La sentencia del pato

Todo indica que la sentencia del juicio contra Francesc Homs no se hará esperar

El juicio contra Francesc Homs termina hoy, pero cuando al cabo de esta tercera jornada sea declarado visto para sentencia, ésta ya estará marchando. El presidente del tribunal, Manuel Marchena, que también es el ponente, va trabajando el borrador y tiene un equipo que va pasando en limpio los hechos.

Y, precisamente, los hechos, algo que puede resultar muy trabajoso, no revisten en este caso dificultad. Porque Homs ha asumido esos hechos fácticos –no los delitos- “e incluso algunos más”.

Y, por tanto, se pasa a máquina los hechos y el trabajo ya consiste en la calificación jurídica: incardinar el delito de prevaricación administrativa y el de desobediencia grave.

Después de terminada la vista, los siete magistrados pueden mantener en la sala contigua a la del juicio una deliberación. Y luego la tarea queda a cargo de Marchena.

La teoría penal en este juicio, por así decir, se basa en el llamado test del pato. “Si parece un pato, nada como un pato, y grazna como un pato, entonces probablemente sea un pato”.

Los magistrados, como el Tribunal Constitucional antes que ellos, el fiscal y el juez instructor aplicarán implícitamente este test para rebatir los argumentos de Homs, de su defensa y de los testigos.

En otros términos: la providencia del 4 de noviembre de 2014, como la que prohibía antes la consulta del 9-N, buscaba impedir el acto posterior de participación ciudadana del 9 al 25 de noviembre. Y el acusado hizo todas las cosas que admite haber realizado, cosas que no acataban la suspensión ordenada, y que hicieron posible cumplir el acto que no debía tener lugar.

El fiscal busca en cada declaración algún indicio, una frase al menos, para ilustrar su escrito de calificación. Indaga acerca de la “confidencialidad” de ciertos contratos que nada tienen de especial entre la administración autonómica y sus proveedores y obtiene respuestas de sentido común que carecen de morbo alguno. O intenta saber si un testigo, catedrático de Derecho, le explicó a Homs que la providencia del TC del 4 de noviembre de 2014 carecía de efectos suspensivos, a lo que éste responde con un irónico: “Esto se sabe”.

Pero esto son peanuts. Marchena tiene en la cabeza la desobediencia de Juan María Atutxa (2008), la sentencia de la que fue ponente. Escribió la sentencia que condenó a Atutxa porque incluso una actitud pasiva ante una orden, apuntó, puede derivar en desobediencia.

Todo indica que la sentencia no se hará esperar. Y la sentencia del Supremo sobre Homs es esperada como agua de mayo por el tribunal del TSJ de Cataluña que elabora la sentencia contra Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau.

Una cosa es segura: esta vez Marchena no provocará el terremoto del caso Atutxa cuando dictó un overruling (precedente judicial), apenas unos meses después de que había él mismo apoyado otro precedente: la doctrina Botín.