BARÇA

El Messi más terrenal enfila la rampa de salida

El argentino, que sigue decidido a no renovar, solo ha marcado cuatro goles en diez partidos ligueros

Cielo tapado alrededor de Leo Messi esta temporada. El argentino habría preferido cambiar de equipo después del histórico 2-8 en Lisboa pero tuvo que asumir un año más el brazalete de capitán en un contexto de transición, con la junta amenazada por un voto de censura, su amigo Luis Suárez regalado al Atlético de Madrid y la economía del club bajo mínimos. Han pasado tres meses y medio del burofax y solo ha cambiado una cosa: la cara visible en el palco. Efectivamente, Bartomeu ya no está. Pero el ambiente continúa cargado alrededor del 10, incluso con nuevos elementos de incomodidad como Carles Tusquets, que hace unos días, lejos de desear su continuidad en el equipo, lamentó no haberlo vendido en verano.

Hores después del patinazo del presidente de la gestora del Barça, y de la contundente respuesta de Ronald Koeman en rueda de prensa, Messi volvió a comprobar que el enrarecimiento vinculado a su figura también se extrapola al rendimiento que ofrece en el césped. En Cádiz, donde el equipo azulgrana cayó por cuarta vez en la Liga -queda a 12 puntos del Atlético de Madrid-, el de Rosario chocó otra vez contra una realidad dolorosa. A pesar de que fue el futbolista que más participó en el partido y que más chuts hizo a la portería rival (10), embarcó en el vuelo de vuelta a Barcelona con una derrota más en el saco, los mismos goles que la semana anterior (4) y un dato bastante preocupante en cuanto a pelotas perdidas (29). Es tan indiscutible que se vació en Carranza como que ha dejado de decidir a los niveles que eran habituales en él y que han llevado al Barça a dominar el fútbol estatal en los últimos años.

Los números ayudan a explicar al Messi más terrenal. El 10 ha marcado solo siete goles en partido oficial esta campaña, cinco de los cuales desde el punto de penalti. Y los dos restantes, de jugada, los convirtió en partidos ya resueltos contra el Betis y Osasuna. Esta temporada no ha servido para cambiar una racha que viene de lejos sobre todo fuera de casa en la Liga, donde solo acumula dos dianas en las últimas 16 visitas, un registro muy pobre para un futbolista que hace unos años era capaz de marcar como mínimo un gol a todos los equipos de la competición. Ahora mismo parece difícil que pueda reeditar un Pichichi que consiguió el curso pasado con 25 goles. Por no hablar de la dificultad que está teniendo para acertarla en un arte, el del lanzamiento de faltas, que controla como nadie. Messi ya acumula 63 chuts a pelota parada sin introducirla en la red. Ahora bien, hay que decir que en Cádiz estuvo muy cerca de romper la dinámica.

El PSG, al acecho

Pero la versión reducida del argentino también depende del ecosistema que Koeman le ha tejido desde el banquillo y de los compañeros que lo rodean. El entrenador insiste con un dibujo sin interiores que le es poco familiar y lo obliga a asumir todos los pases de riesgo a la zona de tres cuartos. Además, ha tenido que volver a partir de la banda derecha para ayudar a la adaptación de Griezmann, que prefiere jugar de media punta por detrás de una referencia ofensiva que ahora mismo solo puede ser Braithwaite, un jugador tan trabajador como poco habilidoso en espacios cortos. Gana peso la leyenda de que el Barça juega mejor sin Messi, pero la realidad es que solo Griezmann nota en positivo la ausencia del 10 contra rivales flojos como el Ferencváros y el Dinamo de Kiev. De hecho, el capitán azulgrana generó tres de los cuatro goles el día de Osasuna y contra el Cádiz intervino en la diana en propia puerta de Alcalá.

Se acerca Navidad, el burofax ha quedado atrás y Bartomeu dimitió. Sin embargo, Messi, fastidiado por la bajada deportiva y poco predispuesto a escuchar cómo los aspirantes a la presidencia del club lo intentan convencer para que renueve, continúa decidido a irse el 1 de julio. Neymar Júnior es consciente de ello y ya ha empezado a moverse para que el PSG  haga el esfuerzo para reclutar a su amigo en un momento de debilidad monetaria e institucional del Barça. El brasileño, desprovisto de toda inocencia, dijo: "Quiero volver a jugar con Leo y a ver si lo podemos hacer el año que viene". Ante una propuesta así, el argentino tendría más dudas si el equipo lo hiciera feliz, si divisara signos de recuperación a corto plazo, si "le llegara" para poder ganar la Champions. Pero, tal como va la temporada, todo lo invita a continuar pensando que la mejor opción es enfilar la rampa de salida.