Destinados a la tercera oleada

El retorno del virus en países como Corea del Sur o Japón anticipa un invierno muy duro en Europa

Mientras en Occidente hablamos sobre las restricciones navideñas y el toque de queda en plena pandemia, el espejo asiático (en el que tan poco nos queremos mirar) nos permite divisar una preocupante versión del futuro inmediato que nos espera, a escala local. Allá, la tercera oleada es una realidad y las autoridades de algunos países advierten que lo peor, en número de muertos y de contagios, todavía está por llegar, si no se aplican medidas excepcionales. Esto, dentro de los límites regionales, que continúan marcando una mínima fracción de los contagios y muertos que se registran aquí. Asia es la versión reducida y limitada del desastre sanitario que tiene que venir. Sus poblaciones no han sufrido el desgaste sanitario, económico, social ni psicológico que sufren los Estados Unidos o Europa, por lo cual se puede esperar que si se cumple el terrible vaticinio y la tercera oleada se instala en nuestros países con la misma virulencia –sumada a la extenuación de un personal sanitario que carga todo el peso de la pandemia– sus consecuencias sean mucho más graves de lo que lo serán en el extremo oriente.

Corea del Sur, Japón u Hong Kong, modélicos en su gestión de la primera y la segunda oleada, han retomado las restricciones ante un repunte de casos atribuido a la mala gestión, la bajada de las temperaturas y cierta relajación social alimentada por la política económica de sus gobiernos. Los datos son los peores que se han registrado desde la primavera, a pesar de que continúan siendo una mínima expresión de los occidentales, y están despertando duras críticas internas contra la gestión.

Japón, por ejemplo, ha contabilizado en todo el país 2.000 nuevos contagios al día, Corea del Sur más de 400 y Hong Kong menos de un centenar. Las cifras parecen irrisorias comparadas con los 150.000 contagios diarios en un día de los Estados Unidos, y con la administración norteamericana advirtiendo de que el país pasará por el peor invierno de su historia en términos de salud pública, pero países donde se había llegado a no registrar casos avisan de lo que todavía está por venir.

Hong Kong, que pasó durante semanas por una racha de cero contagios, ha ordenado el cierre de bares y clubes nocturnos, como lo ha hecho Corea del Sur, donde también se ha limitado el servicio de comer en restaurantes que se había flexibilizado en días anteriores, cosa que permitió el regreso del virus. En Japón, donde hace diez días se alentaba - con ayudas - el turismo interno y el consumo del sector hotelero para relanzar la economía, se reducirán estos subsidios, que llegaban a reembolsar a los consumidores hasta la mitad de sus gastos en hoteles, restaurantes y compañías aéreas. El territorio autónomo de Hong Kong también ha decidido aplazar un programa de viajes en Singapur sin cuarentena diseñado antes de la tercera oleada, y que será descartado de momento.

En el caso de Corea del Sur, la modélica gestión por la cual se había ganado las alabanzas de toda la comunidad científica, las nuevas cifras enfrían cualquier entusiasmo. En las dos últimas semanas se han registrado 60 nuevos brotes en lugares como escuelas, iglesias o bases militares, atribuidos al relajamiento de la distancia social recomendada en su día por las autoridades. Y los expertos advierten: la primera y segunda oleada estuvieron provocadas por pocos brotes muy numerosos, mientras que la actual implica numerosos brotes muy pequeños y, por lo tanto, muy difíciles de controlar.

Hay que preguntarse qué ha permitido en la disciplinada sociedad asiática –donde el control de la primera y la segunda oleada se basó en un acto voluntario de responsabilidad social– el vigoroso regreso del covid. Según las autoridades sanitarias, la clave se encuentra en la “fatiga pandémica”, el agotamiento de una población que hace meses que soporta restricciones y que progresivamente decide correr riesgos por puro cansancio. Los expertos también denuncian errores políticos que buscaban reactivar la economía, como la promoción del turismo por parte del gobierno de Tokio, que se tradujo en movilidad. Y la movilidad, como demostró el verano en España, es clave para llevar la pandemia a lugares donde nunca había penetrado. Si el extremo oriente asiático no ha conseguido escaparse de la tercera oleada, Europa se tiene que preparar para un largo invierno pandémico .

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