Espanyol

Una década del regreso a casa del Espanyol

Cornellà-El Prat cumple diez años con un estreno europeo que debe que debe servir de aliciente

Hoy hace una década exacta, el corazón de miles de aficionados blanco-y-azules volvió a latir con fuerza viendo como, doce años después de llorar porque el mítico estadio de Sarrià se convertía en un cúmulo de escombros y polvo, el RCD Espanyol volvía a tener casa propia. Cornellà-El Prat se inauguró oficialmente el 2 de agosto de 2009 con una fiesta con el Liverpool como invitado estrella (3-0). Pocos días antes, sin embargo, ya había abierto las puertas para acoger a la mediática presentación de Sunsuke Nakamura y un torneo triangular amistoso entre veteranos del Espanyol, el Cornellà y el Prat. Sin una pista de atletismo de por medio, el aliento de la afición volvió a retumbar con una potencia que solo recuerdan los que pisaron el viejo Sarrià. "Impacta la visibilidad que hay, parecida a la de Sarrià, pero ahora ha subido el volumen de la afición. El ambiente de fútbol, que además se puede ver fantásticamente, muy cerca y con un ruido de mucha presión sobre el equipo rival... Es brutal", confiesa José Miguel, el socio 5.000 del club.

De Schwarzenegger a Cornellà

La semilla de este majestuoso estadio, que transportó la entidad a una nueva era, más moderna, profesional y también más bien enfocada en el mundo empresarial, se plantó a principios del siglo XXI, concretamente el 9 de noviembre de 2000. El Espanyol perdió ese día contra el Grazer austríaco (1-0) en un partido de la Copa de la UEFA, pero un consejero del club, Ramón Raventós, se fue del entonces denominado estadio Arnold Schwarzenegger con una prometedora idea: "Tenemos que construir un campo como este, bonito, moderno y útil". Meses más tarde, Raventós se encontró con un amigo y compañero en el World Trade Center de Barcelona, Enrique García Castaño, que le echó una mano dándole el contacto de José Luis Morlanes, en ese momento teniente de alcalde de Urbanismo de Cornellà (y más tarde vicepresidente económico del Espanyol). "Hubo buena predisposición del Ayuntamiento. Negocié la viabilidad de los terrenos y como podía ser el estadio ... todo ", expuso Raventós poco después.

Una vez recibidas algunas propuestas para situar el estadio, el consejero 'espanyolista' consultó al arquitecto del estadio del Grazer: "Me dijeron que les había costado 2.000 millones de pesetas (unos 12 millones de euros). Allí empecé a verlo claro ". El presidente blanquiazul de entonces, Dani Sánchez Llibre, no sabía nada, hasta que un día Raventós le propuso: "Podemos hacer un campo en Cornellà. Lo tengo casi todo atado ". El presidente le respondió: "¿Estás loco, Ramon?". Meses después de haber visto los primeros borradores arquitectónicos confeccionados por los expertos del World Trade Center y de ver que, en coche y transporte público, aquella zona estaba casi mejor comunicada que Montjuïc, Sánchez Llibre dio el visto bueno a la propuesta. El presidente, que había lamentado que en el Estadio Olímpico no podía "ni vender un perrito caliente", vio con buenos ojos la posibilidad de volver al Espanyol el patrimonio perdido con la venta de Sarrià.

La burbuja dispara el precio

Pero el proyecto del nuevo estadio sufrió varias modificaciones: primero estaba previsto construir un hotel y un centro comercial; después dos hoteles y un supermercado en el mismo recinto del campo. Finalmente no hubo ningún hotel y el espacio terminó siendo un gran complejo de ocio (el Splau). Aquellas actividades tenían que dar a la entidad los beneficios suficientes para pagar un campo que esperaban que tuviera un coste prácticamente nulo. En 2002, el Espanyol calculaba que aquella operación podría elevarse hasta los 30 millones de euros, de los que confiaba tener que pagar únicamente tres. Pero desde la entidad ya se advertía de algunos riesgos: "Si pensamos que gastaremos cero y al final nos cuesta muchos millones, este dinero nos impedirá fichar a buenos jugadores para atraer al público". Finalmente, la operación terminó costando 80 millones al Espanyol. En marzo de 2003, el estudio de arquitectura Reid Fenwick Asociados y Gasulla Arquitectura y Gestión ganó el concurso para construir el estadio. Para salir adelante con la compleja situación financiera, el Espanyol tuvo que pedir un crédito sindicado que terminó ascendiendo a 65 millones. "Si pudiera volver atrás, no construiría el nuevo estadio. Hacerlo fue el principal error de mi mandato, porque el boom urbanístico inmobiliario se nos fue de las manos ", confesó en 2018 el mismo Sánchez Llibre.

La deuda del club subió sin cesar (en 2016, cuando entró rastro Group, era superior a 190 millones de euros), y el Espanyol se resintió en su césped, con ventas de jugadores forzadas y salvaciones milagrosas como las de 2006 y 2009. Esto alimentó las luchas internas entre las históricas familias pericas, dominadoras de buena parte de las acciones del club, que convirtieron el día a día y las juntas de accionistas en auténticas ollas a presión institucionales. "Para el nuevo estadio pasa el auténtico futuro del club, aunque la oposición diga que no es la solución", dijo Sánchez Llibre en 2006. Al año siguiente se inició la estructura del estadio y el socio más antiguo de la época, Santiago García Martínez, inauguró la reserva de localidades escogiendo cuatro asientos en el sector 116. En 2009, Cornellà-el Prat ya era una realidad. Una casa propia, de inspiración inglesa por la proximidad con el público, y que rompía los doce años de exilio en Montjuïc. Un campo, este último, que podría haber seguido siendo aún hoy la casa del Espanyol si Joan Clos, alcalde de Barcelona, hubiera propuesto antes ceder el Estadio Olímpico por 29 años y sin pistas de atletismo con un contrato de un euro. La propuesta llegó demasiado tarde, porque el acuerdo para irse de Barcelona ya se había cerrado.

Ahora le toca al RCDE Stadium escribir las páginas más doradas de una historia que comienza a saborear Europa, pero que todavía añora las tardes mágicas que marcaron diferentes generaciones de pericos durante los 74 años de vida de Sarrià.

Un campo cada vez más productivo

Con la venta de los terrenos donde está el Splau al Grupo Lar y Grosvenor se recuperaron 39 de los 80 millones que costó el estadio. Rastro permitió liquidar el crédito sindicado (40 millones) y la deuda con la UTE constructora (23) del RCDE Stadium. El campo genera más de 12 millones anuales en 'sponsoring', 'hospitality', eventos comerciales y nuevos negocios. Este verano, si se cumplen los últimos plazos, se inaugurará un túnel de viento que se empezó a construir en 2015. Desde entonces (y hasta 2030), el Espanyol cobrará 300.000 euros anuales a Windoor como inquilino, cifra que se incrementará cuando esté activo. Entonces el club podrá ocupar los 1.800 metros cuadrados que quedarán libres en ese córner. Llenar de más actividad la fan zone; reactivar la pantalla gigante -hay un litigio abierto con la empresa constructora, en liquidación-, y encontrar un sucesor a Power8, que pagaba unos 2,75 millones por los 'naming rights' antes de quebrar, son los otros retos. Antes de la inauguración del campo, una consultora estadounidense ayudó al club a buscar empresas locales. Ahora la investigación continúa, pero con el reto de encontrar un socio global.

Fidelizar público joven para volver a crecer

Haber perdido a más de 8.400 espectadores de media en una década -unos 160.000 asistentes anuales menos- es la gran losa. En los dos primeros cursos enteros con Chen Yansheng se remontó hasta el 50% de asistencia, pero no se ha podido volver a las cifras de los tres primeros años de vida del estadio. La entidad quiere combatir las cifras actuales con nuevas políticas de abonos con descuentos para los más jóvenes y los más fieles. "Hay un perfil de fieles que irían al estadio incluso a Segunda B. Pero los 15.000 que faltan sólo vendrán cuando puedan disfrutar de victorias y de jugadores atractivos. Por suerte, el club tiene una base consolidada a lo largo de la historia", señala el anterior dircom del club, Xavi Salvatella. Reunir los dos principales grupos de animación en una grada única es uno de los retos pendientes. El otro, convencer a las administraciones públicas para mejorar los accesos en transporte público y privado, un objetivo aún más complejo. Antes llegará la prohibición del humo: el próximo curso en el sector 134 y en el palco presidencial, mientras que en 2020-21 la ley la impondrá en todo el estadio.

Continuar sumando triunfos en Europa

El estreno del RCDE Stadium en la Europa League la semana pasada contra los islandeses del Stjarnan llevó la victoria 100 en los 214 partidos oficiales disputados en un estadio que debía suponer un salto a escala deportiva del club. "Los expertos dicen que en un estadio como este podemos sacar ocho o diez puntos más que en Montjuïc", dijo Sánchez Llibre en la inauguración del campo. Una década después, el Espanyol ha registrado una media de 30,7 puntos en el RCDE Stadium, ligeramente por debajo de los 31,08 que obtuvo en las doce temporadas en el Estadio Olímpico. Y eso que el curso pasado, con Rubi, se batió el récord como local (36 puntos) con la primera clasificación europea en este recinto. Sergio García, con 26 dianas (dos más que Gerard Moreno), es quien más goles ha marcado. Tumbar al Barça en la Liga es un reto pendiente (ya lo hizo en la Copa). Europa debe ser este año un aliciente para ayudar a llenar un estadio que ha acogido 66 partidos entre semana y 148 en fines de semana, y que ya ha demostrado estar preparado para organizar partidos del primer equipo femenino, que esta temporada ya jugará en él dos partidos oficiales.

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