Sindicatos y patronal piden al gobierno que frene el coche eléctrico

Sugieren al ministro Nadal una transición "gradual" a los vehículos no contaminantes

La creciente conciencia de la contaminación y los problemas en la salud y la calidad de vida que genera; escándalos como el Dieselgate y las dudas que provocan los motores tradicionales desde el punto de vista de las emisiones, y la inequívoca apuesta de Bruselas por el coche eléctrico o de energías alternativas han generado un cóctel que apunta a una transformación radical de la industria de la automoción en Europa y que obliga a los actores a reconfigurar su papel. Pero esto no se hará sin sacrificios ni conflictos.

Lo demuestra la carta que remitieron el 19 de septiembre pasado las secciones de industria de los sindicatos CCOO y UGT y las patronales Anfac (asociación de fabricantes de automóviles) y Sernauto (asociación de proveedores) al ministro de Energía, Turismo y Agenda digital, Álvaro Nadal. El escrito, al que tuvo acceso ARA, es bastante explícito a la hora de recordar al ministro que de la industria de la automoción en España dependen muchos puestos de trabajo.

En ese momento, antes de que el ministerio lanzara un nuevo plan de movilidad eficiente, los agentes sociales le manifestaron a Nadal que "el tráfico debe hacerse de forma gradual y no rupturista" y se permitían recordar el porqué de esta petición: "Sobre todo si tenemos en cuenta que España es una potencia mundial como productor de vehículos gasolina y diesel, así como de sus partes y componentes".

La misiva, firmada por Mario Armero (Anfac), Agustín Martín (CCOO), José Portilla (Sernauto) y Pedro Hojas (UGT), pedía al ministro que el Plan de Movilidad Eficiente 2017 abrazara "de forma amplia la renovación del parque e incluya tanto los vehículos de bajas emisiones (Euro 6) como los alternativos y las infraestructuras de recarga". La carta asegura que "el compromiso del sector" es "coincidente con los intereses de la administración en la búsqueda de la máxima protección al medio ambiente" pero, añade, "también en el reforzamiento de una industria de gran relevancia internacional y clave para la economía española".

En la despedida de la carta de los agentes vuelve a aparecer el concepto clave: "Nos ponemos a su disposición para iniciar los trabajos que permitan hacer realidad esta transición tecnológica gradual".

Esta gradualidad, sin embargo, choca con las exigencias del gobierno comunitario. El pasado día 8 la Comisión Europea anunciaba un contundente plan para reducir las emisiones contaminantes de cara al 2030. Así, establecía una caída de emisiones del 50% respecto al nivel de contaminación actual, una cifra superior a la que las marcas aceptaban y que supone, en la práctica, una migración forzosa hacia el coche eléctrico. Para hacerlo posible, la UE destinará cerca de 1.000 millones de euros en ayudas a la industria para llevar a cabo esta transformación entre el 2018 y el 2020. Y en este sentido, se han sucedido los anuncios de grandes grupos automovilísticos (Volvo, Volkswagen, Renault o Seat se han referido a ello en los últimos meses).

El nuevo plan del ministerio

Contactado por este diario, el ministerio de Energía no quiso aclarar qué respuesta ha dado a patronales y sindicatos. "Actuamos en el marco de nuestras competencias en materia de eficiencia y ahorro energético, que es lo que nos corresponde", dijeron fuentes del ministerio. "No ejercemos las competencias en materia industrial", añadían.

El ministerio no quiso entrar a valorar si había atendido o no a las presiones del sector y tampoco quiso explicar cuál es su posición respecto a la urgencia con que se debe apostar por los coches sostenibles desde el punto de vista medioambiental. Pero lo cierto es que este mismo mes Nadal ha lanzado el plan Movalt, dotado con 35 millones de euros y que quiere incentivar la compra de vehículos alternativos (eléctricos, de gas o de hidrógeno) e infraestructuras de recarga. Este plan será una continuidad del plan Movea, que terminó el 15 de octubre, después de que los 14,2 millones que presupuestaba en ayudas en 2017 se agotaran en sólo 24 horas. El gobierno español, al respecto, decía que había sido "un éxito" y negaba que hubiera sido "poco ambicioso", como había afirmado una diputada de Podemos: "Está contribuyendo a concienciar para una movilidad más sostenible". Lo cierto es que hasta septiembre las ventas de coches eléctricos e híbridos en España habían crecido un 82% interanual.

Este movimiento de los agentes del sector de cara a influir en el ministerio no es, ni mucho menos, una excepción. Fuentes del sector explican que son habituales. La semana pasada el presidente de la comisión para la transición energética, Jorge Sanz, dio una buena prueba, recomendando al gobierno central que sea "neutral" y no se decante por ninguna tecnología energética y que no "se precipite" para evitar "errores" porque "siempre los paga el consumidor". "Que no invierta demasiado pronto y demasiado caro", advertía Sanz.

Problema industrial

Fuentes del sector advierten de que España no se está adaptando industrialmente al auge del coche eléctrico. Seat, en su momento, manifestó su voluntad de no fabricar coches eléctricos en España. Esto es preocupante porque si la apuesta de las marcas -y de los consumidores- pasa por la movilidad sostenible, las plantas españolas, que no fabrican modelos de este tipo, podrían verse perjudicadas a medio plazo. Y es precisamente este temor lo que explica el movimiento de los agentes del sector dirigiéndose al gobierno.

Un sector clave en Cataluña y Europa

El de la automoción es un sector fundamental en Cataluña y también en Europa. En el Principado, Seat es una de las empresas más representativas y la que más empleo genera, con más de 13.000 empleados. Durante el primer semestre del año, la automoción representaba el 15% de las exportaciones de Cataluña, que eran de 5.607 millones de euros, creciendo a un ritmo de casi el 6% interanual y sólo por detrás del sector químico o de los bienes de equipo.

A escala europea, la tónica es similar: 12 millones de europeos trabajan en esta industria y la Unión Europea fue en 2016 el primer exportador de coches del planeta, con unas ventas de 192.000 millones, por delante de Japón y de los Estados Unidos.

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