BARÇA

El mejor homenaje del Barça a su historia (4-0)

Con Griezmann enchufado, Messi pensando en Maradona y Braithwaite titular, golea al Osasuna

Messi homenajeando a Maradona con una camiseta de Newell's de la época en la que el Pelusa jugaba / FC BARCELONA

Pocas cosas incomodan más que una fiesta de cumpleaños con caras largas. El Barça, soplando velas, se merecía estar tranquilo el día que, de paso, se despedía de Maradona. Y la fiesta, llena de muestras de complicidad y risas, tenía reservada una sorpresa final con el gol de Messi, que llevaba bajo la camiseta del Barça su segunda piel, la camiseta de Newell's Old Boys que en 1993 llevó Maradona. La fiesta ha sido casi redonda, a pesar de que en el Barça, ahora mismo, siempre falla algo. Hoy se ha lesionado de nuevo un central, Lenglet. Koeman ha acabado con Mingueza y De Jong en el eje de la defensa. Las cosas no siempre salen como uno querría, como descubrió Maradona en el Barça. Al talento, siempre hay que unirle trabajo. Y un poco de suerte.

Pero a la hora del vermut ha llegado una goleada plácida contra la Osasuna, importante para los azulgranas para mantenerse vivos en la Liga, pero también para los caminos explorados por Koeman. Su Barça, con Braithwaite de estilete, ha jugado bien, ha visto como Mingueza se consolida y como Griezmann convierte el césped en el escenario en el que defenderse de las críticas. Mejor hablar en el césped que fuera, ¿verdad?

En 121 años, el club las ha visto de todos los colores, a pesar de que no era normal ver al Barça perdido en la clasificación, más cerca de la parte baja que del liderato. El único club que cada año se ha clasificado para jugar en Europa necesitaba derrotar al Osasuna si no quería llegar a la Navidad convertido en un hazmerreír. Sí, es un temporada extraña por culpa de la pandemia, un calendario hipertrofiado y con diferentes incendios institucionales, pero el equipo de Koeman ya se había equivocado demasiado en la Liga. Si el rumbo a la Champions parece seguro, en la Liga equivocarse ya no es una opción. Y así ha sido. El Osasuna ha pagado el pato y el Barça recupera posiciones en la clasificación. Gana tiempo, gana calma. Se carga de razones para seguir adelante. La goleada, de hecho, esconde un poco las miserias y los pecados de un club que vive un año complicado. Pero el barcelonismo se merecía un día como este, cuando la pelota entra y todo parece más fácil.

Pedri, en la sala de máquinas

Para hacerlo, Koeman ha llenado el césped de jugadores con talento. Nunca antes había apostado por un equipo tan ofensivo, con tantos futbolistas que suelen mirar adelante de forma obsesiva. Pedri, que antes de ser mayor de edad ya toma exámenes que muchos adultos suspenden, ha jugado en el doble pívot junto a De Jong, con la tarea de hacer llegar la pelota a una segunda línea temible, con Griezmann, Messi y Coutinho. La apuesta ha salido bien, en parte gracias al menos mediático de todos, Braithwaite. El danés, después de marcar un par de goles en Ucrania, ha sido premiado por Koeman. Y con un delantero puro, el Barça ha atacado mejor. Braithwaite ha necesitado lesiones, una planificación deportiva horrible, una pandemia y una crisis económica para poder ser titular al Barça. Los astros se han alineado en su favor, pero él aprovecha esta oportunidad con una pasión que lo convierte en un futbolista fácil de querer. El danés encarna aquel tipo de gente trabajadora, con menos talento que otra, que no desfallece hasta que supera todos los obstáculos.

Y suyo ha sido el primer gol, tan feo como valioso, dentro del área, después de rematar dos golpes, el segundo con la rodilla. Un gol que abría la lata y premiaba los insistentes ataques de un Barça alegre arriba, pero todavía un poco inestable detrás. El Osasuna habría podido hacer daño en alguna aproximación, pero sus ataques han servido para poner una nota alta a Mingueza, que ha debutado en la Liga junto a Lenglet. El joven central de La Masía, tal y como hace Braithwaite, sabe que en condiciones normales no estaría jugando. Y, por lo tanto, lo da todo para hacer que estos días le abran las puertas a un futuro mejor. En el descanso, de hecho, el trabajo parecía hecho, puesto que Griezmann, después de una gran jugada colectiva liderada por Messi, se ha inventado un gol precioso desde la frontal. El segundo gol en dos partidos del francés, que parece haber entendido que el mejor lugar para hacer declaraciones es el césped, con goles. Con hechos.

Consciente de que el Madrid parece tan inestable como el Barça, el equipo de Koeman se ha autorregalado, en una fecha especial, un triunfo plácido. Le hacía falta en la Liga. De hecho, Koeman ha preferido evitar riesgos, una vez ha visto que los tres puntos no se escaparían, enviando Pedri al banquillo en el descanso para hacer jugar a Busquets junto a De Jong. Algo más de cemento para evitar hacerse daño. El Osasuna, aún así, en ningún momento ha hecho daño a un Barça enchufado que ha sentenciado rápidamente, con un tercer gol obra de Coutinho, a pesar de que el trabajo lo ha hecho Griezmann, que ha recuperado la pelota y ha dado la asistencia. El francés, cómodo con Braithwaite, ha conectado bien con el brasileño y también con Messi. Koeman, pensando en sumar, ha dado minutos a Trincao y Dembélé, que ha marcado un gol - en fuera de juego.

Messi, el capitán

Messi, de hecho, ha sido el mejor. Y no ha parado hasta dedicarle un gol a Maradona, el hombre que afirmó que él lo superaría, el técnico que después lo dirigió en la selección y de quien acabó un poco alejado. A veces hay que enfrentarte a tus ídolos, a tu padre, para crecer. Y Messi lo hizo con Maradona, un ejemplo para tener presente, para saber qué puede pasarte cuando el éxito te supera. El fútbol es una buena lección de vida, y Messi parece que la tenía presente. Su liderazgo ha sido delicioso, sin estridencias. Ha sido el argentino Messi, con el 10 en su espalda, quien ha entendido mejor el partido, quien ha puesto la calidad y quien ha ejercido de líder. Y para cerrar la fiesta, ha marcado un gol precioso, para poder mostrar al mundo la sorpresa que tenía preparada: la camiseta que Maradona llevó en el Newell's en 1993, cuando al pequeño Leo, de seis años, le parecía increíble ver a Diego en su club, sin imaginar que, un día, subiría a su trono. Y que lo lloraría de la mejor forma posible: con un gol inolvidable.

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