Samuel Aranda: “Y me dijo: '¿No ves que necesitamos enemigos para usar las armas que fabricamos?'”

Entrevista al fotoperiodista catalán galardonado con el World Press Photo of the Year 2011

¿Cómo está el mundo?

Para los pobres, muy mal. Y para los que hacen negocio con armas o petróleo, muy bien. Hacen negocio de las desgracias. Pasan cosas que se nos escapan. Como la crisis en España. Antes una crisis era por la peste o por una guerra. Pero ahora, ¿ha pasado algo? Alguien decidió que vivíamos por encima de nuestras necesidades y que teníamos una crisis económica. ¿Y quién ha salido beneficiado? Los jóvenes bajamos la cabeza y nos vamos a trabajar fuera. Y cada vez con más miedo. El miedo es una de las grandes ganancias que han conseguido. Que tengamos miedo de los musulmanes, de quedarnos sin trabajo, de los bancos, de todo. Y con eso nos tienen cogidos.


¿Podrías poner nombres y apellidos?

He estado en Egipto. Hacen la revolución. Los jóvenes ponen los muertos. Después hacen elecciones y ganan los Hermanos Musulmanes. El ejército lleva a cabo un golpe de estado, mata a 800 personas en las protestas, y ahora el presidente electo está condenado a muerte. Los jóvenes que creían en el cambio político se unen a movimientos armados. Y luego aquí nos sorprendemos: “Oh, es que estos egipcios son árabes y pondrán una bomba en el avión”. No, señores. Se les ha prohibido tener representación política.


Túnez sí que es una historia de éxito.

Porque ahí no tenemos intereses geopolíticos. No tienen casi petróleo ni gas, y les hemos dejado hacer. Estuve ahí haciendo las fotografías y fue muy emotivo, porque ganaron los islamistas pero decidieron gobernar de la mano con los comunistas. Nos han dado una lección.


O sea que donde hay recursos naturales están los problemas.

En Libia, antes de que acabara la guerra y pudiéramos entrar en Trípoli, Repsol ya sacaba camiones con petróleo. Mira, un día lo entendí de golpe. Trabajando en el New York Times [NYT] tienes acceso a gente con un cierto nivel diplomático. Nos invitaron a una fiesta en la embajada estadounidense en Yemen. Volvíamos de una zona inestable. Los americanos, con el apoyo de Arabia Saudí, estaban bombardeando unas posiciones para matar terroristas. Lo que hicieron fue matar a un montón de civiles y destruir muchísimas casas. Decían que habían matado a 50 militantes, y cuando llegas no son 50, son dos militantes y 48 civiles. Estábamos allí, con cervezas y tal, y un hombre con perfil de servicios secretos, con una manera de hablar muy agresiva, nos empezó a preguntar qué habíamos visto. Le comentamos que los drones estaban matando a muchos civiles. Y al final el hombre se enfadó y me dijo con un inglés muy heavy: “¿No te das cuenta de que necesitamos enemigos? ¡Fabricamos muchas armas, necesitamos un lugar para utilizarlas y que siga funcionando la industria!”


Vemos una foto (01) de refugiados sirios irrumpiendo en una plaza donde hay unos turistas en las mesas. En Lesbos.

Una familia muerta de frío después de un viaje muy peligroso, y nadie les da ni un vaso de agua. ¿Cómo puedes estar en una plaza con unos amigos, bebiendo y cenando? Duele ver cómo llegan a Europa y no les ayudamos. O que la gente que les ayuda son voluntarios, como los socorristas de Badalona. Caray, ¡somos Europa!


Tú que has seguido desde Jordania a Centroeuropa este viaje de los refugiados, ¿qué conclusiones has sacado?

Es una de las historias más absurdas que he fotografiado en mi vida. Las familias que vienen de Siria, Irak o Afganistán tienen dinero, son de clase media, han vendido sus negocios. Podrían coger un avión y aparecer en Berlín o en Barcelona. Podrían ser nuestros abuelos cuando huyeron por la Guerra Civil hacia Francia por Portbou. El viaje de Turquía a Europa les cuesta unos 30.000 o 40.000 euros por familia. Suficiente dinero para venir y montar un pequeño negocio o alquilar un piso y buscarse la vida. Es absurdo, ¿por qué les hacemos hacer una travesía en barco muy peligrosa? El dinero va a mafias relacionadas con el ejército turco y no controlamos a la gente que entra. Sería mucho más fácil que vinieran con un visado temporal de dos años, mientras hay guerra. Y luego podrían volver a casa y ya está. Nadie quiere irse de su casa si está bien. Y, además, en Europa los encerramos en campos de refugiados sin que puedan trabajar. A la larga esto creará problemas.


Sobre el ébola hiciste una fotografía que fue portada del New York Times (02).

Sí, en Sierra Leona. Trabajamos toda la crisis del ébola muy cerca de Médicos Sin Fronteras [MSF], que hicieron un trabajo increíble. Nos avisaron para que fuéramos a este hospital porque no estaba recibiendo nada de ayuda de las Naciones Unidas, los infectados estaban encerrados en pabellones y la única manera que tenían de hacerles bajar la fiebre era con mangueras de agua fría, no tenían ni ibuprofeno ni nada: cero recursos. Cuando llegamos la imagen fue muy bestia. La niña seguramente tenía ébola porque sangraba por la boca y los ojos y se retorcía por el suelo. Me miraba y estaba rodeada de cuerpos. En África siempre es lo mismo: los muertos africanos son de segunda categoría. Al fondo hay otro niño, y a la derecha había otra sala llena de cadáveres. Los encerraban allí y los dejaban morir. Lo publicaron en el NYT en portada y en 48 horas la embajada estadounidense envió un montón de camiones con material. Las enfermeras nos llamaban llorando de alegría. Son los momentos en que recuerdas por qué haces este trabajo.


¿Cuánto vale hacer una foto así?

Aquí nos venden la moto de que estamos en crisis, pero luego los periódicos mandan a 3 o 4 redactores a la Copa del Mundo o tienen una producción muy grande para hacer un magacín de complementos. Lo mejor de trabajar para el NYT es que a los americanos les obsesiona la calidad. Cuando empecé con el ébola me dijeron si podía ir 15 días. Ya sabía que no serían 15 días, pero es que al final fueron ocho meses. Te vas con billete de ida y no sabes cuándo volverás. Ellos te dan todo el presupuesto que necesites para ayudantes o coches. Llegamos a coger aviones privados para entrar en la selva donde comenzó el ébola. Pero no vuelvas nunca sin una historia potente. No puedes ir a un 40%, te piden un 150%.


De este viaje debiste de volver no sé si más sabio, más triste o más cínico.

Volví con mucho odio hacia las Naciones Unidas. Es lo peor que he visto en la vida. No quiero decir palabrotas, pero no hicieron absolutamente nada. Se pasaban el día en el hotel de cinco estrellas, con conciertos de música en directo, barra libre de alcohol y prostitutas menores de edad para los jefes de estos grupos. Publicamos artículos de opinión contra ellos y tuvimos enfrentamientos directos, sobre todo con la OMS. Todo lo contrario que con MSF. El ACNUR llega a los campos de refugiados y hace la estructura, como un gran elefante. A veces se equivoca, pero nunca había visto una barbaridad como lo que la OMS hizo con el ébola.


¿Ahora todavía hay ébola?

Acabo de volver de un mes y medio en Liberia, Sierra Leona y Guinea, entrevistando personas que conocimos cuando hubo la epidemia, y ahora estaba prácticamente terminada.


Y, aquí, la World Press Photo de 2011 (03). La llamaron “La Piedad árabe”.

Son Fátima y Said, y ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en esta profesión. Fue en Yemen, un día que comenzaron a disparar contra los manifestantes. Nos refugiamos en una mezquita convertida en hospital. Había caos, muertos y gente gritando, y Fátima era la única que estaba serena, cogiendo a su hijo. Los fotografié y ya está. Sí que tuve la sensación de que la imagen estaba bien compuesta, pero en ningún momento pensé que pudiera tener este reconocimiento. De hecho, de la foto se habló después del premio. Había pasado inadvertida.


Esta foto de una persona rebuscando en un contenedor (04) es del reportaje España, austeridad y hambre.

Me tuvieron 10 meses viajando en coche por toda España, porque cuando enviaba el material me criticaban que faltaba la vertiente más rural, más intimidad con las familias, qué había pasado con las mujeres, y tenía que buscar dos o tres semanas más.


El reportaje molestó al gobierno español.

Sí, el ministro de Exteriores dijo que las fotos estaban hechas en Grecia, que los medios querían dejar a España en mal lugar por intereses, no sé cuáles.


Lo curioso es que las fotografías se publicaron poco después de una visita del rey Juan Carlos al consejo editorial del NYT para explicar la cara positiva de España.

Sí, pero fue casualidad. Hacía tiempo que trabajábamos en el reportaje. Tras la visita sí decidieron hacer un reportaje de investigación sobre la familia real. No puedo hablar por el NYT, pero supongo que recuerdan pocos casos en que un gobierno les diga qué temas deben publicar.


¿Qué define una buena foto?

Que la veas y sientas algo, que no necesites el pie de foto. Los fotoperiodistas no somos los primeros que buscamos la emoción con las imágenes. Antes lo habían hecho Picasso con el Guernica o Goya con El dos de mayo. La guerra, por desgracia, es visualmente interesante.


¿Fotografiar a los demás es una forma de poder cultural?

Hombre, más que poder te da responsabilidad, y con el tiempo vas aprendiendo a controlar la responsabilidad.


¿Las fotos buscan descubrir realidades o confirmar tópicos?

Depende de la historia. Sí que es verdad que, sobre todo en el mundo árabe, funciona mucho mejor la imagen de un tipo con barba y un Kalashnikov que una historia más personal.


¿Estás casado?

No. Ni hijos, ni novia. Por ahora, nada.


Diría que no me extraña...

Cuesta. Me gusta lo que hago. Es muy adictivo. Da miedo cuando con los años pierdes amigos, van muriendo, y ves cómo termina la gente con la que has empezado.


¿Vas al psicólogo?

No. De hecho, a menudo lo más difícil del trabajo es volver, porque es cuando empiezas a saber que tal vez estás cruzando líneas. Que ahora estás aquí y en el siguiente vuelo... Pero decidí involucrarme mucho en lo que fotografío, no es una relación profesional.

Más contenidos de