EL GEGANT ASIÀTIC

China sobresale para liderar el 2021

Xi Jinping saca pecho de la gestión de la pandemia y del éxito económico ante un Occidente en crisis

China mira al 2021 con optimismo y dispuesta a rentabilizar sus éxitos. Con la epidemia de covid-19 superada y la economía creciendo, la distribución de sus vacunas en países de Asia, África y América Latina puede ser el paso definitivo para lograr el nuevo papel que espera tener como líder mundial.

El presidente Xi Jinping lo tiene mucho más fácil que sus homólogos occidentales, que siguen inmersos en una larga crisis.

En Pekín, un pequeño rebrote de covid-19 registrado en las últimas semanas ha vuelto a activar los controles que se habían relajado ante la ausencia de casos desde hace meses. En tiendas, centros comerciales, restaurantes y locales de ocio se vuelve a exigir escanear el código de salud que toda la población lleva en el móvil y los lectores de temperatura corporal se han vuelto a activar.

Según la información oficial, se han detectado casos de contagios locales y se ha puesto en cuarentena a los contactos próximos, y siempre bajo vigilancia.

Ante el pequeño número de afectados, las alertas del gobierno municipal pueden parecer exageradas, pero no para la opinión pública china. La percepción de la población es que el gobierno actúa de manera contundente y por eso China es uno de los lugares más seguros del mundo, en contraposición con lo que pasa en el exterior, donde la epidemia se expande sin control.

Este orgullo nacional por haber conseguido superar la pandemia es uno de los grandes éxitos del gobierno. Los intentos de ocultar el brote de las autoridades locales de Wuhan, seguidos del caos en los hospitales, que sin material sanitario ni suficiente personal se colapsaron, han quedado en el olvido. Han sido sepultados por el discurso que destaca el gran esfuerzo colectivo, bajo la dirección del presidente Xi Jinping, para conseguir vencer al virus. La gesta incluso ha entrado en libros de texto y será materia de estudio en los colegios el curso que viene.

Pero no se puede negar la eficacia de la respuesta sanitaria china. Estos días la imagen de las fiestas en Wuhan, libre de virus, hablan por ellas mismas en unas fechas en las que en Europa se suspenden las diversas celebraciones de Navidad.

China fue el primer país en sufrir la pandemia y también el primero en conseguir controlarla. Precisamente este éxito ha permitido que el país reactivara la economía antes que nadie. Las exportaciones han crecido impulsadas por el colapso que se vive en el resto de las economías desarrolladas.

Prácticamente se puede decir que será la única gran potencia que cerrará el año con un aumento del PIB. El Banco Mundial prevé que la economía china crezca un 2% este año y un 7,8% en 2021.

La OCDE es todavía más optimista y eleva la cifra al 8%. Además calcula que el gigante asiático aportará un tercio del crecimiento mundial el año que viene.

El éxito sanitario y el económico hacen que China exhiba sin inhibición sus triunfos y su modelo de gobernabilidad. Una receta basada en un gobierno fuerte, que ejerce un estricto control sobre la población a cambio de seguridad, puede resultar seductora en tiempo de grandes dificultades para las democracias.

Pekín, además, marca la agenda internacional con iniciativas como la firma del tratado RCEP, que reúne a 15 países de Asia-Pacífico, 2.300 millones de personas y un tercio del PIB mundial. Además, ha cerrado finalmente un acuerdo de inversión con la UE que llevaban 7 años negociando.

También marca el paso en la lucha contra el cambio climático, puesto que se ha comprometido a lograr el pico de emisiones de CO 2 en 2030 y la neutralidad de emisiones en 2060. Es un compromiso que supondrá muchos sacrificios para China, el principal emisor de gases contaminantes, pero que obliga al resto de naciones y particularmente a la nueva administración de los Estados Unidos dirigida por Joe Biden.

Pekín se ha comprometido a que sus vacunas sean “un bien global”. Su distribución puede ser el empujón definitivo para proyectar su perfil internacional y hacer olvidar los errores cometidos con el suministro de mascarillas y material sanitario defectuoso.

Hasta ahora las farmacéuticas chinas han dado poca información, pero ya hay tres vacunas que se están probando bajo la premisa de emergencia. Sinopharm, Sinovac Biotech y CanSino Biologics ya han firmado acuerdos para distribuir más de 400 millones de dosis en los próximos meses en países de América Latina, Oriente Próximo y Asia. Los primeros candidatos son los estados donde se han realizado los ensayos clínicos, como Indonesia, Pakistán, México, Brasil o Turquía, entre otros. En China no había bastante brotes activos para probarlas.

Las vacunas son una oportunidad para que la industria farmacéutica china muestre su competencia y sus estándares de calidad. Y sobre todo, si funcionan, permitirán al gobierno demostrar su contribución a la erradicación del covid-19.

Sin embargo, en 2021 Pekín también se enfrentará a problemas. China necesita controlar su deuda y activar el consumo interno. En el exterior, las empresas chinas continuarán teniendo dificultades por su falta de transparencia y las estrechas relaciones que mantienen con el gobierno. También aumentará la presión para que se respeten los derechos humanos en Xinjiang, en el Tíbet y en Hong Kong. Y Taiwán continuará siendo un desafío en el horizonte.

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