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La gran espera

Con frecuencia utilizamos términos como kafkiano y surrealista para referirnos a situaciones de la actualidad. Sin embargo, muchas veces lo verdaderamente adecuado sería utilizar un adjetivo que no existe o no se usa: buzzatiano. Evidentemente, se refiere al escritor italiano Dino Buzzati, y a su novela, publicada en 1940, El desierto de los tártaros. Buzzatiano describiría una situación radical de espera, un estado en el que uno se sume, casi siempre involuntariamente, y que le conduce a un constante aplazamiento que llega a adquirir carta de identidad. Esperamos, pero a fuerza de hacerlo, acabamos por no saber qué estamos esperando, ni a quién.

Naturalmente esto es lo que le ocurre al protagonista de la novela Giovanni Drogo, el joven militar que acude a una difusa "frontera del Norte" para defender la Fortaleza Bastiani de la inminente invasión de los tártaros. Sin embargo, lo inminente se congela y la fantasmal invasión se aplaza desesperantemente. Mientras, la vida en la fortaleza transcurre lentamente, pero los años corren más veloces que la vida y el teniente Drogo, luego capitán, va envejeciendo, sin que sus aspiraciones de gloria se cumplan. El mundo se ha reducido a la espera, y la espera se escurre en una vorágine de disolución. Y en el horizonte los tártaros, que nunca aparecen, se mantienen como la única y frágil solución.

Cuando leí El desierto de los tártaros me quedé fascinado por la fortaleza Bastiani. ¿Cómo podía ser este castillo esencial? ¿Qué forma tenia la fortificación? Desde aquel momento, en cada viaje que hacía, buscaba la fortaleza Bastiani. Buscaba su silueta, su sentido. Cada vez que me parecía verla pronto la descartaba por imperfecta. Hasta que la divisé en el lugar más imprevisto, como ocurre en estas cosas. Fue en Siria, en Palmira. Era, separada de las ruinas clásicas, el denominado Castillo Árabe. Era perfectamente desnuda y espectral, era la fortaleza Bastiani. La hice mía. No sé si aún existe el Castillo Árabe tras la guerra de Siria y la destrucción de Palmira. Quizá no. En cualquier caso, en nuestro interior sí que existe porque la fortaleza Bastiani es un estado del espíritu.

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