ASIA

El Everest, el vertedero de basura más alto del mundo

El cambio climático hace aflorar toneladas de residuos y decenas de cadáveres de alpinistas

La montaña más alta del mundo, el Everest, situada en la cordillera del Himalaya, está perdiendo su belleza a causa de la acumulación de basura. Bombonas de oxígeno, tiendas de campaña, escaleras, latas, envolturas y montañas de porquería humana se han convertido en protagonistas de un paisaje donde debería reinar el blanco impoluto de la nieve. “Tras debatirlo con los sherpas alpinistas, se calcula que hay unas 50 toneladas de residuos sólo en el Everest”, informa a ARA Ganga Ram Pant, portavoz de la Asociación de Montañeros de Nepal.

Los alpinistas hace décadas que tiran basura en la montaña, pero la densa nieve camuflaba el desastre. Ahora, con el cambio climático, las capas de hielo se están deshaciendo y dejan a la vista la basura que se ha acumulado durante todos estos años. Pero la basura no es la única realidad que está aflorando a causa del deshielo: también han aparecido centenares de cadáveres humanos que no consiguieron superar las duras condiciones del entorno. Se calcula que más de 300 cuerpos continúan enterrados bajo el hielo de la montaña.

“El problema con la basura se explica básicamente por el débil sistema de monitorización del gobierno y los bajos valores éticos de los mismos alpinistas”, comenta Ganga Ram Pant.

Para solucionar el problema, algunas asociaciones de montañeros, junto con el Gobierno, han decidido llevar a cabo una expedición con el objetivo de retirar 10.000 kilos de basura de la cima más alta del mundo. No es la primera campaña que se lleva a cabo para retirar residuos de la montaña, pero sí la más ambiciosa de la historia. “La Asociación de Montañeros de Nepal y otros clubs vinculados al alpinismo colaboran en campañas de limpieza como mínimo una vez al año”, dice Ganga Ram Pant.

Montañeros irresponsables

Nepal aprobó una ley que obliga a todos los aventureros que quieran subir la montaña a volver con un mínimo de 8 kilos de basura, pero el resultado no ha sido el esperado: “A causa de las condiciones extremas y el cansancio, los montañeros olvidan la responsabilidad y piensan solo en sí mismos y su vida”. A pesar de ello, la Asociación de Montañeros de Nepal cree que la conciencia de los turistas está cambiando: “Ahora la mayoría de escaladores cargan la basura hasta el pie de la montaña. La situación está evolucionando hacia un turismo más responsable y con más comprensión del entorno”.

“Si en el Everest se sigue acumulando basura, ya nunca más será el Everest”, lamenta el portavoz de la organización de montañeros. “Es propiedad de los amantes de la montaña de todo el mundo y, además, una industria muy importante de ganar dinero para el Gobierno nepalés. Tantos los montañeros como el ejecutivo deben actuar para salvar el entorno natural del Everest y el Himalaya”, reclama.

“Se han experimentado condiciones meteorológicas repentinas e imprevistas”, afirma Ganga Ram Pant. El entorno de la montaña más alta del mundo ha cambiado radicalmente en las últimas décadas a causa de la intervención humana. Según un estudio publicado en 2015, en lo que queda de siglo desaparecerán entre un 70% y un 99% de los glaciares que hay en el Himalaya.

Desde el terreno, Ganga Ram Pant explica que “la nieve está cada vez en cotas más altas”. Y siguiendo la nieve, cambia la vegetación y también se desplazan los animales que buscan mantener las mismas condiciones climáticas que les han permitido prosperar durante siglos. Los cambios están dibujando un entorno hostil que dificulta que la vida se abra paso: “Ha aumentado la frecuencia de aludes y los lagos de los glaciares son cada vez más grandes”, lo que impide el desplazamiento de los animales. Donde antes había hielo, ahora solamente queda agua.

El portavoz se dirige a los turistas que quieran visitar el Everest y pide que “respeten la naturaleza” y que contribuyan a salvarla. Es necesario si se quiere conservar una de las experiencias más bonitas e inolvidables del mundo: “La aventura del Himalaya nepalés”, concluye.

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