"Gracias a ella soy quien soy hoy"

Después de ver su imagen en el ARA, la mujer que recibe consuelo en la fotografía quiere explicar cómo Maria Major le cambió la vida

Ayer detecté que el ARA publicaba una fotografía mía para ilustrar un artículo del economista Miquel Puig bajo el título "En estat de xoc". Me gustaría haceros llegar la historia que hay detrás de la fotografía, en la que aparezco abrazando y dando un beso a la que fue mi profesora. Esta es mi historia:

Soy Hanan el Yazidi Tadmor. Llegué a España hace más de 16 años. Entonces tenía 14, que es una edad crítica en general, pero sobre todo en nuestro entorno y en una situación como la mía. Lo que suelen hacer los padres es dejar a los chicos de esta edad en casa y no apuntarlos a la escuela. Entre otros motivos, porque es imposible que puedan seguir una trayectoria de formación como se debe: les quedan apenas dos años para terminar la ESO y no saben ni el idioma del país al que acaban de llegar. En el caso de las chicas, además, porque si se quedan en casa tienen más posibilidades de casarse pronto y tener hijos (el objetivo claro es la procreación).

En mi casa, sin embargo, las cosas se dieron de otra manera gracias a mi madre, que luchó como una leona con mi abuela para que yo no tuviera el futuro que ella me tenía preparado: casarme a los 16 y tener 4 hijos. Me apuntaron a la escuela. En Marruecos era la mejor de mi clase y no quería que aquí fuera diferente. En Mataró se ofrecía el servicio de las llamadas aulas de acogida, que te introducían en la cultura y te enseñaban el idioma para facilitarte la integración, un servicio que entonces las escuelas no tenían. Así que yo iba a esta aula cada mañana, y por la tarde a la escuela normal, en las Escoles GEM.

Mi madre luchó como una leona con mi abuela para que yo no tuviera el futuro que ella me tenía preparado: casarme a los 16 y tener 4 hijos

En estas aulas de acogida encontré a una profesora, Maria Major, que es la mujer a la que abrazo en la imagen. Gracias a ella soy todo lo que soy hoy. Creyó en mi potencial, vio algo en mí que ni yo misma veía. Yo estaba desanimada porque no llegaba a coger el ritmo de mis compañeros en la escuela y veía claro que no me podría sacar la ESO porque iba muy atrasada con el idioma. Pero Maria se quedaba conmigo: "Tú puedes hacer más de lo que crees", insistía. Se quedaba fuera del horario escolar, dándome apoyo tanto educativo como emocional. Estaba ahí siempre que la necesitaba.

Y si Maria me ha marcado, no puedo decir menos de Ramon Salicrú Puig, que entonces era el director de las Escoles GEM. Por la tarde, cuando acababan las clases en la escuela, me cogía y me llevaba a su despacho. "Aquí normalmente vienen los niños castigados, pero tú vendrás a hacer deberes", me explicaba, y mientras él hacía su trabajo de director, yo me sentaba allí y hacía deberes. Él me los corregía, me decía dónde me había equivocado y cómo lo tenía que hacer para que me saliera bien, y sobre todo me animaba diciéndome que podía hacerlo mucho mejor. Y también siempre le agradeceré el esfuerzo para integrarme en el aula con los compañeros. Hacía grupos y me añadía a ellos dándome protagonismo. Como era buena en matemáticas, les decía a los compañeros: "Si tenéis algún problema se lo pedís a Hanan y ella os ayudará".

Gracias al ánimo y al apoyo de estas dos personas pude sacar adelante la ESO con un notable, pude hacer dos ciclos formativos, me saqué la carrera universitaria de empresariales, un máster en relaciones internacionales económicas, aprendí cinco idiomas y pude llegar a trabajar en una empresa multinacional como Dow Jones, donde estoy ahora mismo. Hoy presido la Asociación Intercultural Ibn Rochdi y trabajamos con jóvenes que están en la misma situación que yo entonces, haciendo refuerzo escolar, deporte, clases de idiomas y la prevención del radicalismo, para que estos alumnos sin recursos y sin Maria Major ni Ramon Salicrú tengan una oportunidad y mañana lleguen más lejos de lo que he llegado yo.

A veces no se tiene suficientemente en cuenta el trabajo de los profesores y, sobre todo, de los buenos maestros, no les damos las gracias lo suficiente por lo que hacen. Gracias por ser unos segundos padres. Gracias por estar ahí y por dejar huella en nuestra vida. Gracias, Maria y Ramon.

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