Chile traslada los viñedos a la Patagonia por el cambio climático

La zona central del país se está volviendo cada vez más desértica

De las 3.000 hectáreas que forman el Parque Nacional Tagua Tagua, situado en la región de Los Lagos, más de 1.000 kilómetros al sur de Santiago de Chile, hay dos que se utilizan para vino. Son los viñedos de la familia Villaseñor, plantadas en la ribera del río Puelo y al lado del lago Tagua Tagua, en plena Patagonia chilena. Crecen entre árboles milenarios, volcanes y la nieve de los Andes, soportando lluvias, vientos y el frío de la zona austral del país sudamericano. Hace 15 años los enólogos de la empresa decidieron poner a prueba la adaptabilidad de diversos tipos de cepa en zonas extremas, pero lo que entonces parecía sólo un experimento, hoy se ha convertido casi en una necesidad. "Fue una decisión que cada día que pasa tiene más sentido", afirma Francisco Berrios, director comercial de Viñedos Villaseñor. "La zona central del país, tradicionalmente dedicada a la producción de vino, se está volviendo cada vez más desértica y las viñas están migrando todas hacia el sur", explica.

Con más de 800 bodegas activos, Chile se ha convertido en un nuevo referente internacional de la producción de vino. Es el cuarto productor mundial, por detrás de Francia, España e Italia, y exporta sobre todo en Brasil, en Estados Unidos, en China y en Japón. Según cifras de la asociación Vinos de Chile, que agrupa varias empresas que exportan casi el 90% de la producción, la industria vitivinícola aporta un 0,5% del PIB en la economía chilena. Cifras del Ministerio de Agricultura muestran que, en los últimos 10 años, el país ha triplicado la producción. En 2018 vendió al exterior 845 millones de litros de vino que generaron 2.000 millones de dólares.

"El futuro es el sur"

Según un estudio elaborado por científicos de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, en 2050 Santiago habrá tenido un aumento de 2,7°C de temperatura. Sus condiciones climáticas serán similares a las de Nicosia, en Chipre, con veranos muy calurosos y áridos e inviernos fríos y con pocas lluvias. Otro estudio de la Universidad Católica de Chile revela que dentro de 30 años del área apta para el crecimiento de viña quedará reducida a un 25%. "El calentamiento global nos ha estallado en la cara y ahora nos tenemos que adaptar tan rápido como podamos porque, definitivamente, el futuro es el sur", dice Berrios.

En los viñedos Villaseñor, las temperaturas de los últimos años varían entre los 16 y 20 grados de máxima y los cuatro y los nueve de mínima, con una media de entre 2.000 y 2.500mm de precipitaciones anuales. En cambio, el centro del país vive bajo los efectos de una fuerte sequía desde hace una década. "Descubrimos que la variedad específica de Pinot Noir que tenemos se adapta muy bien a las condiciones extremas de la Patagonia. La cepa es una planta que cuanto más la estresas, mejores características entrega", apunta. En este sentido, la necesidad de adaptarse al cambio climático ha provocado el surgimiento de iniciativas para guiar este proceso de ajuste. Una veintena de viñedos participan en el programa Vino, Cambio Climático y Biodiversidad que desde 2008 promueven el Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) y la Universidad Austral de Chile. Todas ellas pertenecen a la llamada zona mediterránea de Chile, la que está menos protegida por parte del Estado. El proyecto, liderado por la bióloga Olga Barbosa, pretende compatibilizar la conservación de la biodiversidad y el desarrollo de la industria vinícola.

Preservar la biodiversidad

"Está demostrado que existe una relación entre la diversidad de los microorganismos ecosistémicos y la complejidad del vino", comenta Barbosa. Una relación que -dice- se hace evidente a lo largo del proceso de elaboración: "Hay bacterias, como levaduras silvestres, que en la primera parte de la fermentación generan compuestos que otorgan unas características organolépticas a una cosecha determinada, de un sitio específico y concreto".

La científica advierte de la necesidad de preservar esa biodiversidad nativa para poder conservar "la identidad" de cada vino. Un aviso que dedica tanto a los productores que resisten las dificultades de la sequía y el cambio climático como a aquellos que han decidido explorar nuevas posibilidades en los viñedos del sur.

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