El interruptor democrático y el 155

La represión demuestra el desconocimiento de la realidad catalana que tiene el gobierno español

Para quien lo quiera escuchar en España -muchos no lo quieren realmente-, los catalanes han vuelto a demostrar que son un pueblo cívico. A favor o en contra de la independencia, miles de personas salieron a las calles para gritar, incluso con silencios atronadores, que la democracia y el autogobierno se han conquistado y que no se renunciará a ellos. Que la violencia nunca más será el método para solucionar la relación entre Cataluña y España. Por primera vez en la historia, Cataluña será independiente o no lo será, pero lo decidirá en las urnas y ni la represión ni los bombardeos que reclamaba Espartero cada 50 años sobre Barcelona para "mantenerla a raya" son ya un método aceptable.

Si alguien pensaba que Felipe VI sería un factor moderador, que favorecería el diálogo, que pierda cualquier esperanza

La dignidad es un motor poderoso, y la represión indiscriminada de la Policía Nacional y la Guardia Civil del domingo demuestran no sólo la ineptitud del ministro del Interior y la barbaridad de su dispositivo sino también el desconocimiento absoluto de la realidad catalana que tiene el gobierno español. Millo ha preferido actuar como cortesano que hacer una lectura valiente de la gravedad de la situación. El domingo muchos catalanes se hicieron indepes. La alarma democrática se activó. Poco a poco, con determinación, el estado español va empujando a más y más moderados a un camino de salida sin retorno. Incluso el rey se sumó. Si alguien pensaba que Felipe VI sería un factor moderador, que favorecería el diálogo, que pierda cualquier esperanza. Ayer dio luz verde al artículo 155 y en todo lo que ocurra con Rajoy. Ni una palabra de altura.