Cronología

China no pedirá perdón por Tiananmén

Treinta años después de la masacre, el gobierno aún reprime y controla a los disidentes

La noche del 3 al 4 de junio de 1989, el gobierno del Partido Comunista Chino decidió acabar contundentemente con las protestas de centenares de miles de estudiantes y de trabajadores que durante dos meses habían ocupado la plaza de Tiananmén pidiendo reformas en el país. Soldados y tanques se abrieron paso hasta la plaza y provocaron una matanza. No se ha dado nunca una cifra oficial de muertos, pero oscilarían entre las 400 y las 3.000 personas, según diferentes fuentes. Los manifestantes no se esperaban que el Ejército de Liberación Popular, que hasta aquel momento era reconocido como un ejército al servicio del pueblo, abriera fuego contra civiles.

Hoy, en China, el espíritu de apertura de la primavera de 1989 queda muy lejos. El gobierno sigue sin reconocer la masacre y todavía no ha pedido perdón a los familiares de las víctimas. El domingo, en un foro regional celebrado en Singapur, el ministro de Defensa chino, Wei Fenghe, justificaba la matanza de Tiananmén asegurando que fue una decisión política “correcta”, e insistió en que gracias a eso “China ha tenido estabilidad y desarrollo” en los últimos años. Fueron unas declaraciones atípicas, porque el gobierno chino siempre ha evitado pronunciarse sobre aquellos hechos. Y ponen en evidencia que el régimen no tiene ninguna voluntad de abrir un debate sobre el pasado.

Madres peligrosas

A pesar de que han pasado tres décadas desde la masacre, China sigue reprimiendo la disidencia y ejerciendo un control férreo de los activistas: la víspera de cada conmemoración siempre son confinados en arresto domiciliario o enviados a “vacaciones forzosas”. Es lo que le ha pasado este año a Ding Zilin, de 82 años, y fundadora del colectivo Madres de Tiananmén, conformado por 155 familiares de avanzada edad de las víctimas de la matanza. A pesar de ello, Pekín considera a las Madres de Tiananmén lo bastante peligrosas como para mantenerlas bajo arresto domiciliario y evitar, así, que hablen con la prensa extranjera. Por ejemplo, estos días han trasladado a Ding a Wuxi, a unos 1.000 kilómetros al sur de Pekín.

La ONG Defensores de los Derechos Humanos en China (CHRD) también ha denunciado la detención de decenas de activistas estas últimas semanas. El gobierno no deja pasar ningún acto subversivo, por pequeño que sea, y una prueba de ello es la condena a tres años y medio de prisión para Chen Bing. Su único delito: recordar la matanza con unas botellas de licor que tenían unas etiquetas con un dibujo del llamado hombre del tanque, el individuo que se plantó delante de los blindados del ejército y cuya imagen se convirtió en símbolo de la represión del régimen.

La presión sobre los activistas llega incluso al exterior. El ARA ha contactado con uno de los jóvenes que participaron en las protestas de la plaza de Tiananmén y que ahora vive en los Estados Unidos. Aún así, no quiere revelar su nombre y tiene miedo de las represalias contra su familia, que continúa en China. Cuenta por correo electrónico que entonces era estudiante en la Universidad Normal de Pekín, donde entró en contacto con Liu Xiaobo, el premio Nobel de la paz condenado a 11 años de prisión y quien murió en 2017. En 1986 participó junto a él en una marcha de protesta. “Muchos olvidan esta protesta, pero fue la causa de la defenestración de Hu Yaobang”, el líder del Partido Comunista que abogaba por reformas. Los homenajes por su muerte, en abril de 1989, desencadenaron las protestas de Tiananmén. Y, después, la terrible masacre.

De protestas pacíficas a muerte y represión

Decenas de miles de estudiantes, trabajadores e intelectuales empiezan una serie de protestas pacíficas en Pekín y otras ciudades chinas a favor de reformas en el país.

El gobierno chino decreta el estado de excepción y las avenidas de la capital, Pekín, se llenan de vehículos blindados y camiones cargados con centenares de soldados.

Un helicóptero militar tira octavillas sobre la plaza de Tiananmén para avisar a los manifestantes de que se vayan. Los manifestantes, sin embargo, plantan tiendas de campaña.

Miles de personas desafían al gobierno y se manifiestan en el distrito financiero de Hong Kong para pedir la apertura de un proceso democrático en China.

La noche del 3 al 4 de junio soldados y tanques se abren paso hasta la plaza de Tiananmén para desalojar a los manifestantes y perpetran una matanza.

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