FUTBOL

Jugadores con el puño levantado en un fútbol con doble moral

El PSG golea por 5-1 en el partido parado el martes por el racismo del cuarto árbitro

Jugadores con el puño levantado en un fútbol con doble moral / EFE

Arrodillados, con el puño levantado. Revolucionarios con botas de fútbol, deportistas millonarios que por un día no olvidan que también son ciudadanos y se suman a un lucha universal. Los futbolistas del PSG y el Basaksehir turco decidieron no continuar jugando el partido de Champions del martes porque el cuarto árbitro, el rumano Sebastian Coltescu, se refirió al segundo entrenador de los turcos, el camerunés Pierre Webó, como “ese negro”. 24 horas después, los dos equipos acabaron el partido, con goleada de los franceses por 5 a 1, un resultado que les permite acabar primeros de grupo. Y antes de volver a empezar con un nuevo árbitro, el neerlandés Danny Makkelie en lugar del rumano Ovidiu Hategan, se arrodillaron con el puño levantado. “Es una imagen muy potente que esconde un problema muy grande. La UEFA se ha posicionado en la lucha contra el racismo, pero cuando el supuesto racista es uno de sus trabajadores, un árbitro, se ha mantenido en silencio”, dice el periodista francés Nicolas Kssis-Martov, de la revista So Foot. “Haces muchas campañas, cosa positiva, pero duele si el racista no es un forofo, a quien es fácil criticar, sino un árbitro”. La prensa rumana ha argumentado que el de Coltescu, más que racista, ha sido un comentario poco afortunado al equivocarse usando esta expresión “para indicar fácilmente a quien se tenía que amonestar del banquillo”. La UEFA, por cierto, ha retirado la amonestación a Webó, que fue expulsado.

Los futbolistas de los dos equipos se unen a una lista cada vez más larga de jugadores que decidieron parar partidos hartos de los insultos. Futbolistas como Eto’o, Balotelli, Koulibaly, Lukaku, Muntari o Kean, muchos de ellos influenciados por el deporte norteamericano, donde grandes deportistas no han dudado en luchar contra el racismo. “Mbappé, la gran estrella del PSG, siempre se ha tomado muy seriamente este tema y fue de los primeros en apoyar a los turcos. En 1968 futbolistas profesionales ocuparon la sede de la Federación. Ahora finalmente deportistas millonarios parecen actuar ocupando el espacio que tendrían que tener las autoridades del fútbol contra el racismo", razona Kssis-Martov. El problema es este. Los clubes de estos jugadores no serían ejemplares. El PSG es propiedad de un fondo inversor de la casa real catarí, un estado acusado de no respetar los derechos humanos de trabajadores extranjeros o de homosexuales, por ejemplo.

La sombra de Erdogan

Y el Basaksehir es un club casi sin forofos fundado por el Ayuntamiento de Estambul y controlado ahora mismo por empresarios del partido político del primer ministro turco, Erdogan. Justo cuando Turquía protagoniza más casos de denuncias por no respetar los derechos humanos en su casa, en Siria o en Nagorno-Karabakh, el club símbolo de Erdogan aparece como un estandarte de las libertades. Pero Mickaël Correia, autor del libro Una historia popular del fútbol, defiende el gesto de los futbolistas en el Parque de los Príncipes. “Es importante que sean los deportistas los que generen debate, los que tomen partido y fuercen a sus clubes y a las instituciones a tomar partido”, dice.

“Estoy contra el racismo, pero ahora cada cosa que le dices a un negro parece racismo”, argumentaba sobre el debate el técnico del Benfica, Jorge Jesus. No todo el mundo lo ve igual. Y de momento, Coltescu no ha sido sancionado por la UEFA, un organismo que en el consejo directivo solo tiene personas de raza blanca. La lucha contra el racismo, sin embargo, sigue ganando algunas batallas gracias a deportistas valientes. Y algunos, con doble moral, como Neymar. Que levanta el puño pero apoya a Bolsonaro en Brasil.

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