FINANZAS

La fusión y Barcelona

Es crucial mantener en Barcelona los servicios centrales de la nueva entidad

La crisis de 2008 debilitó a la banca en toda Europa. También lo ha hecho, ya en tiempo de recuperación, la política monetaria de un BCE que recientemente ha confirmado que los tipos de interés se mantendrían a nivel cero durante bastante tiempo. Añádale unas plataformas digitales que, por parte de los costes, premian la dimensión y comprenderá porqué, con un gran consenso, los analistas, los mercados financieros y las autoridades europeas han llegado a la conclusión de que una dinámica de consolidación bancaria europea, que la aproximaría a la situación americana, es inevitable y deseable. Tampoco debe sorprender que, por la lógica interna de reducción de costes pero también por la estrategia de preparar el terreno para operaciones transfronterizas que tarde o temprano llegarán, las primeras iniciativas sean aún dentro del ámbito de un estado. En cuanto a España, que se genere otro gran banco con capacidad de competir en Europa no es, en principio, una mala noticia. Estaba claro desde hacía tiempo que Bankia era candidata a participar en una operación de este estilo, pero que podía ser con CaixaBank lo supimos el jueves.

CaixaBank ultima la fusión con Bankia

Mientras que con la crisis toda la banca española se debilitó, en términos relativos la catalana lo hizo menos. La Caixa y el Sabadell, ambos bien gestionados, aguantaron bien. Comparado con épocas anteriores el peso de las entidades catalanas respecto al resto aumentó. Por eso no es extraño -ahora que lo vemos- que sea CaixaBank, valorada en bolsa el triple que Bankia, la que lidera esta iniciativa.

La operación llevará a una reducción de personal. Hay que pedir que esta reducción, necesariamente dolorosa, lo sea lo menos posible. Afectará sucursales -harán falta menos- y servicios centrales. Estos son el cerebro y el sistema nervioso de las entidades y es también donde residen los mejores sueldos. Desde la óptica territorial son lo más importante. En Cataluña habrá preocupación, genuinamente basada en la experiencia, por que los servicios centrales se concentren en Madrid. La lógica económica no debería llevar hacia aquí. En primer lugar porque CaixaBank absorbe Bankia y todo el mundo sabe que CaixaBank dispone de excelentes profesionales y de unos servicios centrales muy competentes. Y en segundo lugar porque en el mundo actual, dominado por internet y el teletrabajo, servicio central significa un servicio que no se debe duplicar, que trabaja simultáneamente para toda la organización.

No quiere decir que todos sus diferentes departamentos y trabajadores tengan que estar situados en el centro de la Península Ibérica. Pueden estar en Barcelona, en Madrid, en Valencia o en Lisboa. En mi opinión lo que sería económicamente sensato por parte del liderazgo de la nueva institución es que la reducción de servicios centrales fuera equilibrada, es decir, proporcional. Si CaixaBank es tres veces mayor, esto debería reflejarse en la estructura permanente de servicios centrales. No hay razón económica, repito, para que no sea así. ¿Pero puede haber razones políticas, o que sean resultado de inercias culturales? No seré tan cándido como para decir que no.

Los instintos concentradores en Madrid estan muy vivos en la administración del Estado. El ministerio de Economía y el Banco de España -menos presente en Barcelona de lo que sería natural- tendrán una influencia capital en el desarrollo del futuro banco. Del mismo modo que han rehuido la opción de hacer de Bankia un banco público, conscientes seguramente de donde trajo la politización de Caja Madrid, sería deseable que se abstuvieran de propiciar, consciente o inconscientemente, la concentración en Madrid. Sería una señal muy bienvenido de un talante nuevo. Confiemos, pues, en que la nueva entidad, sus dirigentes y sobre todo sus reguladores serán suficientemente sensibles para no forzar la lógica económica. Pero habrá que estar atentos: si la política entra tendremos que jugar todos.

Hay aspectos simbólicos que son importantes. Recomendaría, por ejemplo, que el presidente y consejero delegado se dejen ver por igual en Barcelona y en Madrid. En cambio, no me preocuparia por el simbolismo sobre donde está la dirección oficial de la entidad. La historia la ha llevado a Valencia y no sería ni realista ni justo tratar de cambiarla. Y, francamente, me molesta menos que algunas alternativas. Sería un error grave distraerse y focalizarse en este punto. Ganar esto y perder servicios centrales no sería un buen negocio. Lo crucial y de importancia máxima son los servicios centrales y los buenos sueldos. Si se afianzan en Barcelona, en la proporción que corresponde por la dinámica normal de la economía, entonces podremos decir, desde Barcelona, que este habrá sido un gran paso en la historia larga, digna y admirable de La Caixa.

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