BBVA negocia con el Banco Sabadell para ser líder en Catalunya

Las dos entidades ya hablan sobre una operación que puede representar un punto final para la cuarta empresa catalana

La cuarta empresa más grande de Catalunya puede dejar de ser catalana muy pronto. El BBVA y el Banco Sabadell confirmaron ayer por la tarde el runrún que desde hacía días circulaba por el sector financiero en el sentido de que exploran una fusión. El término fusión, sin embargo, es poco exacto respecto a lo que pasa en estos casos, y la realidad es cruda: la entidad más necesitada de la operación es ahora la catalana, que es, además, la más pequeña. Así, el Banco Sabadell será absorbido por un banco que con la compra podrá discutir el liderato de CaixaBank en Catalunya y cuestionará también la histórica supremacía del Santander como entidad financiera española más grande.

El banco presidido por Josep Oliu ha resistido 74 días desde que CaixaBank le ganó la partida y anunció que adquiría Bankia. La fuerte bajada de la entidad catalana en bolsa ha propiciado que en las últimas semanas el banco comenzara nuevos planes de reducción de costes, y ya tiene un recorte de la plantilla en marcha. Pero ni al sector ni a los mercados les convenció este intento de obtener una prórroga antes de una operación que estaba cantada: “Cuanto más tiempo gane, más tiempo pierde”, decía una fuente hace solo unas semanas.

Perdida la oportunidad de Bankia (la única que le permitía mantener la catalanidad de un banco fundado en 1881), no había ninguna buena solución para el banco. Y se ha dado lo que se veía como más probable y lo que según los analistas tiene más sentido económico. El BBVA, con reminiscencias vizcaínas pero ya completamente madrileño, se quedará el Sabadell si no hay trabas, y completará su tenaz apuesta por Catalunya.

El rey de las cajas catalanas

Desde el inicio de la Gran Recesión en 2008, el banco que ahora preside Carlos Torres ha sido el destino de seis de las diez antiguas cajas catalanas. Si se completa esta operación, caería la séptima (Penedès, ya dentro del Sabadell), además de un banco reconocido por su buena gestión y un perfil muy orientado a empresas. No hay datos muy fiables de las cuotas que tiene cada banco en Catalunya, pero se puede afirmar que el BBVA y el Sabadell se acercarían mucho o incluso superarían a CaixaBank en el Principat. Un dato lo prueba: la entidad de la estrella, contando Bankia, tiene el 37% de las oficinas que hay en Catalunya. El BBVA tiene un 25%, y el Sabadell un 16% más, con lo cual su suma la convertiría en líder en este parámetro.

Si el BBVA y el Banco Sabadell culminan la fusión, se producirá durante meses el doloroso proceso de recorte de personal (que en última instancia es lo que da sentido a este tipo de fusiones: más clientes, pero con los mismos trabajadores), que afectará sin ningún tipo de duda a las oficinas pero que con toda probabilidad también afectará a los servicios centrales. El Sabadell tiene en Catalunya, donde habrá más bajas, 3.305 trabajadores, y más de 16.000 en España. Y desde este punto de vista, es mucho lo que la economía catalana tiene por perder.

Por un lado, porque está en riesgo un centro de decisión de una de las escasas grandes empresas que tiene Catalunya. Por el otro, porque los lugares de trabajo de calidad que se perderán difícilmente se recuperarán en otras empresas. La simbólica cuestión de la marca Banca Sabadell no ha sido discutida, todavía, pero los precedentes más recientes (Unnim y CatalunyaCaixa) no dejan ningún tipo de duda: después de una breve transición, si el BBVA mantiene su práctica habitual, la histórica marca catalana desaparecerá.

BBVA vende la filial de los EE.UU.

El banco que preside Carlos Torres, además, parece ir al grano: ayer mismo se desprendía de su filial norteamericana por 9.700 millones de euros, en una operación que libera para la entidad 8.500 millones que podrá usar para la compra del Sabadell y también para afrontar los gastos de la fusión.

El muy probable final del Sabadell como entidad independiente llega en un momento en el que todo el sector ha sido duramente golpeado por el contexto: por un lado, la nueva crisis derivada de la pandemia reduce las expectativas de negocio. Por el otro, ha garantizado que los tipos de interés a mínimo -el gran problema de los bancos- seguirán como están durante quizás una década más.

Pero el Sabadell ha sufrido más que el resto de bancos. Por un lado, porque apostó por comprar TSB en el Reino Unido sin saber que el Brexit saldría adelante, en un giro de los acontecimientos que ha sido un lastre constante en bolsa. Además, los problemas en esa integración informática han pesado desde entonces, en términos de imagen y de rentabilidad.

Hay otros factores a tener en cuenta: hace dos meses, cuando CaixaBank y Bankia ocupaban los titulares, en el sector financiero suspiraban diciendo que el Sabadell tenía “la oportunidad de pasar el rastrillo entre los clientes de las dos entidades” para dar un salto de crecimiento. Pero afirmaban, a continuación, que esto era difícil: “Oliu y [el consejero delegado, Jaume] Guardiola están agotados”, coinciden diferentes voces. Es el precio, quizás, de haber sido la pareja más estable de toda la banca española (desde 2007 están juntos).

Los mercados celebraban ayer lo que puede ser una de las peores noticias para la economía catalana en mucho tiempo: el Sabadell subía un 24%, y el BBVA, un 15%.

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