Biden destrona a Trump

El demócrata será el 46 presidente de la historia de los EE.UU. y deja al republicano con un solo mandato

El candidato a la presidencia demócrata de los Estados Unidos y exvicepresidente Joe Biden saluda en un mitin de campaña en el Lexington Technology Park en Pittsburgh, Pensilvania, EE.UU., el 2 de noviembre / KEVIN LAMARQUE/ REUTERS

Si un día le preguntan dónde estaba cuando Joe Biden ganó las elecciones, Donald Trump responderá que él no perdió y que, en todo caso, se enteró mientras jugaba al golf en su club de Virginia. Resulta grotesco y tragicómico que el presidente, que está denunciando un fraude electoral colosal para justificar su derrota, decidiese que su primera salida de la Casa Blanca desde el día de las elecciones fuera para jugar al golf. De camino de Washington al club, el mandatario tuiteó: "¡He ganado de mucho las elecciones!"

Cincuenta minutos más tarde, los hechos y el proceso democrático lo desmintieron de la manera más contundente: los principales medios de comunicación concedían a Joe Biden la victoria en Pensilvania. 20 votos del colegio electoral que liberaron la tensión acumulada durante cuatro días interminables de recuento. Suficiente para que el demócrata se asegurase ser el presidente electo de los Estados Unidos, el 20 de enero. Será el más anciano en asumir el cargo. 

El silencio tenso de la espera se rompió en Washington a media mañana, a las seis y media de la tarde en Catalunya. El sonido de los cláxones y los gritos de euforia desde las ventanas pregonaban el principio del fin de una pesadilla para cerca de 75 millones de votantes y el desconcierto y el drama para otros 70 millones. Los primeros consiguieron que Joe Biden fuera el candidato presidencial más votado de la historia de los Estados Unidos. Los segundos, los que tenían la esperanza de tener cuatro años más de Donald Trump, le dieron al republicano el segundo lugar en términos históricos. Trump, que ha gobernado con la obsesión de borrar el legado legislativo de su predecesor, Barack Obama, acabará su mandato con más apoyo del que tuvo nunca el primero afroamericano que llegó a la presidencia. Irónicamente, solo le sirve para haber sido derrotado por quien fue el presidente de Obama. 

Kamala Harris se convertirá en la primera mujer vicepresidenta. Será también la primera negra y la primera asiático-americana (su madre nació en la India) en ocupar el cargo. Douglas Emhoff, su marido, será el primero segundo caballero. 

Joe Biden emitió un comunicado en el que dice que se siente "honorado" de haber sido escogido como 46 presidente de los Estados Unidos. En un mensaje conciliador, congruente con el tono de una campaña en la que ha insistido en la necesidad de "curar el alma del país", Biden ha subrayado que "es hora de dejar atrás la ira y la retórica dura y de unirnos como nación". El demócrata, que cumplirá 78 años el 20 de noviembre, ha logrado la presidencia exactamente 48 años después de su victoria en el Senado. Joe Biden culmina así medio siglo de carrera política como el hombre más poderoso del mundo. Es la tercera vez que lo intentaba. Trump, por ahora, no le reconoce el honor. 

Joe Biden no ha barrido a Donald Trump como habían augurado las encuestas, a pesar de que en voto popular lo supera por más de cuatro millones de votos. No ha sido tanto por demérito del demócrata como por la solidez y la amplitud del apoyo al republicano, una realidad que escapó al radar de las empresas demoscópicas. Pero el mapa electoral supone un gran mérito para el veterano político: ha conseguido recuperar Michigan, Wisconsin y Pensilvania, el cinturón industrial que Trump se llevó en 2016 con promesas de recuperar la grandeza industrial y que históricamente había votado demócrata. Además, irrumpe en un sur conservador, en Arizona y Georgia. Si certifica Georgia será el primer demócrata que gana aquí desde Bill Clinton. Este estado tiene una larga historia de supresión del voto que afecta especialmente a la minoría afroamericana. 

El éxito de Biden es también el del establishment del Partido Demócrata, que se quita así la espina de la inesperada derrota de Hillary Clinton de hace cuatro años. Pero la presidencia no habría sido posible sin el factor de odio a Donald Trump y la cooperación del ala más progresista del partido, encabezada por el senador Bernie Sanders, que ha hecho todo lo que ha podido para hacer subir a Joe Biden. Hoy toca celebrarlo, como han hecho miles de personas en las calles de Washington, y también en Nueva York, Filadelfia y otras grandes ciudades. Pero hay que esperar que, con la conclusión del proceso electoral, la izquierda demócrata quiera influencia en la Casa Blanca.

El presidente electo tendrá que hacer equilibrismos para mantener la unidad de un partido extremadamente heterogéneo, con muchas agendas simultáneas y que, durante la campaña, ha buscado los votos republicanos desencantados con un discurso de moderación programática. El alcance legislativo de Joe Biden dependerá, además, en buena parte, de cómo quede el Senado. Los republicanos tienen más cerca que los demócratas el control de la cámara alta, donde, por ejemplo, se votarán los principales cargos de la nueva administración Biden. 

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