CRÓNICA

Coger número como en la carnicería para las pruebas del covid

Los viajeros procedentes de España pueden hacerse la prueba gratuitamente cuando llegan al aeropuerto de Roma

Para hacerte la prueba del coronavirus en el principal aeropuerto de Roma, el de Fiumicino, hay que coger un número como los de la carnicería. Antes, cuando entras en la terminal, un letrero enorme de color azul –imposible no verlo– es ya un aviso para navegantes: "Los pasajeros que en los últimos 14 días han estado en países que no son de la UE están obligados a declararlo a la policía".

Dos sanitarios vestidos con uniforme rojo que parecen de la Cruz Roja regulan el acceso de viajeros a la zona de recogida de equipajes: "Por favor, quítese las gafas", dicen a un pasajero, antes de que se ponga inmóvil ante una cámara térmica. En el vestíbulo exterior, una infinidad de carteles indican dónde está la llamada "área de tests rápidos covid-19", porque los viajeros procedentes de Francia, el Reino Unido, Holanda, Bélgica, la República Checa y, naturalmente, España están obligados a someterse a una prueba de coronavirus cuando llegan a Italia. Los que provienen de otros países tienen que hacer cuarentena directamente.

Es ahí, en la zona de tests rápidos, donde hay que coger el número como cuando vas a la carnicería. "Para preservar la intimidad del viajero", aclara el doctor Fabrizio Rossi, que se encarga de todo el dispositivo que se ha habilitado para hacer las pruebas, que no es mínimo: hay seis cubículos, cada uno con un médico y una enfermera que, parapetados con batas de plástico, mascarillas y pantallas protectoras, introducen el temido palillo en la nariz de los pasajeros para extraerles las muestras. Y al menos hay cuatro cubículos más donde administrativos teclean en el ordenador los datos del viajero y el lugar donde querría aislarse 14 días en caso de que diera positivo; porque si alguien tiene el coronavirus, se tiene que quedar en Italia: no puede salir en dos semanas.

El protocolo 

"No podemos embarcarlo en ningún avión porque infectaría al resto de pasajeros", argumenta el doctor Rossi. Eso sí, se lo sometería a una segunda prueba de coronavirus –en este caso a una PCR, que no ofrece margen de error; las que se hacen en el aeropuerto son tests de antígenos– y se lo alojaría en un hotel de manera gratuita mientras espera el resultado, que puede tardar dos o tres días. Las pruebas del aeropuerto también son gratuitas, pero solo se pueden hacer de 9 de la mañana a 6 de la tarde. Si el viajero llega antes o después, tiene que buscarse la vida en un centro sanitario o arriesgarse a que le abran una causa penal si no se somete al obligado test antes de 48 horas después de su llegada.

"¡Quinientos sesenta y siete!", exclama uno de los administrativos como si cantara los números de un bingo para llamar a un viajero y darle el resultado. Han pasado solo 30 minutos desde que le extrajeron la muestra de la nariz, así que sí, como su nombre indica, los tests, sin duda, son rápidos. El pasajero consulta el resultado y suspira aliviado: ¡negativo!

El doctor Rossi explica que los viernes, lunes y fines de semana hacen unas 800 pruebas diarias, y unas 400 el resto de días de la semana. Pocos viajeros dan positivo: solo un 1%. Todos son asintomáticos. El pasajero también puede hacerse el test por su cuenta antes de llegar a Italia, 72 horas antes como máximo, y de este modo evitar tener que estar con el corazón en un puño.

El dispositivo en Barcelona

En la terminal T1 del aeropuerto del Prat de Barcelona, los viajeros procedentes de Roma o de cualquier otro destino tienen que llenar un formulario con los datos personales y responder cuatro preguntas: ¿en los últimos 14 días ha estado con una persona con coronavirus ? ¿Ha tenido fiebre, tos o problemas para respirar? ¿Ha visitado un hospital? ¿O un mercado de animales vivos? No hay más requisitos. En el acceso a la zona de recogida de equipajes también hay cámaras térmicas.

Horaci aterrizó en el Prat el domingo procedente de la República Democrática del Congo, después de haber hecho escala en Adís Abeba (Etiopía) y Roma. En la capital italiana, asegura, no le hicieron ningún control porque estaba en tránsito, y en Barcelona, confiesa, no es consciente de haber pasado por delante de ninguna cámara térmica. Eso sí, tuvo que llenar formularios con los datos personales en Adís Abeba, Roma y Barcelona, a pesar de que no sabe qué hacen con todos estos papeles.

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