MERCADO LABORAL

El gobierno corta por lo sano el debate de los 4 días laborables

Los expertos secundan al ejecutivo y apuntan que la baja productividad de la economía desaconseja la medida

“La vida no puede ser ir de casa al trabajo y del trabajo a casa”. De este modo, el diputado de Más País Íñigo Errejón defendía hace una semana en el Congreso de los Diputados una enmienda a los presupuestos del Estado del 2021 que planteaba una semana laboral de cuatro días, es decir, 32 horas. Desde la tribuna de la cámara baja española, Errejón abría la caja de Pandora sobre la transformación del modelo productivo y laboral para “apostar por la innovación y el reparto del trabajo para generar ocupación”. El diputado apuntaba a “la excepcionalidad del momento” -en el que los hasta ahora pilares de la economía española (empezando por el turismo) están más agrietados que nunca- para llevar a cabo esta “reconstrucción”.

El discurso no pasó por alto al gobierno español o, al menos, al ala violeta. El líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, confirmaba que “el tema se estaba discutiendo” y aseguraba que desde el ministerio de Trabajo se estudiaría la propuesta “a través del diálogo social” con los agentes sociales, a quienes, por cierto, el debate ha cogido por sorpresa. Aun así, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz (Unidas Podemos), que no desmentía la noticia, matizaba que “se trata de abordar el tiempo de trabajo de forma general”. De hecho, el pacto de gobierno de coalición entre Unidas Podemos y PSOE recoge “reorganizar completamente los tiempos de trabajo, ocio y curas”.

Ahora bien, en el ala dominante del gobierno (la del PSOE) lo que ha sorprendido no ha sido la enmienda de Errejón -finalmente tumbada por amplia mayoría- sino las palabras de Iglesias. El primero en responder ha sido el ministro de Inclusión y Seguridad Social, José Luis Escrivá. “No me parece que España sea un país que, con sus niveles de productividad y competitividad, tenga que dar prioridad a este tema”, dijo ayer en una entrevista a El matí de Catalunya Ràdio. Horas más tarde, y desde la Moncloa, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, se añadía a Escrivá y apuntaba: “No nos tenemos que desconcentrar de lo que nos ocupa, que es poner los recursos para permitir más oportunidades, recuperar cifras de ocupación y abordar las grandes transformaciones de país”.

Para los expertos, la situación de España en relación con la productividad lleva a cuestionar que el horizonte de las 32 horas semanales sea posible, al menos “a corto plazo”, según apunta el director del gabinete de estudios económicos y de infraestructuras de la Cámara de Barcelona, Joan Ramon Rovira, al ARA. Cuando se habla de productividad se hace referencia a la eficiencia de los factores productivos, es decir, la fuerza de trabajo y el capital. En relación con esto, lo que se tiene en cuenta en cuanto a la competitividad o la rentabilidad es lo que se denomina productividad horaria, es decir, cuántos bienes o servicios se fabrican en unas horas concretas. En este sentido, España no está precisamente en una situación de liderazgo, más bien al contrario: el 2019 cerró con una tasa negativa de producción por hora trabajada del 0,1%, de las peores de Europa. En cambio, sin embargo, es de los países en el que más horas se trabaja: 1.701 horas anuales frente a las 1.363 de Alemania. De hecho, en los últimos años no solo se trabaja más sino que también ha habido una recuperación -parcial- de la ocupación. Estos son factores que descansan encima de sectores como el de la construcción, la hostelería o el turismo, “de poco valor añadido”, comenta el economista Modest Guinjoan al ARA. “Trabajar más no quiere decir más producción”, apunta Rovira. Para el experto, el debate también está estrechamente ligado al tejido productivo, que en el caso de España se caracteriza por unos “sectores de baja producción y muy atomizados”. El economista pone como ejemplo una industria con poca capacidad y unas pymes menos productivas que las grandes empresas. “En Catalunya tenemos un Grifols, o unos cuantos, pero no tantos por habitante como Dinamarca”, ejemplifica. De hecho, para los economistas esto explicaría por qué en los Países Bajos o en Suecia -con unos sectores productivos más fuertes- se trabajan menos horas. A España, sin embargo, también la afecta un mercado laboral marcado por los sueldos bajos y la temporalidad. "Es un pez que se muerde la cola: un sector productivo bajo se pregunta «¿Por qué innovar?», y a una economía que paga sueldos bajos por sistema le cuesta salir de esto".

Otra dificultad que Rovira ve es que la transformación del modelo laboral tiene que ir de la mano de los sueldos. “Si la productividad horaria no aumenta en proporción con el sueldo, la empresa pierde dinero”, añade.

Un trinomio clave

“Dimensión, formación y tecnología e investigación”. Estas son las tres claves que plantea el economista y que pueden encarrilar la mejora de la productividad, a pesar de que añade una cuarta: “Internacionalización”. Y avisa de que “no se puede decir de hoy para mañana que seremos más productivos, esto son años”. Si bien algunas de estas claves tienen que ver con la empresa y los trabajadores, otras son de “carácter público”, matiza Rovira. De hecho, para los expertos, para mejorar las cifras es clave la inversión pública, que en el caso de la española no se ha recuperado desde la última crisis del 2008 fruto de las políticas de austeridad.

Todo ello de momento cierra un debate que el gobierno no quiere mantener con la economía todavía intubada por la pandemia. Pero hay espacio para las pruebas: el País Valenciano dedicará en los presupuestos del 2021 una partida de 4 millones para subvencionar a empresas que reduzcan la jornada hasta las 32 horas semanales.