El 8-M rompe fronteras: la huelga feminista se multiplica

Hay paros en países como Argentina, Chile, Bélgica y Portugal y manifestaciones en 170 lugares más

El canal de Telegram Internacional 8-M echa humo por estos días, con carteles de convocatorias en todo el mundo: de Cali a Estambul, de Bristol a Mombasa, de Helsinki a Tokio. Las feministas nicaragüenses están en campaña contra las detenciones ordenadas por el régimen de Daniel Ortega, las turcas se rebelan contra la cruzada de Erdogan en defensa de la familia, en Bangladesh miles de trabajadoras textiles hacen huelga para terminar la sobreexplotación de la que se alimentan multinacionales como H & M, Primark o Inditex. En Brasil, se conmemora a Marielle Franco, la concejala y activista por los derechos de la mujer negra y los homosexuales asesinada el año pasado tras denunciar la militarización de las favelas. En Bulgaria se alzan contra la decisión del gobierno del ultraderechista Boyko Borisov de retirarse de la convención europea para combatir la violencia sexista. Hay movilizaciones convocadas en más de 170 países. El patriarcado no entiende de fronteras, y el feminismo tampoco.

El movimiento feminista global es heterogéneo, pero a la vez pone sobre la mesa problemas comunes y construye un discurso que corre como la pólvora. La violencia contra las mujeres en todas sus formas -sexual, física, económica, política y social- inflama un grito global por la igualdad. También se avanza hacia formas de lucha comunes. Y la huelga como instrumento para hacer realidad el lema: "Si las mujeres paramos, el mundo se detiene". El año pasado, a petición del movimiento feminista, los sindicatos convocaron huelga en España, Italia y Argentina y este año se sumaron Bélgica, Alemania y Chile.

La lucha por la igualdad real

Con el lema "Ni una menos, nos queremos vivas" contra los crímenes machistas, las mujeres de Argentina plantearon en 2017 una huelga general, que tomaba como referentes la huelga de 1975 en Islandia, en la que las mujeres paralizaron el país y la de 2016 en Polonia, con un paro masivo que logró frenar el plan del gobierno de prohibir el aborto. En 2017, la mayoría de huelgas fueron simbólicas, de una o dos horas, pero el año pasado la convocatoria de 24 horas en España estableció un nuevo precedente.

"En Argentina el movimiento feminista se está organizando para impulsar la huelga en todo el país. La marea verde por el aborto seguro y gratuito continúa en la calle y sabemos que hemos hecho historia y la principal conclusión del movimiento es que los derechos se conquistan en la calle", dice Mechi Mendieta, activista de Isadora en Buenos Aires. "El 8M en Argentina está atravesado por la crisis económica que afecta sobre todo a las trabajadoras, en un país en donde la brecha salarial llega al 27%. Y será también un día de lucha contra los recortes del gobierno Macri".

Bélgica, primera experiencia

Inspirados en la experiencia española, los principales sindicatos de Bélgica han apoyado la convocatoria de huelga. Sorprendentemente, en el país no hay un recuento oficial de víctimas de la violencia de género, pero se calcula que el año pasado fueron asesinadas 38 mujeres por esta causa. La primera reunión para preparar la huelga se celebró en octubre, con una participación inédita de 150 mujeres de diferentes sectores, y desde entonces se han hecho asambleas mensuales.

En Chile, la Coordinadora Feminista 8 de Marzo también ha decidido apuntarse a la huelga laboral, estudiantil, de cuidados y de consumo. El movimiento arrancó el año pasado con un encuentro de 1.300 mujeres para acordar la plataforma reivindicativa, que recoge la lucha contra los feminicidios (el caso de Nabila Rifo, a quien su pareja arrancó los ojos, indignó el país), pero también exigen pensiones dignas, medidas contra el encarecimiento de la vivienda (un 40% en los tres últimos años) o detener los destrozos que provoca la industria extractiva.

Las mujeres portuguesas cobran, de media cada mes, 225 euros menos que los hombres y acabar con esta brecha es uno de los objetivos de la huelga impulsada por la Marcha por la Eliminación de las Violencias contra las Mujeres, que se constituyó en 2011 con cientos de organizaciones. Hoy ha obtenido el apoyo de los sindicatos de enseñanza, industria, sanidad y 'call centers' para organizar la primera huelga general feminista en la historia del país. En Alemania, varios sindicatos también se han solidarizado con la huelga, que difícilmente será masiva porque la legislación prohíbe de facto las huelgas generales y políticas, pero para el movimiento feminista la convocatoria se ve como una oportunidad para un nuevo comienzo: reivindican la gratuidad y despenalización del aborto, aseos mixtos en los edificios públicos, la abolición de los informes médicos para reconocer la transexualidad o el derecho de las refugiadas al reagrupamiento familiar.

Las italianas, indignadas con Salvini

Tener un ultraderechista como Matteo Salvini de jefe de gobierno de facto ha sometido a las italianas a una ofensiva reaccionaria que pasa, por ejemplo, por cambios en la ley del divorcio, por no hablar de los ataques a las mujeres migrantes o las trabas al aborto en forma de objeción de conciencia. El colectivo Non Una Di Meno, que reunió 250.000 personas en Roma el 24 de noviembre pasado, es uno de los impulsores de la que será la tercera convocatoria de huelga feminista consecutiva en Italia.

En Turquía no hay convocatoria de huelga propiamente, pero la idea está creciendo en el movimiento de mujeres, que protagonizó el 5 de enero un encuentro masivo, con la participación de activistas turcas y kurdas que se enfrentan al régimen "de un solo hombre" de Recep Tayyip Erdogan y su política de imponer la familia tradicional y de recorte de derechos y libertades.

Y, más allá de las huelgas, las mujeres continúan protagonizando protestas en todo el planeta con sus propias formas de lucha y de organización. El 8 de marzo del año pasado muchas saudíes salieron a correr a la calle en el histórico distrito de Jeddah, que antes les era prohibido. En la India, entre tres y cinco millones de mujeres formaron el año pasado un muro humano de 620 kilómetros para desafiar la prohibición de acceder a los templos a las mujeres en edad fértil. En noviembre del año pasado, en Marruecos, activistas feministas repartieron silbatos en la calle en una campaña para luchar contra el acoso.

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