Es la hora de las ayudas y de la industria

El covid lleva a la economía catalana, basada en los servicios, a un fortísimo aumento del paro en 2020

Las cifras globales del paro del 2020 no dejan margen de duda . El incremento de personas que se han quedado sin trabajo, sumadas a las que están en un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE), deja para la economía catalana un panorama desolador que obliga a un replanteamiento global. Si desde el 2014 se había ido rebajando la cifra de parados, ahora de golpe, en diez meses, desde la irrupción del covid-19 y la consiguiente parálisis general, la tasa de parados se ha disparado hasta cerrar el año con casi medio millón de personas, un 28,21% más que el año pasado por las mismas fechas, a las cuales hay que añadir las 172.735 personas que, a pesar de que técnicamente no son parados, no trabajan porque están incluidos en un ERTE. La suma de las dos cifras nos coloca al nivel más alto de la crisis (principios del 2013) de personas con los brazos cruzados.

En términos del producto interior bruto (PIB), el batacazo también pasará a los anales económicos: según las estimaciones oficiales, la caída se situará entre el 10,5% y el 11,5%. Los sectores más afectados son los servicios, especialmente el turismo y el ocio, de los cuales la economía catalana es muy dependiente. El golpe todavía ha sido peor en las Baleares. La reflexión que se impone va en la línea de diversificar potencialidades y, en concreto, de centrar los esfuerzos en los sectores industriales, que históricamente habían sido el pilar de la economía catalana, con un crecimiento sostenido de mediados del siglo XIX a mediados del XX. De hecho, en el conjunto de Europa la industria está aguantando bien el tipo. Así pues, recuperar el impulso productivo, y basarlo en la investigación y la aportación tecnológica para aportar valor añadido, tendría que marcar el camino a seguir, cosa que no quita que los sectores ahora más tocados (turismo, ocio, inmobiliario) tengan que trabajar para recuperar el pulso, a pesar de que lo tendrán que hacer también desde nuevas bases. Entre otras cosas, porque no está claro cómo será el mundo pospandemia y hasta qué punto se recuperará la movilidad internacional. La vieja normalidad ya no volverá. De hecho, tampoco resulta nada evidente cuánto tardaremos en vencer el coronavirus, de forma que la recuperación se presenta incierta y progresiva. Pedirá mucha capacidad de adaptación, sector por sector, negocio a negocio.

En este sentido, también es crucial la agilidad y contundencia con la que la administración pública intervenga. Mientras duren las medidas de confinamiento, serán vitales las ayudas directas para evitar que bajen más persianas, así como la distribución de los fondos europeos para garantizar la recuperación. Ahora que la Unión Europea ha levantado las restricciones a la deuda y el déficit, y que el Banco Central Europeo está comprando deuda pública masivamente, no hay excusas para seguir yendo con el freno de mano puesto. Si el apoyo queda corto y llega tarde, como está pasando en el conjunto del Estado, llegará un momento en el que ya no estaremos a tiempo. Muchas empresas y negocios, sobre todo los pequeños y medianos, ya están al límite de su capacidad de resistencia: Catalunya concentra uno de cada cuatro concursos de acreedores. Hay un peligro evidente de que demasiado ERTEs se acaben convirtiendo en paro consolidado. Ahora es la hora de las ayudas y la hora de la industria.

El + vist

El + comentat