Muriel Casals, la fuerza del diálogo

Junto con la perseverancia y el optimismo, la capacidad de construir puentes es su mejor legado

Se ha escrito mucho en los últimos años sobre cómo debía conducirse el proceso soberanista, pero a veces el ejemplo de una persona basta para saber cuál es el camino apropiado. Era el caso de Muriel Casals, a quien el infortunio se ha llevado en un momento crucial y cuya desaparición nos ha dejado con una sensación infinita de rabia, injusticia e impotencia. Para siempre quedará, sin embargo, su forma, tranquila y al mismo tiempo determinada, de explicar por qué Cataluña tenía que elegir su propio camino. Para siempre quedará su gesto afable, la sonrisa dulce, el tono de voz pausado y cercano y la mirada cristalina que la convertían en la persona ideal para encontrar puntos en común, para desatascar negociaciones, para crear el clima de confianza necesario para salir adelante. Ella hizo de la fuerza del diálogo y de la capacidad de construir puentes una manera de entender la vida que supo llevar a la práctica en su activismo. Junto con la perseverancia y un optimismo granítico, este es su mejor legado: la convicción de que no se puede vencer sin convencer, y de que las ideas pueden mover montañas.

Pero sobre todo, para la mayoría de la población siempre quedará todo el trabajo que hizo en los últimos años para, desde la presidencia de Òmnium Cultural, empujar desde la calle el gran cambio político en el que Cataluña está inmersa. Junto a Carme Forcadell constituyó un tándem infalible para desempeñar ese papel tan complejo de bisagra entre la sociedad organizada y la política institucional. Siempre supo estar en su sitio y, cuando fue necesario, dio un paso adelante para formar parte de la candidatura de Junts pel Sí. Y en el Parlamento se supo ganar, también, la estima y afecto de los adversarios políticos.

Por eso no extraña la ola de conmoción y solidaridad con la familia que ayer recorrió el país entero. Muriel Casals era ya para muchos catalanes un referente ético además de un símbolo de la lucha de un pueblo por alcanzar la libertad. "No estamos aquí para buscar un sueño, nosotros somos el sueño", dijo Casals en el Concert de la Llibertat del 2013. El tiempo dirá si su objetivo se hace realidad. Pero una cosa queda clara: si se alcanza, será a su manera. Con la fuerza del diálogo y de las ideas.

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