BARÇA

Josep Maria Bartomeu: un resiliente en el Camp Nou

La presidencia de Bartomeu vista por compañeros de junta, ex directivos y trabajadores del Barça

“¿Por qué no dimite? Porque a Barto le gusta ser presidente. Así de sencillo”. Corto y claro. La respuesta corresponde a un ex directivo del Barça después de la enésima polémica alrededor del presidente. Muchos se preguntaban cómo lo hacía para aguantar los golpes que recibía desde el entorno (y a veces desde el propioclub) y no renunciar. “De ser la diana de todo lo que pasa”. Una capacidad que admiraban especialmente sus compañeros de palco. Pero en la vida todo tiene un límite. Después de seis años y nueve meses, Josep Maria Bartomeu i Floreta, Barto, ponía punto y final a su mandato como presidente del Barça.

La destitución de Valverde, la contratación de Setién y su posterior cese, los primeros abucheos cuando en el Camp Nou todavía había público, el Barçagate, las consecuencias de la pandemia, el 2 a 8 en la Champions, el enfrentamiento con Leo Messi o la moción de censura. Estos son algunos de los conflictos con los que ha tenido que lidiar Bartomeu en este 2020. Hace un mes ya quería irse pero lo convencieron para que siguiera en el cargo. “Es una oleada de problemas que han venido todos de golpe. Él es humano y nota mucho el desgaste. Ya veremos hasta dónde aguanta, si puede aguantar”, comentaban desde su entorno hace unas semanas, cuando todavía todo el mundo creía que el presidente era invencible. Y atrás quedaban capítulos oscuros como la judicialización del fichaje de Neymar, el pacto con la fiscalía, el adiós del brasileño a París, el partido a puerta cerrada del 1-O, la sanción de la FIFA o las derrotas contra Roma y Liverpool en Europa. “Se tiene que ser muy fuerte para aguantar todo esto. Se han ganado 13 títulos con él de presidente pero parece que ninguno sea mérito suyo. En cambio, es responsable de todos los fracasos”, decía para defenderlo un compañero de junta. “Ha sufrido mucho desgaste, él y la familia, que a veces ha recibido insultos en la calle. Esto no lo ha llevado muy bien”, remata un ex directivo.

El desgaste del cargo

El Josep Maria Bartomeu de hoy no tiene nada que ver con el que asumió el cargo en 2014. “Aceptaba la crítica. Le gustaba. Pensaba que si se podía explicar, salía reforzado. Pero con el tiempo se fue cerrando, haciendo caso solo a su entorno más cercano. De tener una mirada muy abierta pasó a tener una mirada cerradísima”, comentan desde los despachos nobles. “Hasta el cuarto año de mandato, todo iba bien. Después empezó a ver fantasmas por todas partes. Como si todo el mundo estuviera en su contra y le quisiera hacer daño”. “Era el desgaste. A Laporta le pasó una cosa similar. Los últimos años era muy complicado relacionarse con él”. “Ha tomado decisiones que no tenían en cuenta a las personas, solo los números. Y eso ha hecho que el ambiente acabara siendo muy nocivo. Nunca había visto estas caras tan amargas en el club”, añaden dos trabajadores del Barça, que se quejan del trato, a veces despectivo, que había tenido hacia los que no eran “de su cuerda”.

Porque, al ya expresidente, le reprochan, sobre todo, que no haya sabido escoger buenos compañeros de viaje. “Un directivo se tiene que rodear de personas de mucha confianza y que sean grandes profesionales, y no personas que solo vean en el club una oportunidad para sacar un beneficio personal”, dice un antiguo compañero de directiva y confirman miembros de la junta y empleados. “Lo ha perdido la mentira, el hecho de tener un discurso doble. A ti te decía blanco y a mí me decía negro. Y se quedaba tan ancho. Un día, no pasa nada. Pero a la larga eso acaba generando desconfianza”, añaden.

Directivo con Laporta

Este empresario, conocido por construir fingers y pasarelas para puertos y aeropuertos, empezaba su periplo en el Barça en 2003, como directivo responsable de secciones durante la época de Joan Laporta. Sería breve, puesto que en 2005 dimitiría conjuntamente con su amigo Sandro Rosell y los también directivos Jordi Moix y Jordi Monés. Los cuatro volverían al club en 2010, con la candidatura ganadora de Rosell. En enero de 2014, Bartomeu, vicepresidente primero, pasaría a presidente por la renuncia de Rosell. Justo un año después, convocaría elecciones para frenar una crisis deportiva que parecía insostenible. Cosas del destino, aquel Barça, con Luis Enrique en el banquillo, empezaba a funcionar y acababa ganando el triplete. “Y ahí empezó todo”, explica su entorno más crítico.

“Todo” quiere decir que en enero de 2015, después de anunciar las elecciones, las encuestas daban una ventaja de 65%-35% a Joan Laporta. Pero con el triplete la percepción del socio cambiaba y Bartomeu era escogido con el 55% de los votos. “Es como si él no hubiera ganado, sino que fuera cosa de los jugadores. Aquello marcó un antes y un después con el vestuario”, le reprocha un ex directivo, porque no había tenido suficiente autoridad con la plantilla. El ejemplo más claro es el del 1-O, cuando la junta acordó suspender el partido contra el Las Palmas pero Bartomeu se echó atrás por la oposición de la mayoría de los jugadores. “Fueron los futbolistas los que lo bautizaron como Nobita, los mismos a los que mimó y renovó, y los mismos que lo criticaron públicamente cuando no obtenían un aumento salarial”, añade un empleado.

Bartomeu abdica tras perder el pulso con el Govern

Pero Bartomeu, a pesar de todo, no cambiaba de manera de ser. Un día, en una conversación informal, explicaba cómo había acabado una reunión con el representante de un futbolista. “Le dije que para él era un negocio. Que soy yo quien lo hace gratis”. Unas semanas después, este jugador, Rakitic, acabaría desistiendo. “No es rencoroso. Es paciente y sabe esperar sin tomar decisiones en caliente. Prefiere que la situación se calme y, con suerte, desaparezca el problema y no tenga que intervenir. Y a menudo le salía bien”, apunta un ejecutivo, que observaba cómo el presidente a menudo hablaba del Barça en tercera persona: “Normalmente te preguntas, ¿qué haremos hoy? Él decía: ¿que harán hoy?”

En estos casi siete años, el primer equipo de fútbol ha ganado 13 títulos, entre los cuales cuatro Ligas y una Champions. También se ha impulsado el fútbol femenino, se han llegado a superar los 1.000 millones de ingresos y se ha dejado el proyecto del Espai Barça a punto de caramelo para ser construido. Pero también ha sido una época de inestabilidad, a todos los niveles. Bartomeu ha conocido cinco entrenadores (Martino, Luis Enrique, Valverde, Setién y Koeman) y cinco secretarios técnicos (Zubizarreta, Robert Fernández, Pep Segura, Abidal y Ramon Planes). Ha tenido tres directores generales (Antoni Rossich, Nacho Mestre y Òscar Grau), diferentes jefes de comunicación, tres 'compliance officer' y cambios constantes en la estructura ejecutiva. "Proyectos así no han funcionado bien en ninguna parte", apuntan desde oficinas.

"Su suerte es que ha sido coetáneo de Messi". Casi cada domingo la pelota entraba y el socio, en general, estaba contento. Hasta que un día se acabó la magia. “Era alguien que siempre caía de pie. A veces le llamábamos Floreta. Recibía por todas partes y estaba en todos los conflictos, pero siempre salía adelante. Podía quemarse el estadio y él aparecía con esa sonrisa que parecía que no pasara nada. Era un resiliente”, recuerda uno de los nuevo directivos que habían decidido irse a medio mandato. Pero esa resiliencia no era infinita y Bartomeu anunciaba la dimisión, curiosamente, el día siguiente de decir en público que “no había motivos para dimitir”. Lo que solo era una "crisis deportiva" ha acabado siendo una naufragio institucional. 

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