Literatura

Marta Orriols: "Nos han vendido una idea falsa de la maternidad"

'Dolça introducció al caos' explica cómo afecta a una pareja la decisión de interrumpir el embarazo

Marta Orriols se ha posicionado en el centro de la literatura catalana con solo tres libros. Después de los cuentos de Anatomia de les distàncies curtes (2016) y la novela Aprendre a parlar amb les plantes (2018) –premio Òmnium a la mejor novela del año, que está en curso de traducción a once lenguas–, ahora en Dolça introducció al caos (Periscopi, 2020) plantea una inmersión a ratos vertiginosa en el mundo de una pareja que pasa por un momento complicado cuando ella, después de saber que está embarazada de nueve semanas, decide abortar.

Aprendre a parlar amb les plantes abordaba la reinvención de una mujer que acababa de perder a su pareja. Aquí, Marta y Dani se enfrentan a unos días decisivos, los de la cuenta atrás para que ella visite la clínica donde "interrumpirá voluntariamente el embarazo", según dice la doctora. 

Una de mis obsesiones personales son las contradicciones que comporta la maternidad. En este libro tenía ganas de pensarme a mí misma si hubiera vuelto a tener 30 años, pero en el contexto actual. Ahora hay muchos debates abiertos alrededor del hecho de ser madre: ya no se enfoca como algo idealizado o dulcificado. ¿Qué significa tener hijos y qué limitaciones te encontrarás a partir de entonces? Estas preguntas no me las hice hace dieciséis años, cuando tuve a mi primer hijo. 

La Marta de la novela decide no tenerlo. 

Decidir no ser madre es igual de válido que serlo. Las cosas están cambiando. No creo que optar por no tener hijos sea una decisión egoísta o hedonista. La vida profesional te puede llenar tanto como las criaturas.

Ella es fotógrafa. Él, guionista de series de televisión. Los dos pertenecen al mundo de la cultura y sufren las consecuencias de ello. 

El sector se encuentra en una crisis perpetua. En cultura siempre falta presupuesto para todo. En cambio, necesitamos más historias que nunca, consumimos mucha ficción, sobre todo a través de las series. La creatividad no está profesionalmente muy considerada.

Dani se queja de que la serie que escribe cada vez tiene "un humor más banal": le piden "el efecto inmediato, espontáneo, la anécdota irreflexiva". Esta novela podría ser impactante y efectista, pero lo has rehuido.

Nuestro mundo va a un ritmo vertiginoso. Buscar "el efecto inmediato" tiene que ver con este capitalismo que nos lleva a un pensamiento simple. La literatura te permite estar en silencio contigo misma. A Dani le piden una serie que guste a los millennials: estas etiquetas generacionales me parecen la prueba de que el sistema falla por todos laods. Bajo la palabra millennial se esconden personas que se supone que quieren pasárselo bien y basta pero viven rodeadas de precariedad. 

Escribes el libro en tercera persona, pero entras a menudo en el flujo de pensamiento de los protagonistas y te adentras hasta el remolino de su interioridad. 

Con la literatura no buscas solo narrar una realidad, sino encontrar la verdad. Los personajes tienen que dudar, y sus dudas les abren universos más grandes. Escribiendo abordo temas que seguramente no me atrevería a verbalitzar.

Hay muchos temas, aquí, además del aborto. Por ejemplo, la relación complicada de Marta y su madre, "mejor enfermera que el padre", "toda dulzura" y "ternura". 

A Marta no le gusta que la madre se quisiera convertir en la mujer ideal, que dejara el trabajo para criar a las hijas. Hay cosas dulces, cuando tienes hijos, pero nos han vendido una idea falsa de la maternidad.

¿En literatura también? 

A las mujeres nos han narrado mucho los hombres. Es importante que vayan saliendo tantas voces de escritoras, últimamente.

En la novela citas a Lisa Taddeo y Deborah Levy. En El coste de vivir (Literatura Random House, 2019), escribe: "Convertirnos en la persona que alguien más ha imaginado que éramos no es libertad, es hipotecar nuestra vida a los miedos de otro".

El mundo femenino está rodeado de muchas inseguridades que no vienen de una misma, sino del entorno. Cuando Levy se divorció con 50 años y se quedó con las hijas descubrió que podía ser, a partir de entonces, como ella quisiera. Podía, por primera vez, coger las riendas de su vida.

En Dolça introducció al caos explicas la versión de ella y la de él, y las dos tienen pros y contras.

Los hombres también son un mar de dudas. La figura del hombre también tenía que ser importante, en la novela, era uno de los objetivos que me marqué desde el inicio. Otro fue que fuera Dani quien se creara la fantasía y la idea maravillosa de ser padre, condicionada, en parte, porque a él le ha faltado el padre desde muy joven. Vuelca en la idea del hijo lo que no ha tenido. 

Si fueras un hombre, cómo habrías abordado el conflicto del libro? 

Normalmente, el aspecto físico de la maternidad –que es muy importante– no se tiene en cuenta. Tampoco en las novelas. El hijo se convierte en un mini yo para el hombre. Y a menudo, cuando se mira la paternidad desde la perspectiva del hombre, se hace con un punto de grandilocuencia. Es la mujer quien se tiene que enfrentar a las menudencias. Por eso cuando escribimos sobre el tema nos dicen que somos intimistas.

Dani crece sin padre, pero la madre corre a buscarle a un tío que trabaja en un taller mecánico para "impregnar un poco el ambiente de masculinidad". 

Por suerte, ahora estamos en un momento de cambio: cada cual puede empezar a ejercer la maternidad o paternidad como quiera o pueda. En mi caso, cuando perdí al marido me encontré que para suplir su vacío proponía hacer actividades físicas a los hijos, como por ejemplo ir en bici... Lo que forma a una persona, sin embargo, son los valores. Te tienes que concentrar en eso, el resto es secundario. En el fondo, hombres y mujeres no somos tan diferentes.

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