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El Colegio Electoral sella el triunfo de Biden

Los delegados ignoran las amenazas de Trump y dejan la certificación de los resultados en manos del Congreso

Manifestantes demócratas y republicanos, cara a cara el pasado sábado en Washington / A. DINNER / EUROPA PRESS

Uno a uno, todos los estados de los Estados Unidos fueron cumpliendo ayer con la liturgia del voto de los 538 delegados del Colegio Electoral para sentenciar la victoria de Joe Biden en las elecciones del 3 de noviembre. Una cita que cualquier otro año habría pasado completamente desapercibida -apenas un breve en los informativos-, pero que ayer se convirtió en un acontecimiento mediático con seguimiento minuto a minuto en todo el país norteamericano. Todo esto gracias a Donald Trump, el perdedor de las presidenciales, que ha convertido el camino hacia el 20 de enero, día de la toma de posesión de Joe Biden, en un lentísimo y penoso vía crucis de demandas fallidas ante los tribunales, lamentos y señalamientos contra aquellos funcionarios a los que responsabiliza de no actuar para evitar un fraude que no se ha producido.

El protocolo y el tono ceremonioso de las diferentes votaciones, incluso festivas en algunos casos, ofrecía un destacable contraste con la virulencia de los recurrentes ataques contra las instituciones democráticas del presidente Trump, que durante el fin de semana hizo llegar a los delegados del Colegio Electoral sus ya conocidas amenazas. A través de Twitter, el republicano apuntó que los electores “no pueden certificar legalmente sus votos como completos y correctos sin cometer un delito castigado de manera severa”. Los delegados, sin embargo, no hicieron caso de las amenazas de Trump. Por ejemplo en Michigan, donde la sesión se celebró en un Capitolio a puerta cerrada después de que se recibieran “amenazas creíbles de violencia”, según una portavoz estatal. Horas antes de la votación, Gary Eisen, congresista republicano de este estado, sugirió que podría haber violencia. Su partido lo retiró de varios comités como represalia por el comentario, pero miembros de su formación intentaron acceder al recinto para emitir sus votos a favor de Trump. Según medios locales, la policía les impidió el acceso.

Mientras tanto, y sin actos públicos en su agenda, Trump optó por el silencio durante buena parte de la jornada. Fueron sus aliados los que hablaron. Como Stephen Miller, asesor de Trump y responsable de gran parte de sus políticas antiinmigración, que señaló a la cadena Fox News que el presidente tiene todavía opciones de ganar y responsabilizó a “la presión de los corruptos medios corporativos” de las derrotas judiciales que ha encadenado Trump intentando revertir el resultado de los comicios. La última, ayer mismo en Wisconsin, donde el Tribunal Supremo de este estado rechazó un nuevo intento de la campaña de Trump de anular 220.000 votos.

Joe Biden, por su parte, se ha dirigido a los norteamericanos durante esta madrugada con una llamada clara a “pasar página” y a “unir el país”. Eso sí, sin restar gravedad a los acontecimientos de los últimos días: “En América los políticos no toman el poder, sino que es la gente quien lo concede”. El de ayer es el penúltimo peldaño para Biden antes de jurar el cargo. El último tendrá lugar el 6 de enero, cuando las dos cámaras del Congreso se reunirán en Washington para dar lectura a los votos emitidos ayer. La sesión estará presidida por el vicepresidente, Mike Pence, en calidad de presidente del Senado. Será entonces cuando, muy probablemente, se escenifiquen las últimas pataletas de los aliados de Trump del Partido Republicano, algunos de los cuales ya han anticipado que intentarán revertir hasta el final los resultados de varios estados donde Biden ha ganado. Pero la realidad es que esta posibilidad requiere de un milagro de dimensiones bíblicas, que implicaría la conversión de numerosos congresistas demócratas a repentinos seguidores de Trump.

Sin precedentes

La Constitución da al Congreso la última palabra antes del juramento del presidente electo. En 1887 se aprobó una ley según la cual los congresistas pueden objetar los resultados de cada uno de los estados. Las objeciones solo se sostienen si son firmadas por, como mínimo, un miembro de cada una de las dos cámaras. Si se da el caso, la Cámara de Representantes y el Senado se retiran a debatir durante dos horas y a votar si se anulan los resultados del estado en cuestión. Las dos tienen que votar en sintonía para que la anulación sea efectiva. Los demócratas mantienen la mayoría en la cámara baja, por lo tanto, resulta impensable un giro que permita renovar la presidencia a Trump.

Y, de hecho, no hay precedentes para la esperanza republicana. En 2005 dos demócratas consiguieron que se debatieran los resultados de Ohio, donde denunciaron irregularidades, pero la mayoría rechazó la anulación de los votos y reafirmó la victoria de George W. Bush.

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