ENTREVISTA

Jordi Cuixart: "A Puigdemont y Junqueras no les reclamamos que sean amigos, sino que tengan sentido de estado"

El presidente de Òmnium Cultural pide a Puigdemont y Junqueras que recuperen la unidad estratégica

Jordi Cuixart (Santa Perpètua de Mogoda, 1975) desborda energía a pesar de tener que pasar entre cinco y seis días de confinamiento en la celda (23 horas) cada vez que vuelve de un permiso de 12 horas para ver a la familia. Continúa haciendo cerámica y a través del cristal del locutorio, hablando de libros, nos enseña que lleva en la bolsa el Bhagavad Gita, libro de la filosofía oriental.

Esta semana se han cumplido tres años desde su encarcelamiento y uno desde la sentencia. Empecemos por el primer aniversario. ¿Qué balance hace de estos tres años sin libertad?

Que en tres años la estrategia del Estado de fracturar la sociedad catalana para acabar con el soberanismo ha fracasado absolutamente. Han activado todos sus resortes a todo trapo: monarquía, brutalidad policial, poder judicial, Tribunal de Cuentas, diplomacia internacional, cloacas del Estado, persecución de políticos, de activistas, de artistas... todo y más. Están manipulando su estado de derecho hasta la extenuación y, a pesar de eso, aquí hay una parte muy importante de la población que sigue diciendo: "Derechos y libertades". Intentaron ulsteritzar Catalunya y fracasaron. Y eso lo tendríamos que valorar más. Que se lo hagan mirar porque su estrategia no les está funcionando.

¿Qué perspectivas tiene de salir y poder retomar una cierta normalidad?

En el corto plazo, pocas. Claro que quiero salir para poder vivir con mi familia e ir a la fábrica, pero como presidente de Òmnium Cultural la prioridad sigue siendo la resolución del conflicto político y no quiero que me debiliten sus cantos de sirenas.

Hemos visto, con el 100.2 y el tercer grado, cómo el Supremo ha cambiado las reglas del juego de una manera destacadísima y por sus intereses. Del Código Penal del enemigo, de delitos de violencia sin violencia, pasamos al reglamento penitenciario del enemigo. El Supremo se ha atribuido unas competencias que no ha tenido nunca, haciendo volar por los aires las competencias de los juzgados de vigilancia penitenciaria, de la Audiencia Provincial y el trabajo de las juntas de tratamiento de las prisiones. Un 155 al sistema penitenciario catalán. Actúan con total impunidad porque se saben incuestionables. La maniobra del Supremo y la Fiscalía para retirarnos el tercer grado y el 100.2 es inédita en la historia penitenciaria del Estado.

Ahora el TC quiere dilatar el recurso para que no podamos ir al TEDH de Estrasburgo a buscar justicia, pero tarde o temprano llegaremos. Hemos aprendido muchas cosas, también a ser tan perseverantes como pacientes.

Hay un cierto debate en el independentismo sobre el papel que juega la prisión en el Procés. Usted, por ejemplo, ha dado entrevistas a medios internacionales. ¿Sirve para este objetivo? ¿Dotarse de una cierta legitimidad moral ante la comunidad internacional?

La prisión era casi inevitable. Igual que el exilio es muy útil para internacionalizar el conflicto, también lo es poder visualizar la represión en su máximo exponente. De hecho, es un herramienta súper potente a nivel internacional para explicar la vulneración de derechos fundamentales y decirles: "Ey, yo no soy un político, soy un activista, un ciudadano de a pie y España me ha condenado a 9 años de prisión por ejercer el derecho a manifestación, derechos fundamentales". Eso es fácil explicarlo en el mundo entero y es un buen reclamo. Encerrar a tus adversarios y disidentes políticos en la cárcel es una de las señales de debilidad más grandes que puede dar un Estado, y eso las democracias consolidadas lo saben.

¿Cree que se ha llegado a normalizar la prisión y se ha perdido la indignación del principio?

Son tres años y hay mucho dolor. Hay gente que lo está pasando peor que los presos incluso, gente que lo vive con mucha frustración, es evidente. Y la situación del covid lo ha cambiado todo. Puede haber un cierto periodo de distensión, pero yo pienso que la prisión ha venido para quedarse, cuando menos por un tiempo y más si mantenemos la voluntad de seguir exigiendo al Estado que escuche las demandas de la ciudadanía. Y me sabe mal porque os aseguro que no deseo a nadie que caiga en ello, pero las amenazas de la prisión no pueden ser un límite para el ejercicio de derechos fundamentales. Si cedemos, nuestros hijos pagarán un precio muy alto.

Fijaos: 2.850 represaliados y un Tribunal de Cuentas enloquecido que quiere arruinar la vida a centenares de familias. Que nadie se equivoque, esto no se ha acabado, porque por mucho que Pedro Sánchez lo quisiera solucionar, que no es el caso, el Poder Judicial se ha erigido como salvador de la patria. El estado español sufre una triple quiebra social, económica y democrática.


També hace un año de la sentencia. Usted fue condenado a 9 años de prisión por el delito de sedición. ¿Tiene esperanzas de que la justicia europea acabe revocando esta sentencia?

De momento, lo que hemos visto hasta ahora es que aquello que es delito en España en el resto de Europa no lo es. Como precedente más inmediato tenemos la condena del TEDH en España la semana pasada, por la violencia policial en una protesta contra los recortes. El TEDH dice que se vulneró el derecho de protesta de una manifestante que quedó incapacitada por los golpes de porra en una manifestación en Valladolid. O, por ejemplo, las resoluciones de los exiliados, Valtonyc, los posicionamientos del Grupo de Detenciones Arbitrarias de las Naciones Unidas, etc. Eso nos permite ser optimistas. Nos equivocaríamos si pensáramos que la justicia europea hará que el Estado se siente a negociar en igualdad de condiciones, pero también si pensáramos que todo esto es inocuo para ellos. No lo es y todo suma.

Por otro lado, España ha negligido en la obligación de investigar la violencia del 1 de Octubre, en el marco de los tratados internacionales que ha firmado. Tres años después no ha movido ficha. Espero que España también sea condenada internacionalmente por la brutalidad del 1-O.

¿Qué opina de los pasos que ha anunciado el gobierno español para modificar el delito de sedición para que se les recorten las penas?

El delito de sedición no se tiene que reformar, se tiene que eliminar. Lo pedimos en el recurso de amparo al TC. No existe en ninguno otro ordenamiento jurídico europeo. Es un delito de concepción franquista que condena la protesta y sería impensable en cualquier democracia. Es una anomalía en el derecho internacional porque no tiene equiparación dentro de la legislación de la UE. Nosotros no entramos en cálculos de geometría parlamentaria. Eliminar este delito anacrónico sería una buena noticia, sería bueno para la democracia en todo el Estado, pero tenemos motivos para ser muy escépticos. A la vez, es evidente que no soluciona el problema de la represión ni pone el contador a cero. Para nosotros la única solución real al conflicto político pasa por la amnistía para todos los represaliados. La amnistía es la única manera que tiene el Estado de admitir que se ha equivocado, y apostamos por esta opción: hace falta una amnistía si queremos rehacer puentes con el Estado.

Sabemos que usted no ha pedido el indulto, pero ¿lo aceptaría si se lo dieran?

Lo repetimos: la única solución real al conflicto político es la amnistía. Que el Estado escoja cómo quiere empezar a resolver el conflicto: con la amnistía o con una sentencia de Estrasburgo que condene al Reino de España por vulnerar derechos humanos. O amnistía o justicia europea. En otras palabras, la espiral represiva del Estado solo se acaba con una amnistía o con una condena internacional. Creemos que si no se aplica una amnistía, el gobierno de Sánchez habrá despreciado los principales valores de un estado de derecho. Y por eso todavía confiamos en que este gobierno español apueste por la amnistía y la única vía democrática para resolver el conflicto con Catalunya. Nosotros no renunciaremos nunca ni a la autodeterminación ni a ejercer los derechos civiles y políticos, a defender a los más de 2.850 represaliados del conflicto. Jugar con cualquier otra vía por intereses presupuestarios o electorales no demuestra precisamente voluntad de negociación, de diálogo sincero para afrontar una resolución democrática de verdad.

¿Qué se tendría que hacer desde aquí más allá de la carta que le ha mandado a Pedro Sánchez?

El Parlament tendría que aprobar una propuesta de ley de amnistía para llevarla al Congreso. Así se visualizaría cuál es la propuesta de consenso catalana.

El independentismo fue incapaz de pactar una respuesta conjunta más allá de la plataforma del Tsunami Democràtic. ¿Cómo vivió ese estallido de violencia en la calle en las protestas contra la sentencia?

Viví fatal la incapacidad de nuestros representantes políticos de dar una respuesta a la altura del momento histórico. ¿Una presidenta del Parlament, un vicepresidente y consellers con penas de más de 100 años de prisión y no son capaces de consensuar una respuesta institucional digna? Hombre, ¡aquí no hay excusa que valga! ¿Y la gente qué hizo? Pues de las pocas cosas que podemos hacer, salir a la calle, y estoy muy orgulloso de las movilizaciones que se llevaron a cabo. Si una huelga no molesta, no sirve de nada. Estoy convencido de la legitimidad de la desobediencia civil y la acción no-violenta.

Preguntémonos por qué esos chicos estaban en Plaça Urquinaona y qué futuro les espera. La violencia policial todavía alimentó más la espiral de esos días. Sentencia que condenaba el ejercicio de derechos fundamentales, un 43,4% de paro juvenil en el Estado, líderes en la Unión Europea y un 38% en Catalunya (como Grecia) y no hay que justificar nada, solo dejar patente el malestar de nuestra juventud, que tiene derecho a salir a la calle sin que se los criminalice. Porque hay una violencia estructural (vivienda, paro, precariedad...) todavía mucho más condenable que se ensaña con la juventud del país.

Y desde entonces no se ha recuperado una mínima unidad en cuanto al camino a seguir. ¿Qué balance hace?

La represión persigue dividirnos, es obvio, pero más allá de la lucha anti represiva, desde la sociedad civil, donde sí hemos conseguido una unidad sólida, hay que pasar de la respuesta a la propuesta. Nuestros políticos nos tienen que explicar de manera serena, pero clara, qué piensan hacer para canalizar el clamor de la ciudadanía. Que solo se comprometan a aquello que estén dispuestos a cumplir y a asumir las consecuencias. El soberanismo tiene que seguir queriendo gustar y esto solo lo consigue cuando es creíble. Merecemos honestidad y eso también pasa por nuevos liderazgos que complementen los existentes. La política que no entiende al pueblo no es política. Òmnium estamos y estaremos siempre para buscar puntos de entendimiento y espacios de complicidad.

¿Cómo ha vivido todo el proceso que ha acabado con la inhabilitación del president Quim Torra? ¿Cree que tendría que haber desobedecido?

Muy mal, porque después de una semana parece que no haya pasado nada, y resulta que el estado español ha fulminado a un presidente de la Generalitat por una pancarta (que acabó retirando) y en plena pandemia, con todos los riesgos que esto supone para la vida de la ciudadanía. Todos los partidos de tradición catalanista tendrían que haber puesto el grito en el cielo, todos. Es un ataque a la institución, a la soberanía del pueblo de Catalunya. No podemos permitir que los poderes del Estado maltraten nuestras instituciones de este modo y la principal responsabilidad es de los partidos políticos catalanes, de todos. La gente no te trata, tú te tratas y la Generalitat y su presidencia es patrimonio de todos los catalanes. Pienso en los diputados de la primera legislatura y me pongo las manos a la cabeza. Tenemos que prestigiar las instituciones, por eso también digo que sin el autogobierno no hubiéramos llegado nunca hasta aquí.

El caso es que volvemos a estar a las puertas de unas nuevas elecciones. ¿Confía en que el independentismo, a pesar de su división, está en condiciones de superar el 50% de los votos?

Siempre hemos dicho que tenemos que ser más, cierto, pero también más determinados. El soberanismo siempre ha querido ser más, pero también necesitamos saber para hacer qué. Necesitamos una propuesta compartida, sin dejar de responder a una represión que no se para. Es imprescindible y nada justifica que se renuncie a la unidad estratégica.

El ANC dice que si se supera el 50% de los votos se tendrían que dar pasos para hacer efectiva la República. ¿Está de acuerdo?

En Òmnium siempre trabajamos para que haya propuesta, que genere el máximo consenso y que se pueda llevar a cabo, como decía, con todo el mundo dispuesto a cumplir y a asumir las consecuencias.

¿Basta con superar el 50% una sola vez o tienen que ser más?

Nos equivocaríamos como entidad si entráramos en estos debates. Nosotros somos útiles al conjunto del movimiento soberanista si somos capaces de tejer espacios de complicidad y entendimiento entre los diferentes actores, si tuviéramos una propuesta concreta no podríamos cumplir con esta función. Lo que sí decimos es que no podemos renunciar a ninguna vía, siempre que sea pacífica y democrática, y eso significa no renunciar a la lucha no-violenta incluida la desobediencia civil para ejercer el derecho a la autodeterminación... y hacerlo (y decirlo) sin estridencias y con serenidad y de manera perseverante.

¿Su presencia en la cárcel no es una prueba de que la correlación de fuerzas, al menos en cuanto a la fuerza coercitiva, está de parte del Estado?

El Estado es muy poderoso, ciertamente, pero como le decía al comienzo no ha podido cumplir sus objetivos. Por lo tanto, depende de todos y cada uno de nosotros neutralizar esta capacidad coercitiva. Esto pasa porque la prisión no sea un límite a las reivindicaciones.

¿Usted es de los que piensa que Carles Puigdemont y Oriol Junqueras no están tan lejos como parece?

Exacto, he tenido la oportunidad de hablar con los dos y, si quitas el matiz, están diciendo casi lo mismo. Cuando leemos en profundidad los libros de uno y otro, o escuchamos lo que dicen JxCat y ERC, vemos, efectivamente, que no están tan lejos. Desde Òmnium podemos certificar que cuando Junqueras tuvo el tercer grado, él y Puigdemont se pudieron reunir y hablaron, y no poco, con voluntad constructiva y honesta por todos lados e incluso más allá de estos dos partidos. Cuando el Estado fue conocedor de ello fulminó el 100.2 y el tercer grado. Tienen miedo de la unidad de acción del independentismo, del soberanismo y del catalanismo, eso solo ya da muchas pistas.

Pero no negará que la relación entre ellos dos es, cuando menos, compleja. Solo hay que leer los libros de Puigdemont.

No les reclamamos que sean amigos íntimos, sino que tengan sentido de estado. Y no digo tampoco que no tengan, pero, y desde el máximo respeto y comprensión por el sufrimiento del exilio y la prisión, les decimos que han pasado tres años y que el soberanismo tiene que volver a aspirar a las mayorías amplias y que hay que explicar a la ciudadanía las propuestas para continuar el proceso de liberación nacional.

Unos, ERC, apuestan por el diálogo con el Estado y ensanchar la base, y los otros, JxCat, por la confrontación "inteligente". ¿Para usted son dos estrategias complementarias?

Negociación, diálogo y confrontación son propuestas complementarias. Tenemos que dejar de maximizar el matiz y minimizar tanto los puntos de consenso. Sentarse con el Estado para reclamar una amnistía y una solución política pide confrontarse con unos poderes del Estado que utilizan todos los mecanismos para reprimirnos y evitar que ejerzamos el derecho a la autodeterminación. El problema es que hoy por hoy el Estado no tiene ninguna intención real. Pero si alguna vez la tiene, hacerlo con inteligencia sería más que recomendable. Inteligencia para los valientes y valor para los inteligentes.

¿Cuál sería la vía Cuixart para hacer avanzar el proceso independentista?

Es la vía Òmnium y la de Marcel Mauri, y diría que la de una gran mayoría de la gente de este país; la de los grandes consensos de país, la de las luchas compartidas, la del "Lo volveremos a hacer" y el "Mañana puedes ser tú", la de la lengua y cultura catalanas como principales elementos de cohesión social. La de la empatía y el compromiso insobornable de no dejarnos a nadie por el camino. La de no olvidar nunca que este país se ha forjado con el esfuerzo de miles de ciudadanos venidos de todas partes y que no tenemos más obligación que la de obedecer a la voz de nuestra propia conciencia.

Ahora parece que Òmnium no está tan en primer plano como hace tres años...

Nosotros estamos donde estábamos. Con campaña de denuncia contra los poderes del Estado, desde la monarquía corrupta hasta la brutalidad policial del 1 de Octubre. Hemos presentado una querella criminal contra el exjefe del Estado y estamos luchando para que Suiza le bloquee las cuentas... Nos han quemado la sede dos veces en 15 días, mientras la impunidad de estos poderes del Estado es flagrante y cotidiana. Y en una situación de crisis es obligado agradecer la confianza de los socios: cuando entré en la cárcel todavía no éramos 70.000 socios y hoy ya somos más de 183.000. Y queremos continuar siendo útiles también mediante los proyectos de cultura, lengua y cohesión social, como el el Premi d’Honor, el VOC, el Sambori, la Nit de les Lletres Catalanes... Tenemos más de 50 sedes dispersas por el territorio y todos los miembros de las juntas somos voluntarios, activistas culturales.

¿Cree que tiene que haber una mejor diferenciación entre lo que tienen que hacer las entidades civiles y los políticos?

El papel de Òmnium es muy claro y está claramente diferenciado de lo que hacen los partidos políticos, tenemos una voluntad real de incidir en el conjunto de la sociedad catalana y eso lo hacemos desde la lengua, la cultura, la cohesión y la defensa de los derechos civiles y políticos. Como nos enseñó la añorada Muriel, nosotros no somos antipartidos, entre otras cosas porque sabemos perfectamente cuál es la alternativa a los partidos políticos, que es el totalitarismo. Pero nuestro papel ha sido siempre canalizar la voz de la ciudadanía a los gobernantes y ser exigentes para conseguir que sea escuchada, tanto por los de aquí como por los de allá.

¿La pandemia ha obligado a reorientar la actividad de Òmnium? Lo que viene ahora es una crisis económica de grandes dimensiones...

Òmnium no ha reorientado su actividad porque nunca ha dejado de trabajar por la cohesión social. Lo que se ha hecho durante el coronavirus es incrementar las actividades. Tenemos el deber de volver a levantar el país como hicieron nuestros abuelos. No queremos dejar a nadie por el camino y por eso es más necesario el esfuerzo colectivo de tantas luchas compartidas, que es lo que da sentido al país que queremos construir. Hemos sacado adelante el Esprint Solidari y hemos conseguido más de medio millón de euros, hemos promovido la mayor red de solidaridad de este país con el proyecto Dona'm la mà o inyectando más de un millón de euros al proyecto de Llibreries Obertes con unos 50.000 libros vendidos... Y no nos pararemos aquí porque la pandemia no se ha ido ni mucho menos y llueve sobre mojado, estamos muy preocupados.

¿Considera que la Generalitat está gestionando bien la pandemia?

La salud es el bien más preciado a preservar, ahora ya tenemos una cierta pericia como administración y si bien es cierto que Òmnium no somos quienes tenemos que valorar las decisiones sanitarias, sí pedimos que se valore mucho la responsabilidad con la cual está actuando el sector cultural del país y que se ponga especial atención a todos los profesionales médicos, sanitarios, maestros y docentes que están luchando de una manera sobrehumana. Necesitamos una administración de la cual nos podamos sentir orgullosos y eso significa con decisiones valientes y determinadas. Salvar vidas y tener muy presente que después nos tocará salvar a familias enteras.

¿La pandemia es una oportunidad para hacer crecer la conciencia republicana?

La pandemia lo que hizo es evidenciar un Estado que actúa con herramientas del siglo XIX. Esto se ha confrontado con una sociedad civil que responde con herramientas del siglo XXI. La pandemia ha evidenciado un estado español en quiebra democrática. Es lamentable que el Estado haya utilizado la figura del monarca y haya puesto militares en las ruedas de prensa para recetar seguridad. Y que ahora resulte que sí, que la pandemia sí conoce de territorios. ¿Pero esto qué es? Esta gente juegan con vidas humanas por sus intereses políticos. La gente que paga religiosamente sus impuestos no merece este trato.

¿Cómo ha visto usted la fuga del rey emérito a los Emiratos Árabes Unidos?

Una muestra más de la decadencia de este Estado. Todo un gobierno encubriendo la fuga de una persona investigada por la Fiscalía suiza. En la sede de Òmnium, la Guardia Civil ya ha entrado dos veces llevándose de todo y no ha encontrado nunca nada, cuando en realidad donde tendrían que ir es a la Zarzuela. Es una vergüenza la connivencia del poder judicial con el rey. Se tapan las vergüenzas, dentro de unas décadas nos escandalizaremos todavía más. Por eso es tan importante cultivar el espíritu crítico a nuestros niños desde la escuela y en casa, para que no permitan situaciones como estas.

¿Cree que llegará a ser juzgado?

Una parte muy importante de la sociedad española está anestesiada. Si los gobernantes y los poderes del Estado no se sienten presionados seriamente, será imposible que lo juzguen. Nosotros estamos a la espera de que el Tribunal Supremo admita a trámite la querella criminal presentada por Òmnium, pero no tenemos casi ninguna esperanza de que se acepte, porque la persona que lo tiene que decidir es el presidente de la sala que me ha condenado a 9 años de prisión. Los poderes del Estado se protegen entre ellos, ni siquiera se puede llevar a cabo un debate parlamentario sobre su inmunidad en el Congreso. La monarquía es anacrónica, un fraude a la democracia. Confiamos en que el proceso judicial sí avance en Suiza.

¿La crisis de la monarquía española es irreversible?

Ya lo veremos, porque no sería la primera vez que los que ahora más lo aplauden lo acaben traicionando. Felipe VI es cada día más un político que solo representa a los que piensan como él. En Catalunya casi nadie le reconoce la autoridad. Esto en la época medieval no les era un problema, pero hoy sí, y él se siente amenazado y por eso actúa como actúa. No querría estar en su piel.

¿Qué confianza le inspira Pedro Sánchez?

Pedro Sánchez las ha dicho y hecho muy gordas. Dos años y cuatro meses después de llegar al gobierno todavía no ha derogado la ley mordaza. De hecho, la ha aplicado más él que el gobierno de Rajoy. Con los refugiados hizo una operación de maquillaje, trajo el Aquarius pero se negó a reubicar a 19.000 solicitantes de asilo de los campos de Grecia como se había acordado. Yo solo le veo tactismo y relato corto, no sé si podemos esperar mucho más. Ahora bien, también hay que decir que la alternativa no veo yo que fuera muy más halagadora.

¿Y Pablo Iglesias?

Mucho respeto por Pablo Iglesias, fue la primera visita cuando estaba en Soto en 2018. A pesar de las contradicciones, siempre han condenado la represión y él ahora está siendo víctima de aquel "Mañana puedes ser tú" del que ya alertamos desde Òmnium en 2018. Lo que están haciendo con su vida privada y sobre todo con la de sus hijos es una indignidad. Es honesto cuando dice que quiere solucionar el conflicto político desde el diálogo.

¿Quién es el último político español que lo ha ido a ver en la prisión?

Supongo que Pablo Iglesias. De hecho, es de los pocos que ha venido, junto con el secretario general del Partido Comunista de España, Enrique Santiago, que es un hombre a quien aprecio mucho.

¿Qué ha aprendido en la prisión?

Uf, un montón de cosas. La más importando seguro que es la fuerza interior que tenemos cada uno de nosotros y de lo que somos capaces si superamos los miedos infundados. Esto es lo que más teme el Estado y los poderosos de todo el planeta: que la gente de a pie les perdamos el miedo. Si estás bien contigo mismo es más fácil mantener las convicciones ideológicas y seguir siendo útil al movimiento y a la familia, ser feliz de una manera sana, vivir en plenitud el momento presente, a pesar de las circunstancias adversas.

¿Qué hace los días que puede salir?

Son permisos muy cortos. De hecho, ahora solo me quedan 7 días hasta que se acabe el año. Todo pasa tan deprisa que hemos aprendido a vivir cada segundo con una intensidad que cada hora parece un día. Lo más grave es que las decisiones arbitrarias del Supremo están vulnerando el derecho superior de mis hijos menores a disfrutar de su padre; a mí no me están castigando porque sigo ejerciendo de presidente de Òmnium desde la prisión, pero a mis hijos, los tribunales españoles sí los están castigando.

¿Cómo explica a sus hijos pequeños todo lo que está pasando?

Lo hemos hecho desde el primer día. Con Txell y desde muy pequeños les hemos ido verbalizando la situación adaptándola a aquello que pueden entender. Nuestra máxima prioridad siempre ha sido que no germine dentro de sus corazones ningún tipo de sentimiento ni de rabia ni de rencor contra nada ni nadie. Amat ya tiene tres años y medio y ha crecido entre vis a vises y locutorios, y Camí, uno. Les explicamos: "Hay unos señores que se equivocan y creen que papá tiene que estar en la prisión, en lugar de vivir con vosotros en casa. Pero papá no ha hecho nunca daño a nadie. Les estamos explicando que no tienen razón..." Mi madre es algo más expeditiva, lo respeto pero prefiero nuestra versión. Uri y Pol son mayores y ya lo entienden bastante.

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