"Hombre y mujer los creó": la guía del Vaticano sobre el debate de género en las escuelas

El texto pretende orientar a los docentes en lo que considera una "emergencia educativa"

El Vaticano ha entrado de lleno en el debate sobre el género ante el reconocimiento social y legal en algunos países de identidades de género fluidas. La Iglesia católica ha editado un documento titulado ‘Hombre y mujer los creó’ que será enviado a las escuelas católicas de todo el mundo para afrontar lo que consideran una "emergencia educativa". El texto rechaza rotundamente que las personas puedan tener una identidad de género diferente a la de su sexo biológico.

El documento, publicado por el Departamento de Educación Superior de la Iglesia Católica, recoge las posiciones expresadas por el papa Francisco y se ha editado para ayudar a los docentes a contrarrestar las ideas que "niegan la diferencia natural entre el hombre y la mujer". Defiende que "la complementariedad de los dos sexos responde al diseño de Dios en la vocación recta de cada uno". Y asegura que "la ideología de género pretende responder a aspiraciones a veces comprensibles, pero quiere imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños".

El Vaticano asume que "la misión educativa afronta el reto" de la ideología de género que "niega la diferencia y la reciprocidad natural entre el hombre y la mujer, presenta una sociedad sin diferencias de género y vacía el fundamento antropológico de la familia promoviendo una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer".

El texto defiende el derecho del niño a "crecer en una familia con un padre y una madre capaces de crear un ambiente idóneo para su desarrollo y madurez afectiva y seguir madurando en relación, en confrontación con lo que es la masculinidad y la feminidad de un padre y una madre".

Citando a la Congregación para la Doctrina de la Fe, establece que "verdaderamente en el sexo radican las notas características que constituyen las personas como hombres y mujeres en el terreno biológico, psicológico y espiritual, teniendo así buena parte de su evolución individual y de su inserción en la sociedad". 

También considera el debate un ejemplo de la "liquidez posmoderna", fundamentada en "una mal entendida libertad de sentir y de querer, más que en la verdad del ser; en un deseo momentáneo del impulso emocional y en la voluntad individual".

El texto no aporta muchas novedades sobre la visión tradicional de la enseñanza católica con respecto a las diferencias biológicas intrínsecas entre el hombre y la mujer. Pero para muchos es una jarra de agua fría después de la imagen de apertura que el papa Francisco había promovido cuando pronunció la célebre "Quién soy yo para juzgarlo", cuando en 2013 le preguntaron por un clérigo que se había reconocido como homosexual. En 2016, el Papa explicó que se había reunido con un español transgénero que había sido rechazado por su cura y declaró que "hay que acompañar a la gente". El documento, sin embargo, no va más allá de constatar que "nadie debe sufrir acoso, violencia o insultos" e instar a los docentes a acompañar de manera discreta a los jóvenes que puedan estar sufriendo "situaciones dolorosas".

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