“La depilación es una forma más de control de los cuerpos de las mujeres”

Bel Olid reflexiona sobre el significado de la depilación y el castigo social para las que no se depilan

La escritora Bel Olid recuerda un día de este verano cuando estaba comiendo en un restaurante. Iba vestida con ropa fresca, que deja entrever muchas partes del cuerpo, y en su caso, como no se depila desde hace tiempo, eso también se veía. “Un hombre que estaba sentado en la mesa de al lado se giró y me dijo que qué asco que estuviera comiendo en un restaurante con las axilas sin depilar. Que es exactamente lo que estaba haciendo él”, reflexiona la escritora para ilustrar la enorme brecha de género que hay con un tema aparentemente tan banal como la depilación, que, como ella dice, “es una forma más de control sobre los cuerpos de las mujeres”.

Para reflexionar sobre esta cuestión acaba de publicar el libro A contrapel (Destino), que sale también en castellano ( A contrapelo) y en gallego, cosa que demuestra que el tema interesa y está de actualidad. “No es un libro contra la depilación, es un libro contra el control de los cuerpos de las mujeres, y he elegido un tema que parece banal y una tontería pero que no lo es para nada. Y te das cuenta de ello cuando te dejas de depilar, porque hay mucha gente que te hace saber que eso no les parece nada bien. Es en ese momento cuando ves que hay una gran presión colectiva sobre los cuerpos de las mujeres”, explica en una conversación a través de Zoom. 

En el libro, la escritora recuerda el primer día que salió de casa con pantalones cortos y sin depilar. “No sabía qué pasaría, pero estaba rompiendo una norma muy rígida”, relata. “Me sentía orgullosa de mi decisión y a la vez ridícula por la pequeñez innegable del gesto”. Pero las miradas reprobatorias de la gente hicieron que el sentimiento fuera cambiando. “En vez de eufórica y feliz, me sentía fea y avergonzada”, explica, y reflexiona sobre la cuestión: “El problema de las mujeres que no nos depilamos y lo mostramos es que nos estamos escapando de la norma, y muchos hombres no lo aceptan y eso crea reacciones violentas. Que me insulten por la calle porque no voy depilada me parece muy violento”, dice.

Pero aún así ella no lo ha dejado de hacer. “Estoy convencida de que cuantas más mujeres lo hagamos menos castigo social habrá. Me recuerda un poco a las primeras mujeres que se pusieron pantalones y se tuvieron que comer muchas críticas, pero consiguieron que ahora todas podamos llevar pantalones”. 

Olid centra su reflexión en un punto muy básico: el pelo es natural. En las mujeres también. Y, en cambio, apunta, “es fascinante que el cuerpo sin pelo, fruto de un artefacto social como la depilación, se considere muestra de feminidad innata”. “Sería lógico que el pelo corporal, que separa a la niña de la mujer, se considerara intrínsecamente femenino (e incluso sexi). En cambio, hemos llegado a un punto en el que es todo lo contrario”, apunta en el libro. Y alerta de que esto no hace más que intensificarse. “Las zonas del cuerpo donde está aceptado que las mujeres tengamos pelo son cada vez menos”, dice. “Ahora mismo solo podemos tener pelo en la cabeza y en las cejas, más allá de esto ya no se ve bien”.

Y explica que esta presión estética afecta mucho a las niñas pequeñas. “Estamos viendo a niñas que en la escuela sufren burlas, desde muy pequeñas, por tener pelo. Reciben este mensaje social de que eso no está bien y normalmente lo que hacen las familias, para evitar este sufrimiento, es llevar a las niñas a depilarse. Pero si hacemos esto estamos dando un mensaje muy peligroso: que la opinión de los otros sobre tu cuerpo es muy importante y que cambiaremos tu cuerpo para que encajes”, alerta. Y subraya que “con quien tendríamos que trabajar es con quien critica y se ríe de las niñas por tener pelo, con quien las insulta”.

Todavía hoy en día, valora Olid, la educación que se da a las niñas se basa en el “gustar a los otros, no pensar en lo que les gusta a ellas”, y esto afecta todo lo que hacen. “Hay una maquinaria potentísima que desde que nacemos nos dice que tenemos que gustar, que esto es lo más importante”. Ella lo que quiere es “enseñar a las nuevas generaciones que los cuerpos no se tienen que controlar, que cada cual hace lo que quiere y que no hay normas que se tengan que cumplir”, a pesar de que reconoce que es una batalla todavía larga. 

Aún así, cada vez más hay mujeres con cargos públicos y/o visibilidad que han optado por no depilarse. La cantante Amaia fue una de las primeras en aparecer en conciertos, galas y fiestas con pelo en las axilas y en las piernas, una decisión que siempre ha comportado muchas críticas, sobre todo en las redes, donde se la ha tildado de “asquerosa” o “sucia” por este hecho.

La ministra de Igualdad, Irene Montero, es otra que ha tenido que aguantar este tipo de comentarios por no ir depilada, como el que le hizo el concejal del PP de Cuenca Jesús Lopez, a través de Twitter: “Espero que si esta tipa es vicepresidente del Gobierno de España se afeite los pelos del sobaco cuando nos represente”. Un tuit que desató un alud de comentarios entre los que defendían la libertad de Montero para hacer lo que quiera con su cuerpo y los que apoyaban a López asegurando que la actual ministra de Igualdad era una “cerda” y una “sucia” por no ir depilada.

Estos dos ejemplos dejan muy claro, pues, que la cuestión de la depilación femenina ni es una tontería ni deja indiferente a nadie. Otra vez el campo de batalla es el cuerpo de las mujeres y todo el mundo se atreve a opinar sobre lo que hacen o dejan de hacer. “Yo no cambiaré nada de lo que hago por los comentarios que recibo, pero sé que soy una privilegiada porque hay mujeres que no se pueden permitir el lujo de no depilarse, como las dependientas de una tienda, puesto que si no lo hacen pierden el trabajo”, alerta Olid.

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