La caja fuerte del Barça pide auxilio

Tras el mercado de fichajes, el club cierra el presupuesto de una temporada económicamente difícil

El área económica del Barça seguía con preocupación los últimos días de la última temporada 2018/19, a finales de junio, porque los números no cuadran del todo. Finalmente, con los traspasos de Cillessen, André Gomes o Denis Suárez se cerraron los números en verde. Un año con récord de ingresos. Pero también -lo más preocupante- con récord de gastos, muy por encima de las previstas. Dentro del club, se habría visto bien vender Rakitic para ayudar a una economía que vive al límite, pensando ya en este ejercicio 2019/20.

La gestión económica de Josep Maria Bartomeu no tiene mucho que ver con la de Sandro Rosell. Si el mandato de Rosell se caracterizó por la austeridad y el control exhaustivo de los gastos -beneficiándose, en parte, de que entrenadores como Guardiola o el desaparecido Tito Vilanova apostaban mucho por la cantera-, la etapa actual ha sido mucho más laxa a la hora de invertir, sobre todo en futbolistas de fuera. Han subido las inversiones porque también ha subido la recaudación. Un capítulo, este último, en el que la junta de Bartomeu puede presumir de haberse acercado a los 1.000 millones y de haber multiplicado casi por dos los ingresos en sólo un lustro. La temporada 2013/14, cuando se hizo cargo del equipo tras la dimisión de Rosell, se cerró con 530 millones facturados. Este verano se han facturado 990. Ahora bien, este récord histórico en el Barça y los clubes deportivos ha ido de la mano con un récord de gastos: 973, más del doble de los 472 gastados hace cinco años.

Hace meses que en el club se han encendido las luces de alarma. La situación, aseguran desde los despachos nobles, no es crítica, pero sí que se está entrando en un terreno peligroso. Sobre todo porque van aumentando las inversiones pero se prevé un estancamiento de ingresos. Desde el 2015, año que el Barça ganó el triplete de Liga, Copa y Champions, todos los futbolistas titulares en la final de Berlín pasaron por las oficinas para mejorar el contrato. Algunos, dos veces. Entre esto y la incorporación de jugadores muy caros -en traspaso y salario-, el coste deportivo se ha disparado.

El Barça había presupuestado para este curso unos gastos de 929 millones, pero en realidad se han gastado 973. El club aún no ha desvelado oficialmente cuánto dinero ha invertido en cada partida, aunque el coste deportivo ha estado por encima de las expectativas, rondando los 650 millones. Este importe, que significa más del doble que hace un lustro, es lo que realmente preocupa a algunos sectores de la entidad, porque son gastos fijos que sólo se pueden ahorrar vendiendo jugadores. O sea, perdiendo capital deportivo. De hecho, esta temporada el Barça ya había previsto 131 millones en el capítulo 'otros' de los presupuestos, lo que se utiliza para los ingresos extraordinarios y que incluye los traspasos. Dicho de otro modo, había convertido en ordinarios unos beneficios que nunca lo habían sido. Gracias a los movimientos de la última semana de la última temporada, en junio, se cumplió in extremis con los objetivos previstos. No será una anécdota, porque uno de los retos para el futuro es que el Barça, históricamente un club buen comprador y mal vendedor, saque partido económico de los futbolistas, sobre todo de los formados en la cantera. Este año, más de un 10% de los ingresos han venido de las ventas y en los próximos cursos la cifra puede llegar al 20%. A principios del curso pasado, el tesorero Enrique Tombas hablaba de "política de contención" a nivel salarial, y se daba la orden de paralizar las renovaciones que había sobre la mesa. Al final sólo se completó la de Jordi Alba, pero se negó el aumento a Ivan Rakitic, uno de los jugadores que tenían que irse este 2019 para hacer cajón pero que acabará jugando un año más en el Camp Nou. También Carles Tusquets, presidente de la comisión económica, advirtió durante la asamblea de compromisarios que los presupuestos eran "exigentes pero asumibles", y aconsejó ser más cuidadoso con la gestión de la tesorería de un club que durante este otoño pudo obtener 140 millones a través de la emisión de títulos de deuda, tal y como informó 'Palco 23'.

Sin ingresar 222 millones por la venta de Neymar al PSG, en 2017, medio año después el club tuvo que pedir al Liverpool que aceptara un pago a plazos en el traspaso de Coutinho, ya que el dinero se había invertido en los fichajes de Dembélé (105) y Paulinho (40) y en otros gastos ordinarios. Esto significa que la deuda con el Liverpool, ahora mismo, es todavía de 93 millones. Y este verano, para poder afrontar el pago de la cláusula de rescisión de Griezmann -ya que el Atlético no quiso negociar-, tuvo que pedir un anticipo por valor de 85 millones del dinero a cobrar por los traspasos realizados a otros clubes.

La deuda se ha disparado y ya está por encima de los 500 millones de euros, sumando los diferentes conceptos. Una cifra que significaría incumplir los estatutos -y forzaría la dimisión de la directiva-, aunque gracias al cambio de criterio contable -utilizando el nuevo de la Liga y no lo que se había usado históricamente- queda fijado a nivel oficial en unos 200 millones. Las cifras no se harán públicas hasta finales de septiembre, cuando también se cierren los presupuestos para este curso que acaba de comenzar.

Y todo ello en un momento en que el club está dispuesto a sacar adelante el proyecto más importante de su historia, el Espai Barça, consistente en la remodelación del Camp Nou y la construcción del nuevo Palau Blaugrana, obras cifradas en más de 600 millones. Un proyecto que debía comenzar en 2017 y que se ha aplazado, al menos, hasta 2020; que aún no tiene el patrocinador que tenía que poner más de 200 millones, y que está pendiente de un nuevo sistema de financiación para hacerlo viable, según explicó La Vanguardia. Aunque los gastos son cada vez mayores, desde el Barça insisten en hablar de los ingresos, que es donde la junta pone realmente el acento.

Nuevas vías de ingresos

La generación de dinero, de hecho, ha ido claramente al alza, y esto se ha convertido en uno de los grandes méritos de la directiva de Bartolomé. Más allá del crecimiento en los traspasos, ha habido un salto adelante en todas las áreas. La única que se mantiene intacta es la correspondiente a los socios, que representan 18 millones por temporada, y que no se tocará porque es un compromiso electoral de esta junta -aunque, en este punto, el margen de mejora sería relativamente pequeño-. Los cambios han sido, sobre todo, en el área de marketing, que ha duplicado los ingresos en cinco años, de los 169 de 2014 a los 356 presupuestados para el 2019. El club, que se ha hecho fuerte con los contratos con Nike y Rakuten, ha cambiado la estrategia para exigir más dinero a los patrocinadores, dejando atrás el romanticismo y tratando a los anunciantes con el rigor con que lo haría una empresa sin ataduras emocionales. Pero esta política corre el riesgo de estancarse. El ejemplo es lo que ha pasado con Lassa, Gillette y Audi, que pagaban alrededor de cinco millones cada uno mientras que el Barça esperaba obtener el doble. Aunque el caso de Lassa se explica por la depreciación de la lira turca, el resultado es que las secciones están esponsorizadas por Asistencia Sanitaria, que en vez de 5 millones pagará poco más de 3. Y el nuevo acuerdo con Cupra, oficializado domingo, no mejorará mucho el que pagaba el antiguo sponsor.

También se espera un estancamiento en el concepto de derechos audiovisuales, que habían aumentado considerablemente gracias, sobre todo, al nuevo reparto televisivo de la UEFA. El caso es que tanto el dinero proveniente de la Champions como los de la Liga se mantendrán más o menos similares en el próximo trienio. También se está llegando al límite en el concepto de venta de entradas, que había pasado de los 128 millones a los casi 200 de la temporada pasada con el nuevo modelo de gestión del Asiento Libre y de los asientos VIP. Una partida que puede aumentar los próximos años, pero a un ritmo mucho más lento, al menos hasta que se haya hecho la remodelación del Camp Nou.

El Barça se encuentra ante un reto de dimensiones mayúsculas, ya que difícilmente podrá mantener el ritmo de crecimiento económico, porque la única partida que puede mejorar a corto plazo es la de la gestión de las tiendas Nike. La contención en los gastos y, sobre todo, en el coste salarial, son las claves para la supervivencia de un club acostumbrado a vivir al día, hasta que la caja fuerte ha pedido auxilio.

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