El mejor año de la historia en inversión extranjera (pero es una mala noticia)

Los registros sobre la actividad foránea en España han dejado de mostrar la realidad

Ya hace tiempo que los datos macroeconómicos se han convertido en un arma para intentar demostrar la validez o invalidez del Procés soberanista como proyecto de futuro. En realidad, es normal: en un momento de incertidumbre, necesitamos saber si vamos por el buen camino, y los datos macro nos ofrecen un testimonio frío y objetivo de la realidad. Resumiendo mucho, si el PIB y el empleo suben, vamos bien; si caen, alerta.

En este contexto, hay una estadística, la de inversión extranjera, que ha cogido un protagonismo especial. Este registro, que publica trimestralmente el Ministerio de Economía, se ha convertido en un termómetro aparentemente útil para captar la preocupación de los inversores hacia la economía y la política catalanas. Pero hay un problema: estos datos, que tradicionalmente ya tenían una metodología controvertida, en el último año sencillamente han dejado de mostrar la realidad. Es un ranking tan inexacto que ha perdido la utilidad que en teoría deberían tener siempre los registros oficiales. Sin buenas estadísticas no se puede rendir cuentas a la administración como debería.

Esta semana se han publicado los datos más recientes, según las cuales la inversión extranjera cayó cerca de un 12% en Cataluña en 2018, mientras que en Madrid se disparó un 125%. La interpretación rápida es que Cataluña está perdiendo el favor de los inversores internacionales en detrimento de la capital española. Los datos están completamente distorsionadas por el efecto capitalidad, pero esto siempre ha sido así: las inversiones se computan allí donde la empresa tiene su sede social, independientemente de que la fábrica o el lugar donde efectivamente se vuelca dinero esté en otra comunidad autónoma.

Ahora, sin embargo, esta distorsión se ha agravado: la voluminosa fuga de sedes sociales que sufrió Cataluña desde los días posteriores al 1-O ha multiplicado las dificultades de esta estadística para reflejar la verdad.

Si Abertis no hubiera trasladado la sede social, los 14.000 millones que Atlantia y Hochtief destinaron el año pasado para comprar la empresa de concesiones habrían computado en Cataluña (donde Abertis conserva su sede operativa), y este hecho habría convertido el 2018 en el año con más inversión extranjera de la historia en tierras catalanas. El hecho de que la sede social del grupo esté en Madrid no ha modificado en nada el impacto de esta inversión. El efecto ha sido neutro en términos reales, pero ha deformado las estadísticas de inversión extranjera del ministerio.

Alerta: sin traslado de sedes sociales, Cataluña habría tenido su mejor año en atracción de inversiones, ¿pero esto habría sido una buena noticia? En absoluto. El hecho de que llegue dinero de fuera no necesariamente tiene que ser bueno: todo depende de para qué sirva. En el caso de 2018, el récord se habría alcanzado a costa de perder dos de las empresas del Ibex 35 que estaban en manos catalanas (Abertis y Cellnex), un hecho que es objetivamente negativo. Tan perjudicial como la naturalidad con la que se dejaron perder. La pasividad con la que se lo miró la Generalitat fue inexplicable, por mucho que estas operaciones coincidieran en parte con el 155 y que el Govern puede que no tenga muchas herramientas a su alcance.

Esto fue una mala noticia para la economía catalana, como también lo será si un día -ya comienzan a circular rumores- Gas Natural sigue los pasos de sus antiguas compañeras de grupo. Sabemos que uno de los problemas históricos de la economía catalana es la escasa dimensión de sus empresas: perdiendo -no con un simple traslado de sede social algunas de las que están en el top 5 por dimensión es un aviso que merece ser atendido .

Esperando los datos buenos

Todo esto nos muestra que la inversión extranjera es una estadística que se debe coger con pinzas: sea porque la información es poco representativa de la realidad o porque la llegada de dinero no es necesariamente un buen indicador. Por este motivo, sería mucho más útil si el ministerio de Economía, por ejemplo, permitiera clasificar la inversión recibida en función de si es productiva (fábricas, lugares de trabajo, etc.) o si se trata de un mero un intercambio de acciones (como Abertis).

De momento, sin embargo, no es así y tendremos que seguir esperando poder disponer de estadísticas que sean lo suficientemente buenas como para saber si tenemos que aplaudir o criticar la gestión de nuestros gobernantes. Por ahora, ellos mismos no nos lo ponen nada sencillo.

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