BARÇA

El Barça e Italia, una relación casi imposible

El fútbol italiano ha competido contra la escuela azulgrana, donde apenas tres italianos han jugado

Demetrio Albertini en una imagen de archivo de 2005, cuando jugó con la camiseta del FC Barcelona / TONI ALBIR / EFE

Pocas tierras despiertan tanta fascinación como Italia, en nuestra casa. Tanto que más de uno afirma que Catalunya no dejaría de ser la región más occidental de Italia, una frase que se ha atribuido en ocasiones a Josep Pla, uno de los grandes italianófilos de nuestra tierra. Unidas por un mar y por una historia que ha llevado las cuatro barras a los castillos de Cerdeña y Nápoles, y artistas de un lado al otro, la relación entre Catalunya e Italia es la de un amor imposible cuando se habla de fútbol. En el Barça han jugado más de 20 franceses, más de 10 portugueses y alemanes, decenas de brasileños y argentinos, pero solo tres italianos. Apenas tres futbolistas, cuando Italia, con cuatro Mundiales y muchos equipos de primer nivel, ha escrito su nombre en letras de oro durante décadas. Un consuelo sería recordar que Messi tiene raíces italianas. Lejanas, pero tiene apellido italiano.

"Guardo muy buen recuerdo de mi paso por el Barça. Llegaba después de ganar el Mundial, era una época muy buena de mi carrera, pero al llegar ya vi que me costaría adaptarme. ¡En los rondos los porteros tocaban la pelota mejor que yo! Todo el mundo me preguntaba sobre el estilo, porque los italianos siempre tenemos fama de ser defensivos, cuando yo era un lateral que quería atacar. Por eso me sentí bien", explica Gianluca Zambrotta. El lateral de Como, con un palmarés lleno de éxitos tanto en la Juve como en el Milan, estuvo dos años en el Camp Nou, y ganó solo una Supercopa de España a las órdenes de Rijkaard. "El Barça es el gran exponente del fútbol ofensivo e Italia tendría la fama de ser donde mejor se ha defendido, pero esto se ha ido rompiendo. En Italia el Barça siempre ha sido muy admirado, ha influenciado a muchos de los técnicos que ahora han abierto el juego en la Serie A. Yo no tuve problemas por el estilo en el Barça, me marché por motivos personales", añade, y admite: "Volví a casa para salvar mi matrimonio. Mi mujer no se sentía bien en Barcelona, sufrió una depresión. Si fuera por el club, me habría quedado. Me gustaba omo se vive el fútbol, cómo se quiere el juego y lo que significa para los forofos", añade.

Zambrotta todavía es el último italiano del Barça. El primero fue el siciliano Francesco Coco, un lateral que jugó la temporada 2001-02 cedido por el Milan. No triunfó. Ni en el Barça, ni después. Considerado una eterna promesa, acabaría convertido en protagonista de noticias de la prensa del corazón, participando en programas televisivos en los que estaba en una isla luchando para sobrevivir llevando un bañador corto, rodeado de otros participantes también con poca ropa. Coco llegaría a marcar un gol en el Barça, se haría famoso cuando Carles Rexach le pidió marcar al hombre a Liberopoulos en un partido de la Champions contra el Panathinaikos. Y el tercero fue Demetrio Albertini, que la temporada 2004-05 llegó en enero al Barça reclutado por su antiguo compañero en el Milan Frank Rijkaard. Con 34 años, tenía un palmarés brillante, con 5 ligas y 3 Champions en el Milan, pero, castigado por lesiones, jugaba cómo podía en el Atalanta. Pero Rijkaard le dio una oportunidad en el Barça, donde jugaría apenas cinco partidos y ganaría la Liga antes de retirarse. A la lista se podría añadir un cuarto nombre, Andrea Orlandi, mediocampista catalán con raíces italianas, que debutó en el primer equipo antes de una carrera por diferentes países, uno de los cuales Italia, donde jugaría en el Novara.

A pesar de que el Barça tiene muchas peñas en Italia y Barcelona es una de las ciudades con más italianos, la relación entre el club azulgrana y el fútbol italiano sigue siendo complicada, quizás por el estilo. "Se ha hablado mucho de la diferencia de estilos, pero creo que el fútbol italiano ha aprendido del Barça y el Barça ha aprendido de Italia. Ahora bien, es cierto que durante muchos años en Italia se pensaba en defender cuando el Barça ya quería atacar siempre, eso no ha ayudado. Pero también es cierto que la gente del Barça venía a Milán para ver cómo trabajaba el Milan en los 90, para analizar la ciudad deportiva, la preparación física... especialmente el vínculo con el Milan era evidente en esos años. El Milan de Sacchi y el Barça de Cruyff eran equipos revolucionarios, conectados por un vínculo de modernidad y éxito", defiende Albertini. "En los años 90, la gran referencia era el fútbol italiano. Y clubes como el Barça estudiaron lo que se hacía en la Serie A a nivel económico, de imagen... pero no nos supimos renovar. Ese Milan jugaba muy bien, pero nadie siguió nuestro camino y la liga española pasó a ser la mejor. Ahora en Italia admiramos y aprendemos de lo que ha hecho Guardiola en el Barça. El Barça ha inspirado a los nuevos técnicos", añade. Como si fueran artistas del renacimiento, la relación entre los catalanes e Italia es más de esos que aprenden y se inspiran sin cambiar de casa.

Barcelona es tierra santa para muchos italianos después del éxito de la selección azzurra en 1982 en el Mundial, especialmente con ese triunfo 3-2 contra el Brasil en el viejo Sarrià. Pero como es una relación complicada, en Catalunya se llora más por la derrota brasileña que por los tres goles de Paolo Rossi. O por las semifinales del Camp Nou, donde Italia derrotó a una Polonia que tenía el apoyo del público local. Ahora bien, la primera vez que unos italianos jugaron en Barcelona fue en 1922, cuando el famoso Pro Vercelli visitó la ciudad. Este club, que actualmente juega en el equivalente de la Segunda B italiana, entonces venía de ganar su séptima liga. Conocido como las casacas blancas, provenía de una ciudad industrial, Vercelli, donde habían llegado a ver cómo la selección italiana jugaba con 10 futbolistas de su club como titulares. El Barça, sin embargo, lo goleó por 5-0 y 3-1 en dos partidos. En 1928 el Barça, que entonces organizaba amistosos con los mejores clubes europeos, invitó al Turín. El equipo granata goleó por 0-5 y 0-4 y dejó tocado a un Barça que poco después ganaría la primera liga española. El Turín volvió a Barcelona en 1947 para jugar contra una selección catalana formada por jugadores del Barça, el Espanyol y el Sabadell, y también en 1950, cuando perdieron 3-1 con el Barça. Ese Turín que jugó en Barcelona en 1947 era el Grande Torino, considerado el mejor equipo que ha jugado nunca en Italia, que sufrió un final trágico por la muerte de los jugadores en un accidente de avión en 1949.

Desde entonces, el Barça ha jugado grandes duelos europeos contra un montón de clubes italianos, del Milan al Inter, de la Juve al Roma, de la Sampdoria que perdía finales europeas contra Cruyff al Udinese o el Fiorentina. Los equipos italianos han jugado el Gamper (Messi e Iniesta vivieron noches de gloria de verano contra la Juve o el Milan, por ejemplo) y, sobre todo, directivos de clubes italianos han negociado en la ciudad grandes traspasos, como los de Ronaldinho, De la Peña, Ibrahimovic, Mendieta, Eto’o o Pep Guardiola, que jugaría en el Brescia y en el Roma, y aprendería mucho de esos años. Una de las cosas que aprendió Guardiola, en Italia, es que es una tierra de genios, tal como explicaba al ARA hace unos años. "Se cuidaba mucho la preparación física, la defensa, pero de repente te encontrabas con jugadores como Baggio. Un genio con esa fantasía que le nacía de dentro, sublevándose contra aquel orden. Italia tiene estas cosas, guardo un gran recuerdo de esa época", decía a pesar de que en el Roma de Capello no tuvo mucha suerte. Sí, Italia siempre pare a genios como Totti, Pirlo o Baggio, listos para crear belleza en un fútbol italiano cada vez más ofensivo. De hecho, ahora mismo en la Serie A se marcan más goles que en la liga española. "El catenaccio está contra las cuerdas, por suerte", sonríe Zambrotta, que apunta a la influencia del Barça y la selección española para explicar este cambio.

Pero el Barça sigue sin italianos. Quizás todo habría sido diferente si en 1954 hubiera triunfado Sandro Puppo, el único entrenador del Barça, que estuvo un año en el club y acabó segundo en la clasificación. No lo hizo del todo mal, pero al no ganar nada, volvió a casa, sin consolidar una relación que muchas veces parece más viva en los despachos que en los campos. No hace tanto, el director deportivo de la Juve era catalán, Javier Ribalta, ahora en el Zenit ruso. Y el director de marketing del Barça fue hasta hace poco Francesco Calvo.

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