EL OBSERVATORIO

El diablo se esconde en la pandemia

¿Recuerdan la anterior amenaza mundial, aquella que esclavizaba, asesinaba, violaba y sometía a millones de personas a un régimen de terror y exportaba sus ataques a Occidente para inyectarnos miedo? ¿Recuerda aquel Califato que olvidamos tan pronto como Donald Trump decidió que había sido derrotado? Pues prepárense para su regreso. La pandemia se ha convertido en una baza del ISIS, que aprovecha la lucha contra la covid-19 para reorganizarse. La paciencia caracteriza a un grupo que sabe manejar los tiempos y los silencios para agotar al contrario, y convertir cada crisis en una oportunidad. 

Su nuevo líder, Abu Ibrahum al Qurashi, lanzó la pasada semana un mensaje con ínfulas de promesa. “Lo que estáis presenciando en estos días son solo signos de grandes cambios en la región que ofrecerán mayores oportunidades de las que tuvimos en la última década". Se refería a sus tiempos gloriosos, cuando el ISIS se extendió pueblo por pueblo y barrio por barrio sin llamar la atención. Las ciudades caían bajo su avance como piezas de dominó, hasta controlar un tercio del territorio sirio, un 40% del iraquí y someter a 10 millones de residentes, creando una entidad territorial en forma de Califato que redefinió las fronteras internacionales.

Hasta que una coalición hastiada de los ataques en suelo occidental -los muertos árabes, la inmensa mayoría de sus víctimas, no importaban tanto- apoyada sobre uniformados locales consiguió expulsarles del territorio y los yihadistas siguieron la táctica aplicada en Irak en 2008, cuando su Estado Islámico fue derrotado por milicias suníes. En aquel entonces, desaparecieron en las áreas desérticas y prepararon en silencio su pletórico regreso en Siria, cinco años más tarde. Hoy en día, con el mundo demasiado ocupado con su drama sanitario, su retorno es ya un hecho.

El mes sagrado musulmán ha sido usado para confirmar su capacidad operativa, en un intento de Qurashi de asentar su liderazgo. Hasta entonces, el ISIS había reducido sus operaciones a meras intimidaciones, pero en la primera semana de Ramadán un suicida del ISIS atacó Kirkuk. Días después, tres ataques coordinados mataron a 10 combatientes progubernamentales en la provincia de Salahaddin, su operación más ambiciosa en territorio iraquí desde 2017. Según los expertos, se han incrementado los ataques en un 200%.

En Siria, el 9 de abril, 60 personas murieron en una emboscada de los yihadistas. Una de las claves que facilita su regreso es la disminución de fuerzas de seguridad, dado que la mitad de los efectivos han sido asignados garantizar el confinamiento, aumentando la movilidad de los extremistas. Según fuentes de la Inteligencia de Bagdad, medio millar de combatientes -incluidos algunos huídos de las prisiones- han cruzado de territorio sirio al iraquí.

Es algo que confirman las fuerzas locales -kurdas, sirias o iraquíes- presentes en las zonas desérticas donde se hacen fuertes los extremistas. Hablan de túneles, cuevas e incursiones nocturnas que permite a los yihadistas reorganizarse y preparar ataques cada vez más sofisticados "El Estado Islámico ha trasladado los combates de Siria a Irak ... (y) se está fortaleciendo, tanto financiera como militarmente", afirma el teniente coronel Stein Grongstad, jefe de las fuerzas noruegas en Irak. 
Las condiciones idóneas para su regreso no sólo responden a la Covid-19. El grupo puede reorganizarse gracias a la incursión turca del pasado octubre en el norte de Siria que desplazó a 200.000 personas, la retirada de las fuerzas norteamericanas a instancias de Trump, las tensiones entre Irak e Irán y las protestas contra el Gobierno de Bagdad. Es decir, gracias a la necedad de quienes creían haber derrotado a una ideología. Las pandemias tienen la habilidad de exacerbar las tensiones presentes en la sociedad, agravarlas y exagerarlas hasta que degeneran en conflicto, como demuestran los precedentes históricos. Y el ISIS trata de explotar esa habilidad para resurgir en el mapa mundial.

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