La nueva comedia catalana llena los bares de Barcelona

Siguiendo el ejemplo de 'El soterrani' aparecen nuevos espectáculos que dan salida a cómicos locales

Todo incendio comienza con una chispa. Espontánea y simbólica, o todo lo contrario, pero buscarla responde a la necesidad de poner una fecha de inicio: el día que todo comenzó. El nuevo humor catalán hace tiempo que ha ido levantando la cabeza y sumando jornadas simbólicas: desde el primer 'El soterrani', en octubre de 2017, el famoso monólogo de Marc Sarrato en el FAQS [un programa que se emite los sábados por la noche en TV3, la televisión catalana], o desde la infausta mañana que el director de Betevé llamó a los chicos de 'La sotana' para anunciarles que estaban despedidos. Se había creado una atmósfera favorable para los comediantes en catalán, y entonces llegó el 'Cruïlla', el evento que les sube de división. "Es un acto muy significativo", recuerda Charlie Pee, participando en una de las dos jornadas que el festival musical programó con espectáculos de stand-up comedy. Si faltaba una fecha emblemática, era esta: un recinto con capacidad para 300 personas, con los mejores comediantes del país y hecho a imagen de festivales como el de Reading, en el Reino Unido, donde en los años 90 tanto podías ver un concierto de Nirvana o Pavement como escuchar un show de Frank Skinner o Sean Hughes.

'L'altre', el 'Comedy gold', 'El soterrani' o los monólogos feministas, cada vez más demandados, de Maria Rovira y Ana Polo. Todos ellos forman parte de la última escena de humoristas catalanes, una corriente que en menos de dos años ha generado espacios, referentes y, sobre todo, público propios: "Veíamos que  había que crear este movimiento lo antes posible, porque mercado sí había", dice Charlie Pee.

Para entender este auge hay que mirar los más exitosos: El soterrani, un espectáculo de comedia en vivo que se hace un miércoles de cada mes en el hotel Casa Gracia, en Barcelona. Su secreto fue la mezcla de fama previa fundamentada en las redes sociales (Josep Català), con nuevas caras mediáticas (Ana Polo y Maria Rovira) y el fenómeno podcast más importante que se ha visto nunca en catalán (Manel Vidal, Joel Díaz y Modgi, de La sotana). Este cóctel, agitado con toneladas de talento, ha convertido sus representaciones en un éxito incuestionable con un público en el que se cuentan desde editores hasta editores de guión o directores de televisión. "Nos hemos convertido en una especie de photocall", dice riendo Magí Garcia (Modgi), uno de sus fundadores: "Netflix y YouTube han cambiado el paradigma, ahora los referentes son todos anglosajones y los tienes en cada esquina. Nosotros hemos salido como una seta y la gente se ha apuntado", explica.

El triunfo de 'El soterrani' ha sido decisivo para que aparezcan otros proyectos, como 'L'altre', el laboratorio de pruebas donde coinciden comediantes consolidados ensayando nuevo material con debutantes que se enfrentan por primera vez a una audiencia. Orgullosos de la cantidad de cómicos que han pasado (unos ochenta) por Sonora, el bar que los acoge, en su primera temporada, su filosofía es juntar gente "de niveles muy diferentes, con ganas de dar y recibir consejos", explica Marc Oliva. Su ingenio es "de bar", algo tan buscado en Cataluña como en Estados Unidos: "El talento lo tienes que ir a buscar en espacios como estos. Salvando las distancias, en locales como el Carolinas de Nueva York o el Comedy Store de Los Ángeles es donde ha comenzado la gente que después ha triunfado en el mainstream más absoluto, como Louie C.K. y Jim Carrey ".

"Para hacer stand-up comedy necesitas tener un recorrido de experiencias para poderlas explicar". Lo dice Charlie Pee, que con sólo 29 años es una de las humoristas con más experiencia. Joven, mujer y con siete años de trayectoria en el micrófono, comparte proyecto con Albert Floyd y Quique Macías: 'Comedy gold'. Su espectáculo de monólogos es bilingüe y se hace en el bar El Medi dos veces al mes. Actúan tres cómicos por sesión y siempre hay una cabeza de cartel que dispone de treinta minutos. "El público que tenemos es muy fan del stand-up estadounidense. No hay ningún límite del humor ni ninguna censura", explica Charlie Pee.

Nacida en 2017, La Llama Store, en la calle Villarroel, es el punto rojo de la comedia de Barcelona, una tienda especializada y enfocada "no sólo al stand-up, sino a la literatura y el arte", explica Kike García, uno de los dos propietarios. García cree que este boom no es exclusivo de Barcelona; el monólogo "está de moda en todo el mundo". Además de ejercer como tienda, en Llama Store se hacen muchas actividades: un curso de monólogos organizado por Martí Piñol, un micro abierto mensual y la grabación de dos podcasts, uno de ellos, La Ruina, en la que participa Tomás Fuentes, responsable del espacio de comedia del festival Cruïlla. 

Para los fundadores de La Llama, el gran cambio para los que se dedican al humor en Barcelona no sólo es la proliferación de escenarios y plataformas: "Hay más mujeres que nunca. Siguen siendo una minoría pero hay más. Esto es lo más importante que ha pasado en la comedia de los últimos veinte años".

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