INDÚSTRIA

Todo lo que deja atrás la venta del imperio de pinturas Titán

La familia Folch-Rusiñol se desprende de una compañía que no quería crecer y que había quedado anticuada

Joaquín Folch-Rusiñol Corachán con su hijo mayor, Joaquín Folch-Rusiñol Faixat. / DAVID TREPAT / DAVID TREPAT

“Industrias Titán es líder en pinturas decorativas en España, a considerable distancia de su inmediato seguidor, el grupo holandés Akzo. Ahora prepara a marchas forzadas su salida al extranjero”. Hace exactamente veinte años un artículo en La Vanguardia hablaba así del futuro de Titán. Pasadas estas dos décadas, el resultado ha sido una expansión internacional muy modesta (solo se hizo un hueco en Portugal) y, finalmente, esta semana la compañía ha sido adquirida precisamente por su competidora, la holandesa Akzo Nobel, y por la portuguesa Tintas Neuce. El fabricante de la histórica Titanlux sigue así la estrella de otras grandes empresas familiares catalanas que han acabado vendidas a medida que pasaban a manos de las nuevas generaciones.

"Nosotros vamos tirando. Tampoco queremos ser la primera empresa del mundo”, decían en 2003

Ya hacía mucho que la ambición no formaba parte del ADN de la compañía que, hasta ahora, controlaba la familia Folch-Rusiñol. “Titán no tiene prisa por crecer” o “Auténtico desinterés por el crecimiento” eran algunas de las frases que aparecían en la prensa económica en la década de los 2000 cuando se hablaba de la compañía, nacida en 1928. “Nosotros vamos tirando. Tampoco queremos ser la primera empresa del mundo”, confesaba en 2003 Josep Farrés, director general de la compañía. “Para Titán es más importante mantener la solidez y la independencia financiera que el crecimiento”, había dicho un año antes.

El impulsor de la compañía fue Joaquim Folch i Girona, que entró en Industrias Titán en 1928 como socio y cogió sus riendas en 1935. Dos décadas después entró su hijo (Albert Folch y Rusiñol), que incorporó su fascinación por Japón. “Integró en Titán los valores de la filosofía empresarial de Japón: la lealtad, el compromiso, el sentido de pertenencia al equipo”, explicaba su sucesor, Joaquín Folch-Rusiñol (que se agrupó en uno los dos apellidos del padre), en el libro Capitans d'indústria. Esto se tradujo en una cultura empresarial paternalista: la empresa tenía mucho personal y pagaba salarios por encima del convenio.

Albert Folch i Rusiñol saltó a la fama en 1978 como el catalán que más impuestos pagaba: tenía un patrimonio equivalente a 242 millones de hoy en día

La sensación generalizada, sin embargo, era la de una empresa en lento declive. “Son un ejemplo de la cierta decadencia en la que ha entrado la burguesía catalana: en los 80 a Titán se la consideraba una grandísima empresa, pero ahora es una empresa medianita”, dicen fuentes empresariales. Efectivamente, Titán facturaba ahora poco más de 100 millones de euros. Hay más de un centenar largo de empresas en Catalunya que superan este volumen de ventas.

Nada que ver con 1978, cuando el ministerio de Hacienda publicó una lista de los principales contribuyentes. Albert Folch i Rusiñol saltó a la fama como el catalán que más dinero había declarado en los impuestos de renta y patrimonio: en total, 198.000 millones de pesetas, exactamente 242 millones de euros si ajustamos la cifra a la inflación acumulada durante estos años. Cuando murió, una parte importante de la herencia de Albert Folch para su hijo Joaquín fue un paquete de propiedades. Hoy en día, todos estos pisos y casas están agrupados en Lulusak, una sociedad dedicada únicamente al alquiler. Titán y Lulusak, junto con Corver, son las tres ramas del negocio de la familia Folch-Rusiñol, que ha declinado participar en este artículo.

Joaquín Folch-Rusiñol es "un fanático" de los coches y fue campeón mundial de la F-1 Histórica en 2012

Distancia

Joaquín Folch-Rusiñol no ha participado nunca en los foros del empresariado barcelonés y hay pocas imágenes suyas. Tampoco se lo veía casi nunca en Titán, dicen en la compañía. Sus pasiones, aseguran, son la velocidad y el motor. En la masía de Can Costa de Cerdanyola tiene una de las grandes colecciones de coches y motos clásicos de España, y él mismo todavía compite -a sus 67 años- en carreras de automoción. No son campeonatos menores: en 2012 se coronó campeón de la Fórmula 1 Histórica al volante del mismo coche que pilotó Nelson Piquet cuando ganó la F1 del año 1981. “Es un fanático, una persona que vive para los coches”, explican.

“Es una persona especial, reservada como no te puedes imaginar”, añaden estas voces, que también lo califican de “culto” y “muy británico”. “Es un anglófilo total”, dicen.

En 2015 sus dos hijos, Joaquín y Alberto, habían cogido las riendas de Titán. “Cuando entraron hubo muy mal ambiente, porque decían que se habían encontrado una empresa muy anticuada”, dicen fuentes internas de Titán. El hasta entonces director general, Josep Farrés, el mismo que mostraba un total desinterés por crecer, se jubiló y entró un nuevo consejero delegado, Daniel Llinás. “El discurso era que la empresa se tenía que modernizar, pero ya intuíamos que el objetivo era sanearla para venderla”, afirman. Últimamente, marcas con estructuras más pequeñas habían hecho hueco en el mercado, y ponen de ejemplo las marcas valencianas Montó e Isaval.

La compañía entró en pérdidas en 2018 por primera vez en su historia, y aparcó la cultura paternalista para empezar a despedir trabajadores. En la empresa circulaba el rumor de que los Folch-Rusiñol tenían prisa por sanear la empresa porque necesitaban el dinero. ¿Para qué? Antes de explicar esta historia tenemos que recapitular.

La sangría del Sabadell

Durante su trayectoria, Albert Folch i Rusiñol se sentó en diferentes consejos de administración de la banca. En 1978 entró en el consejo del Banco Santander y al morir, diez años después, su hijo Joaquín ocupó su silla en el banco cántabro. A mediados de los 90, Folch-Rusiñol era el quinto accionista particular de la entidad, pero en 1999 Emilio Botín decidió relevarlo. Pocos meses después fichó como consejero del Banco Sabadell. Era el preludio de una de las operaciones más ruinosas que se recuerdan en el sector financiero.

Folch-Rusiñol fue uno de los empresarios que perdieron centenares de millones con acciones del Banco Sabadell

En 2006, Joaquín Folch-Rusiñol y otros empresarios destacados como José Manuel Lara Bosch (Planeta), Isak Andic (Mango), Manuel Colonques (Porcelanosa) y Josep Oliu (presidente del Sabadell) crearon la sociedad Famol, desde la cual compraron el 12,5% del banco con el objetivo de establecer un núcleo duro que blindara la entidad. Parecía un negocio redondo: la entidad había casi duplicado su valor desde el debut en bolsa y nada hacía presagiar lo que pasaría, una monumental crisis financiera.

Las acciones del Sabadell, como toda la banca, cayeron en picado y nunca más se han recuperado. En un punto determinado, todos los empresarios de Famol tuvieron que reconocer pérdidas multimillonarias por esta inversión. Folch-Rusiñol no fue el que más perdió, pero admitió unas pérdidas de 90 millones de euros. ¿Y qué pinta Titán aquí en medio?

La compra millonaria de acciones del Sabadell se financió con un crédito de Titán al holding de Folch-Rusiñol

Folch-Rusiñol había financiado parte de la compra de las acciones con un préstamo de Titán a Fábricas Folch, el holding de la familia. Cuando reconoció las pérdidas, Fábricas Folch tenía un agujero de 90 millones que se cubrió con un dividendo extraordinario de 70 millones de Titán a Fábricas Folch. Un dinero que, acto seguido, Fábricas Folch devolvió a Titán para saldar la deuda que mantenía. Ahora bien: por el camino Titán se había visto obligada a decir adiós a 70 de los 120 millones que tenía de reservas.

Las participaciones de Folch-Rusiñol en la banca han sido constantes y, de hecho, la propia Titán tenía grandes paquetes de acciones del Santander y del Popular que le proporcionaban dividendos con los cuales algún año se salvaron los resultados de la compañía (en 2012, por ejemplo). No obstante, en Titán siempre ha quedado la duda de hasta qué punto la apuesta fallida por el Sabadell ha precipitado el desenlace conocido esta semana.

Los negocios de Folch-Rusiñol

Fábricas Folch

Holding que agrupa todas las empresas de la familia Folch-Rusiñol. Hasta esta semana era la propietaria de Titán, pero tiene otras divisiones.

  • Facturación de 521.000 euros y pérdidas de 91.000 euros (año 2018)
  • Número de trabajadores: 43

Industrias Titán

Nacida en 1917, ahora estaba en manos de la cuarta generación.
Facturación: 109 millones Pérdidas: 1 millón (2018)
Número de trabajadores: 370

  • Negocio de pinturas decorativas (80 M€ de ventas aproximadamente) vendido a Akzo Nobel por unos 100 M€.
  • Negocio de pinturas industriales (30 M€ de ventas aproximadamente) vendido a Tintas Neuce por unos 30 M€.

Corver

Nacida en 1965, ahora se dedica a la importación de productos, accesorios y recambios para coches y motos. Es la representante de marcas conocidas del sector del motor, como Castrol o Shoei, y tiene concesionarios Ducati y Yamaha.

  • Facturación: 16,5 millones Beneficio: 261.000 (2018)
  • Número de trabajadores: 33

Lulusak

Esta es una empresa patrimonialista inmobiliaria creada en 2004 y dedicada al alquiler de viviendas en Barcelona.

  • Facturación: 814.000 Pérdidas: 225.000 Activos inmobiliarios: valorados en 13,3 millones (2018)
  • Número de trabajadores: 3

Fundació Can Costa

Joaquín Folch-Rusiñol padre es un gran aficionado al motor y ha ganado campeonatos de F1 Histórica. Tiene una gran colección de coches y motos clásicas en la Fundació Can Costa, en Cerdanyola del Vallès.

La foto de Joaquín Folch-Rusiñol al volante del Brabham BT49 está publicada con licencia Creative Commons.

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