OBSERVATORIO

El gran equívoco

Rajoy jugaba a la ambigüedad i esperaba que el rey, a quien creía aleccionado, lo captase

No es fácil entender lo que pasa después de las elecciones del 20 de diciembre sin conocer una clave. Y esa clave es el gran equívoco que alimenta Mariano Rajoy. Todo empieza en la tarde del 2 de febrero a cuando el rey Felipe recibe a Rajoy, por segunda vez, y éste le dice que sigue sin contar todavía con los apoyos necesarios. Continúa, pues, en la reserva.

Rajoy cree tener aleccionado al Rey. Por ejemplo, cuando la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, pide cita para visitar a Felipe VI este rechaza recibirla. Actúa como Rajoy y el PP quieren que se comporte.

Rajoy pretende salir de la segunda ronda como lo había hecho de la primera. Sin que el Rey encargase la formación de Gobierno. Su idea era que la oposición a Sánchez del PSOE ganara peso a favor de un gobierno con el PP y Ciudadanos.

En la primera ronda, Rajoy rechaza o declina la oferta del Rey. Pero, añade, no renuncia a hacerlo más adelante.

En la segunda fase, el Rey mantiene el orden en que ya había recibido a los líderes. Y antes de volver a sentarse con Rajoy lo hace con el líder socialista Pedro Sánchez, quien le dice que está disponible.

Sánchez aprovecha que el Rey ya conoce la voluntad de Pablo Iglesias de apoyar un gobierno de coalición entre Podemos y PSOE desde la primera ronda. Ello aporta verosimilitud a la oferta de Sánchez. No parece un mero deseo.

El Rey toma nota y recibe, a continuación, a Rajoy. Que sigue sin apoyos. Pero Rajoy no le dice al rey lo que espera de él. Que aguante. Faltaba más. Rajoy jugaba a la ambigüedad y esperaba que Felipe así lo captara.

Pero el Rey no captó el mensaje o lo captó y no quiso cumplir lo que se derivaba de él, a saber, continuar en punto muerto, en una situación de bloqueo de la investidura.

Esta decisión es lo que podríamos llamar el gran equívoco, entre lo que Rajoy esperaba que el Rey hiciese y  aquello que el Rey ha decidido hacer. El PP está irritado. Con el monarca.

A partir del fracaso de Rajoy en prolongar el puerto muerto se abre una nueva fase. La cúpula del PP entiende que Rajoy ha cedido un terreno estratégico a Sánchez. Y se organiza  la contrainvestidura. Rajoy y el gobierno en funciones disparan contra los contactos que hace el líder socialista por encargo del Rey y crean una investidura virtual en paralelo a la investidura oficial de Sánchez.

Si el ruido que ha organizado Rajoy no ha tenido demasiada trascendencia es porque el PP se encuentra cada día más sepultado por la corrupción en su columna vertebral: Comunidad de Madrid y Comunidad Valenciana.

El juez Eloy Velasco anuncia el 8 de febrero pasado que ha decidido levantar parcialmente el secreto del sumario de la Operación Púnica. Ello supone un inminente tsunami: la difusión de miles de documentos y declaraciones. Afectan a la Comunidad de Madrid y a empresa públicas como Canal de Isabel II, cuya caja ha sido usada para financiar actividades de imagen de Ignacio González y de su segundo, Salvador Victoria, entre otros.

Esperanza Aguirre sabe que después del registro de la madrileña  sede de Génova, 13, el jueves 11 por parte de la UCO, la unidad de la Guardia Civil, a cargo de la investigación, el suflé va a subir. Ya no puede esperar al congreso regional. Tiene, además, preparada la dimisión en secreto de Ignacio González, con un mes de anticipación, cosa que nadie más que ella conoce. El domingo 8, pues, dimite con gesto y orgullo heroico.

El lunes 9, su lazarillo, Beltrán Gutiérrez Moliner, ex gerente del PP de Madrid, y ahora empleado suyo en Génova, es imputado por recibir fondos de Javier López Madrid, yerno del empresario Juan Miguel Villar Mir, y miembro del consejo de administración de la constructora OHL.

Y, así, llegamos al tsunami de los documentos de Púnica.