FISCALIDAD

6.000 grandes fortunas se trasladaron a Madrid en cuatro años

Un estudio revela que la política fiscal a la baja genera cada vez más una concentración de la riqueza

Dicen que la isla de Jersey, la más grande del canal de la Mancha, está llena de grandes fortunas que buscan tributar menos que en su país de origen y que por eso deciden trasladarse ahí. De hecho, para la patronal CEOE, Jersey es considerada un paraíso fiscal por su política de impuestos. Madrid no es Jersey, principalmente porque no tiene mar. Ahora bien, sí coinciden en ser un polo de atracción de grandes patrimonios.

A la capital del Estado se trasladaron, como mínimo, 6.000 grandes fortunas en cuatro años, entre el 2011 y el 2015, fruto de la política de rebaja fiscal que aplica la región y que los últimos gobiernos autonómicos, todos del Partido Popular, presumen de abanderar desde hace casi dos décadas. La cifra se recoge en el estudio Paraísos fiscales, impuestos sobre el patrimonio y movilidad del equipo de académicos Clara Martínez, David Agrawl y Dirk Foremny.

La investigación, publicada en diciembre, concluye que mientras que la capacidad de recaudación de las comunidades que comparten un régimen fiscal común (todas menos Navarra y el País Vasco) se empezó a debilitar en 2011, la de Madrid aumentaba y lo hacía precisamente de la mano de traslados de residencias fiscales a la capital. En cifras, Madrid llegó a obtener un 4% más de media en recaudación del IRPF en esos años. Por el contrario, el resto de comunidades perdieron peso y una media de 375 declarantes en cada una de ellas se fue, apunta el estudio.

Los investigadores, sin embargo, fueron más allá: en un escenario en el que no hubiera habido movilidad por una cuestión de competencia fiscal a la baja, la recaudación habría aumentado de media hasta un 5% en el conjunto del Estado, explica al ARA Clara Martínez, investigadora de la Columbia Business School y autora del estudio. Ella y sus compañeros se dedicaron a recoger a través de la Agencia Tributaria los datos del impuesto de patrimonio, creado a finales de los años 70.

Martínez explica que lo hicieron desde el 2011 porque fue el año en que, después de su suspensión durante el 2008 y hasta el 2010, las comunidades lo reintrodujeron. ¿Todas? No, Madrid fue la excepción, y desde entonces este impuesto se bonifica al 100%. Un atractivo para las grandes fortunas que va de la mano de unos tramos del IRPF y un impuesto de sucesiones y donaciones más reducidos. Los datos completos a los cuales han tenido acceso llegan hasta el 2015; ahora bien, en el caso madrileño no ha habido cambios sobre este tributo. “No tenemos ninguna duda de que habrá habido movilidad desde entonces”, asegura Martínez.

Traslados ficticios

Quien encabeza los cambios de domicilios fiscales son las dos Castillas y Andalucía. En el caso de Catalunya, un estudio de Fedea cifraba en 458 los contribuyentes de rentas altas que se trasladaron a Madrid entre el 2006 y el 2012.

Aun así, no todas las personas de una región que deciden declarar en Madrid para pagar menos impuestos se desplazan a vivir ahí. Un grueso importante son los llamados traslados ficticios, apunta Martínez, que detalla que “es muy difícil de saber con exactitud cuántos son”. Solo en el País Valenciano la Agencia Tributaria investiga 60 falsos traslados que le cuestan 74 millones de euros, mientras que Catalunya tiene abiertas 73 actas de infracción, según los últimos datos del mes de diciembre.

La Agencia Tributaria los rastrea: sigue las cuentas bancarias, los movimientos de las tarjetas o revisa el consumo de luz y agua. Un ejercicio que convierte a los trabajadores en una especie de Sherlock Holmes tributarios. Los efectos de estos traslados son múltiples: una caída de la recaudación que tiene un impacto negativo en el resto de comunidades y un incremento de la desigualdad regional, puesto que la capital concentra cada vez más riqueza. Martínez añade que una competencia a la baja no cambiará la actual tendencia.

Las trampas más recurrentes de los falsos traslados para esquivar la ley

“No es fácil detectarlos porque son declarantes con gran movilidad por razones de negocio y esto dificulta la inspección”, explica al ARA una fuente de la Agencia Tributaria. Los inspectores se dedican a conectar elementos personales con otros económicos. Recogen datos del consumo eléctrico, de la localización de la compra o incluso dónde se pasa la ITV del coche. “Entenderás que no podemos dar muchos más detalles por razones obvias”, apunta la misma fuente, que opta por la discreción a la hora de explicar cómo se persigue a las grandes fortunas que buscan la manera de evitar pagar impuestos, a veces al margen de la ley.

Si bien el proceso de deducción no se puede conocer, sí el resultado de algunas de las inspecciones que han acabado destapando falsos traslados. “Una vez fuimos a llamar a la puerta de un declarante que en teoría vivía en el extranjero y tenía la segunda residencia en España. Cuando le pedimos la dirección de la residencia habitual la tuvo que leer en el DNI porque no le venía a la cabeza. Lógico, no vivía ahí”. La misma fuente también explica el caso de un declarante que les había explicado que “por motivos de salud tenía que cambiar de clima y trasladarse a otra comunidad”. Los inspectores, sin embarog, vieron que las consultas médicas continuaban en la comunidad de origen y después comprobaron que también los movimientos de la cuenta bancaria. O el caso del propietario de un “superdeportivo” que seguía haciendo los gastos diarios del coche en la comunidad de origen y no donde declaraba.

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