PANDÈMIA

China tiene prisa y ya vacuna a la población

Xi Jinping quiere ganar la carrera para continuar presumiendo de su gestión contra el covid

Si el gobierno de Xi Jinping ha explotado al máximo el mensaje de que China, a diferencia de buena parte del mundo -también Europa, también los Estados Unidos-, ha conseguido controlar con éxito la expansión de la pandemia del covid-19, ahora el ejecutivo chino quiere transmitir el mismo mensaje con la vacuna. Xi Jinping quiere presumir de que Pekín también ha ganado esta carrera. Y es que, mientras en Occidente las farmacéuticas compiten por el porcentaje de efectividad de los ensayos clínicos de las diversas vacunas contra el nuevo coronavirus, en China ya han comenzado a venderlas. El gigante asiático está desarrollando once candidatos a vacuna, y cinco ya están en fase III.

Wilson se vacunó a finales de julio. Es el único extranjero de su departamento que lo ha hecho. Trabaja, desde hace dos años, en una de las empresas petroleras estatales -que prefiere no especificar-, y cuando le preguntaron si quería vacunarse, no se lo pensó dos veces. Le aseguraron que sus jefes ya se habían vacunado, y recuerda que le tranquilizó especialmente que su superior directo se fuera a vacunar junto con él. El proceso, explica, fue gratis, en las instalaciones de la empresa. Al cabo de dos semanas le suministraron la segunda dosis y asegura que no ha notado ningún efecto secundario en todo este tiempo. Wilson, de nacionalidad ecuatoriana, es uno de los muchos latinoamericanos que han viajado a China para cursar estudios de posgrado. En su caso, las prácticas terminaron convirtiéndose en un contrato en una petrolera con amplios intereses en Latinoamérica. Cree que precisamente ha sido la necesidad laboral de viajar a América del Sur lo que, rápidamente, le convirtió en un receptor de la vacuna, ya que, como detalla, no se ha suministrado todavía a todo el personal de la compañía.

Las empresas estatales consideradas estratégicas, como las del sector de la energía, han entrado en el sistema chino de "vacunación de emergencia", avalado por la Organización Mundial de la Salud y que autoriza el suministro de vacunas cuando aún están en fase de prueba. La semana pasada la farmacéutica estatal Sinopharm informó de que ya ha vacunado a un millón de personas bajo esta premisa. Y no es una empresa cualquiera: es la encargada de desarrollar dos de las cinco vacunas que están en la fase III.

Pero los límites de los "usos de emergencia" y la clasificación de "trabajadores esenciales" -los dos argumentos que, avalados por la OMS, defiende Pekín para vacunarse- son muy elásticos. Wilson forma parte de una larga lista. Se ha vacunado, sobre todo, personal sanitario seleccionado, y una de las vacunas también se ha probado en el ejército. En Pekín en algunos mercados han administrado la dosis a trabajadores que manipulan congelados -por si el producto puede ser portador del virus- y también a los conductores de autobuses, entre otros. Entre "grupos de alto riesgo" hay altos funcionarios, cargos directivos de empresas o trabajadores y estudiantes que viajan al extranjero.

La farmacéutica privada Sinovac también hace más de un mes que vacuna la población con este sistema. Los medios de comunicación se hicieron eco, de hecho, de las largas colas para vacunarse que había en algunas ciudades de la provincia de Zhejiang, aparentemente de manera libre y por unos 60 euros. En pocos días se rectificó y las autoridades quisieron dejar claro que sólo se inmuniza a grupos de riesgo. Pero los rumores que corren, al menos por Pekín, dicen que si quieres la vacuna y tienes influencia, la consigues. Inocular una vacuna que todavía está en fase experimental puede levantar críticas y generar inseguridad o rechazo en el mundo occidental, pero generalmente esto no sucede en China.

El gobierno chino no ha presentado ningún protocolo de cómo será la futura vacunación, como sí han hecho países europeos como España o Francia. Los geriátricos o las personas mayores, de momento, no han aparecido como colectivos de emergencia en ninguna publicación. Pero la realidad es que en China el covid-19 parece controlado y, por lo tanto, la efectividad de las vacunas será difícil de testar. La falta de casos es la razón por la que las farmacéuticas chinas llevan a cabo las pruebas clínicas de la fase III en el extranjero, en países como Indonesia, Pakistán, Filipinas, o Brasil.

Al contrario que sus competidores occidentales, los laboratorios chinos no han dado mucha información sobre los datos técnicos ni han hecho gala de porcentajes de eficacia. Ante los anuncios de Pfizer o Moderna, ha sido Zhong Nanshan, el principal experto en enfermedades respiratorias de China, quien ha salido a defender los productos nacionales. Ha asegurado que las vacunas chinas serán seguras, con altas tasas de eficacia, y ha destacado que se podrán producir a gran escala para permitir una vacunación efectiva a nivel mundial. En este sentido, Pekín mira de destacar su alta capacidad de producción para suministrarlas, especialmente en países en proceso de desarrollo.

Geopolítica

Y es que para China las vacunas representan una oportunidad para expandir y reforzar su influencia en el sudeste asiático, en América Latina o en África. No sólo las suministrará, también prestará el dinero para comprarlas. Facilitar el antiviral en Indonesia o en Filipinas, por ejemplo, es una manera de seducir una región con la que mantiene conflictos por la pesca y las aguas territoriales. La diplomacia de la vacuna también contrarrestaría la mala imagen que resultó del envío de mascarillas falsas y la responsabilidad de ser el país en el que se originó el primer brote, en la ciudad de Wuhan. Un relato, sin embargo, que el régimen de Xi Jinping intenta voltear esparciendo dudas y defendiendo que no se sabe dónde se originó realmente la epidemia que martiriza al mundo.

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