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Elecciones Estados Unidos 2020: dos ejércitos de abogados se preparan para disputar hasta la última papeleta

La amenaza de Trump de llevar la batalla al Tribunal Supremo completa un plan previsto desde hace meses

El candidato demócrata Joe Biden ha pedido "paciencia y contar hasta la última papeleta" cuando se ha dirigido a sus simpatizantes desde Delaware esta madrugada. Poco después, desde la Casa Blanca, Donald Trump no solo ha reclamado una victoria que todavía no es oficial, sino que, además, ha amenazado con llevar el recuento de los votos por correo al Tribunal Supremo para parar un hipotético "fraude", del cual no ha podido presentar ninguna prueba.

Con unos cuatro millones de votos todavía por contabilizar en los tres estados clave del norte industrial (Wisconsin, Michigan y Pensilvania), y centenares de miles en Georgia, la estrategia que los dos campos –republicanos y demócratas– han ido preparando en caso de que no hubiera un resultado claro al final de la noche electoral cobra toda la relevancia. Hace meses que dos ejércitos de abogados se preparan para hacer frente a esta eventualidad.

El momento decisivo parece que ha llegado, asumiendo la hipótesis que el voto por correo sea mayoritariamente demócrata, y pasa lo mismo con los llamados votos ausentes, los emite alguien que no puede o no quiere asistir al colegio electoral oficial al cual está asignado normalmente. Para evitar que estos votos sumen y crear confusión y dudas, Trump juega con la asunción que los votos por correo y los ausentes no necesariamente tienen que ser correctos.  

Hasta la jornada de ayer, los respectivos equipos legales ya han litigado sobre los plazos del voto por correo, la validez de las firmas, el tipo de sobre, las características de los colegios electorales y otras circunstancias relativas a problemas derivados de las dificultades añadidas por la pandemia. En total, aproximadamente 300 demandas en decenas de estados de todo el país han comportado cambios en los procedimientos habituales. Es lo que Trump quiere disputar. Por ejemplo, el caso de Pensilvania, que permite recibir votos hasta viernes como parte del procedimiento legal establecido y que tienen que ser contabilizados.  

Cerrados los centros de votación, el terreno de juego puede ser el de los tribunales, pues, y eventualmente el Supremo,  donde los jueces conservadores tienen una ventaja de seis a tres después de que Trump consiguiera hace diez días la nominación de la conservadora Amy Coney Barrett, que sustituía la progresista  Ruth Bader Ginsburg, muerta el 19 de septiembre. 

"Hace más de un año que los republicanos nos estamos preparando para esto", declaraba hace unas semanas a la agencia Associated Press el consejero en jefe del comité nacional republicano, Justin Riemer. "Hemos estado trabajando durante la campaña en nuestra estrategia de preparación de recuentos, en las operaciones del día de las elecciones y en nuestra estrategia de litigios".

Biden, a su vez, cuenta también con centenares de abogados dirigidos por Walter Dellinger, procurador general de la administración Clinton, y Donald Verrilli, procurador general del presidente Barack Obama. Trabajan una estrategia centrada al proteger los derechos de los votantes que han soportado largas filas ante los colegios electorales de todo el país creyendo que las elecciones presidenciales serían decididas por sus papeletas.

El recuerdo de Florida 2000

En el recuerdo de todo el mundo, además, está la experiencia de las elecciones del año 2000, que finalmente decidió el Tribunal Supremo a favor de George W. Bush contra Al Gore, por la diferencia de tan solo de 537 votos del estado de Florida.

Uno de los hombres clave de Trump en toda la estrategia es  Jay Sekulow, abogado del presidente durante el proceso de impeachment, ariete ultrareligioso de la guerra cultural del trumpisme contra las mujeres y los derechos del colectivo LGBT, y que también fue defensor en la investigación de interferencia rusa. Sekulow es un litigante muy experimentado ante el Tribunal Supremo. 

En cualquier caso, pase lo que pase en las próximas horas y días, en función del recuento y de los resultados de los estados mencionados, y de los posibles litigios, hay un calendario estricto que se tiene que seguir para garantizar que un presidente jure el cargo el 20 de enero. Los miembros del colegio electoral se reúnen en sus estados respectivos el 14 de diciembre para votar al presidente y al vicepresidente, y la decisión será sellada por una sesión conjunta del Congreso el 6 de enero.

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