de la banda, el vocalista Mike Love, rodeado de músicos treinta años más jóvenes estirando el chicle de himnos precedentes. Sus espectáculos son prácticamente una verbena de fiesta mayor. En audiencias más grandes se mueve el indiscutible genio de la época gloriosa de los californianos, Brian Wilson, que, pese a sus 77 años y un delicado estado de salud, aún hace tours relativamente importantes (hace tres años llenó la extensa explanada del Primavera Sound) y termina la década con tres discos facturados. También despedazados por la pérdida de un 50% de la banda, The Who son especialistas en hacer giras sin nada en concreto para celebrar: Roger Daltrey ha publicado su exitosa autobiografía y Pete Townshend tiene lista una nueva novela. Tras largas temporadas dando vueltas alrededor del mundo, han anunciado el lanzamiento de su segundo disco en 36 años.

Otros grupos que han sobrevivido a la vida salvaje del rock'n'roll son los Eagles o Blondie, con la icónica Debbie Harry al frente de uno de los pocos conjuntos en activo que queda de la época dorada del punk de Nueva York de finales de los setenta, junto con Television y Patti Smith, última cantante en actuar en el histórico CBGB, ahora convertido en una tienda de ropa. Si hay una escena con más caídos es ésta, entre los que se encuentran Lou Reed, Nico y Sterling Morrison o la mayoría de Ramones y Stooges.

Los jubilados del rock

Aunque generalmente cuesta que el imaginario colectivo reconozca a los músicos como trabajadores, estos tienen todo el derecho a jubilarse. El último en anunciarlo -y que abandonará para siempre los escenarios- ha sido Elton John. "Siempre había creído que sería Ray Charles o BB King, eternamente en la carretera", explicó. Pero la realidad es que a los 70 años, y después de vender más de 300 millones de discos y mantenerse cinco décadas en activo, el cantante británico prefiere pasar el tiempo con sus hijos y su pareja que no dedicándose a hacer 100 conciertos en un año, como en 2018. John lo deja en un buen momento profesional, tras el éxito de su biopic en el cine y de una divertidísima autobiografía, acabada de traducir al castellano por la editorial Reservoir Books.

Con un año menos que el cantante inglés renunció Tina Turner, retirada desde hace una década en su mansión suiza acompañada de su marido: "Ni canto, ni bailo, ni me visto bien", explicaba este verano la cantante en el New York Times. El abandono de Turner tenía un motivo tan sencillo como esclarecedor: "Estaba cansada. De cantar y hacer feliz a todo el mundo. No soy una diva como Diana Ross, yo vengo del rock'n'roll", dijo. Precisamente Ross, líder de The Supremes, posiblemente el grupo más exitoso e icónico de la Motown, ha tenido que hacer frente a varios comentarios sobre su retiro, a los que la cantante ha respondido anunciando disco para el próximo año, cuando ya habrá cumplido 76.

Nuestros mitos

Si hay un viejo rockero oficial en Cataluña que se mantiene en primera línea es Pau Riba, actualmente celebrando el medio siglo de vida del capital Dioptria (1969), el disco que lo cambió todo y la influencia en catalán más decisiva para las generaciones posteriores. Habiéndolo terminado de reeditar y con un espectáculo que lo llevó a ser uno de los cabezas de cartel de las últimas Fiestas de la Mercè de Barcelona, Riba sigue escribiendo (su último libro es Sa meu mare, publicado por Ara Llibres , colaborando con quien le apetece (Roger Mas, Esperit!, Orchestra Fireluche), y editando discos brillantes como Mosques de colors, con Pascal Comelade. Precisamente el popular compositor y multiinstrumentista norcatalán se despidió de los escenarios en septiembre, aunque seguirá trabajando en el estudio.

Debido a sus problemas de vista, a Jaume Sisa, de 71 años, es más difícil encontrarlo sobre un escenario que a Riba. Sin embargo, el genial cantautor publicó un disco a mediados de década, Extra, y ha disfrutado de un 2019 bastante activo, con la publicación de Sisa. Els anys galàctics (con J. M. Polls y Manu Ripoll), un cómic que repasa sus tiempos de bohemia, y Els llibres galàctics 1966-2018 (Anagrama), antología de letras, poemas, aforismos y textos dispersos.

De los grupos más populares que en los años sesenta hicieron fortuna en la estela de los grupos británicos de la Generación Beat, algunos aún siguen tocando, como Los Sírex, habituales de carpas veraniegas con las canciones de la época y su líder, Leslie, a la cabeza con 75 años. El otro gran grupo catalán de aquellos tiempos, Los Mustang, aún tiene a su vocalista, Santi Carulla, en activo. En septiembre se celebró una fiesta en la Sala Upload de Barcelona en el que actuaron, además de Carulla, otros clásicos de la escena como Los Salvajes o miembros de Lone Star y Los Íberos.

El tiempo dirá si los Joan Miquel Oliver (Antònia Font), David Carabén (Mishima) o Guillem Gisbert (Manel) de hoy serán los Sisa y Riba de mañana. Será su puerta abierta a la inmortalidad, porque, como todos sabemos, los viejos rockeros -y, sobre todo, sus canciones- nunca mueren.

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