La alpargata catalana se fabrica en la Rioja

Se cree que se trata de un calzado de inspiración egipcia que adoptaron los romanos

Un pueblo de la Costa Brava, un quiosco. El comercio combina la clásica venta de periódicos, libros y material de papelería con productos de playa. "Cosa de supervivencia", pensará el propietario. Entre todo lo que conforma el paquete necesario para pasar un día en la costa hay varias alpargatas ('espardenya', en catalán). De estas que, de tan clásicas, hace años que están por todas partes. Tienen la suela de esparto; la tela diseñada para cubrir el pie, lisa y de un solo color (con toda la paleta para elegir, eso sí); no hay distinción entre pie derecho y pie izquierdo, y hacen función tanto de sandalia como de 'souvenir' o, tirando del hilo, de zapatilla de poca monta. Es la versión moderna del calzado que caracteriza al folclore catalán (castellers, bailes de bastón, sardanas) con una particularidad: el epicentro de su fabricación es la Rioja.

La zona se ha convertido, de hecho, en la resistencia de los fabricantes de alpargatas, aunque el origen del zapato se sitúa muy lejos. Se cree que se trata de un calzado de inspiración egipcia que adoptaron los romanos para elaborar una pantufla cubierta que protege el pie del sol y el calor. Sin embargo, la primera prueba documental de su existencia (en el mundo moderno) data de principios del siglo XIV y está escrita en catalán. Su uso estaba especialmente extendido en los territorios de la antigua Corona de Aragón (Aragón, Cataluña, Valencia y las Islas Baleares).

"En la Corona de Aragón se llevaban de forma habitual. Probablemente por su flexibilidad y frescura les debía resultar un zapato cómodo de llevar a la hora de hacer frente a los enemigos", explican en la web de Vidorreta, compañía de calzado de la Rioja. "Siglos más tarde, su uso se popularizó entre los campesinos".

La cuestión es que la fabricación comenzó a expandirse por el norte de España. En la Rioja es donde más planta de cáñamo se cultivaba, y siendo entonces este material el elemento clave para hacer sogas y las suelas de las zapatillas, era natural que las mujeres de los pueblos de la zona empezaran a hilar. "El 80% de la gente de allí se dedicaba a esto", explican desde Ramoncinas, uno de los fabricantes que todavía se dedica a fabricar alpargatas. A pesar de que la etimología catalana de la palabra 'espardenya', que incluye la palabra 'espart' (esparto), las suelas de este calzado se fabrican con cáñamo o, en su defecto, yute. 

La prohibición del cultivo del cáñamo hacia los años 30 -porque es, como señala un fabricante de la zona, "prima hermana de la marihuana"- no hizo disminuir la industria. Entonces, ya era de uso común el yute como materia prima sustitutiva, así que la fabricación siguió concentrada allí. Ahora, de hecho, el material fundamental de fabricación es el yute exportado de la India y Bangladesh; la diferencia es que llega ya en forma de hilo.

Ramoncinas, por ejemplo, es quien suministra este modelo clásico de alpargata en La Manual Alpargatera (uno de los primeros talleres de alpargatas en Barcelona). Las hacen con yute, explica el fabricante, pero de coser la tela y unirla con la sola (con esta puntada blanca que se ha convertido en rasgo característico del modelo) se encargan mujeres que las cosen a mano en un pequeño pueblo de la Rioja. Lo mismo hacen a Antoni Pons, que también apuesta por el cosido artesanal y la encarga a pueblos de aquella zona.

El primer documento que prueba la existencia de las alpargatas es del 1300 y está escrito en catalán

"Se hace en la Rioja por tradición, el precio no tiene nada que ver", explica un responsable de Alpargatas Sesma, también fabricante de la región. "Antes había otras zonas (San Sebastián, Castellón o Murcia), pero ahora sólo quedamos los ingenuos". Lo dice riendo, pero sin conseguir ocultar el peso de dedicarse a una industria que vive como perjudiciales los efectos de la globalización.

En efecto, muchos fabricantes se han pasado a las alpargatas de diseño porque el precio de los modelos básicos no compensa. Un calzado de este estilo al salir de fábrica cuesta unos 5 euros, y a esta cifra se le deben sumar los impuestos. Las tiendas las tienen que vender mínimo a 10 euros para sacar beneficios. Y este precio, dicen, no refleja el despliegue de recursos necesarios para fabricarlas. A esto se suma que muchos fabricantes encargan el trabajo de coser a mujeres viejas de los pueblos que lo hacen a mano. Y éstas, a medida que se van haciendo demasiado mayores, se retiran.

Es por ello que varios fabricantes y vendedores consultados aseguran que las alpargatas de este estilo, cuando se venden excesivamente baratas, suelen venir de China. "Que ponga made in Spain en la suela no tiene nada que ver", dice uno de ellos. "En la mayoría, sencillamente ponen, de hecho, diseñado en España".

El quiosquero de la Costa Brava, sin embargo, lo niega. Las suyas, explica, vienen de Logroño.

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